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22 September Un poema de Martín López-Vega
El poeta Martín López-Vega, flamante editor español de Vaso Roto Ediciones, reconoce a Carlos B. Alegría en una entrevista imaginaria que el viaje que más honda huella le dejó fue a Celorio: llovía a mares, era la primera vez que se escapaba de la casa, aquella tarde oscureció prontísimo... Da igual. El poema inédito es un regalo.
INTERVALOS DE QUINTAS
La ventana abierta al Trastevere, afinas las cuerdas del violín. Me gusta ver cómo lo haces, el cuidado con el que buscas la nota exacta, pues es lo mismo que haces conmigo cada vez que nos encontramos
--cuatro cuerdas: tensando la angustia suenan las dulces notas de la calma. Acariciando la melancolía afinas el presente. El dolor y la incertidumbre sustituidos por la calma y el placer a intervalos de quintas.
Tocas viejas melodías sefarditas. Quién sabe si acaso no es la primera vez que suenan aquí: al fin y al cabo este era el barrio judío, y nuestra casa lleva en pie desde el siglo XV.
Tú tocas y yo leo en el cuarto de al lado, egoísta por un instante, pienso: ¿dónde está todo lo que era yo? ¿Qué fue de las arañas que me habitaban, qué de los hondos charcos oscuros?
Pienso: gracias, amor, por hacerme creer que también yo puedo llegar a ser esto, en la tarde de agosto límpida luz de música.
Su blog, Yo, etc., se encuentra al día de hoy casi borrado y como ausente...
29 May Tocamientos
Ojo con esta chica, Elizabeth Garay Ordóñez. Con solamente diecisiete añitos (cumplirá dieciocho la semana que viene), ya le siguen los pasos Hiperior y Visón. Su primer libro, "Tócame las tetas antes de que nos pille mi madre", será premio Adonais de este año. Y si no, al tiempo.
TOCAMIENTO 8
Braulio es mi héroe.
Se sube a las farolas a cogerme una estrella, me da a fumar de su polla con cuidado, cuando está pequeñita y no sabe el pobre con ella qué hacer.
Braulio es mi héroe, jolín. También Rodrigo y Lucía me hacen tilín.
TOCAMIENTO 15
Zacarías el viejo me enseña su cosa nauseabunda.
No temas, me dice poco después de acabar.
¿Es esto la vida? ¿Una sucesión infinita de peligros y peligros y peligros y besos?
Snif.
Los textos se reproducen con el consentimiento paterno, supongo que falsificado previamente por la menor.
17 April Dos poemas de Rafael Saravia
Al poeta Rafael Saravia, amén de editor y fotógrafo y marqués de vete tú a saber dónde, le crece la barba con plenitud solamente los días impares: hoy no le toca. Y puestos a sacar trapos sucios a relucir, no le gustan apenas las galletas tostadas... ¿Por qué?
DESCANSEN EN PAZ
Al final de esta reserva, donde los prelados del verso hinchen sus genitales articulados, y las falanges y los pezones choquen en ritmo anfíbraco hasta desbordar de tinta los virginales pliegos del honor.
Al final del lugar donde no-ocupar supone lo atroz del vocablo pronunciado y el estertor cobra importancia por la ausencia de melodía.
Al final del prisma, del cubículo invertido que nos hacina en lo convulso del mercado.
Al final del pronunciamiento mayor, después si cabe del silencio erigido orgasmo.
Al final de todo y sobre todo, pronunciaremos la primera de las nuevas palabras que nacerán para definir el porvenir innombrable.
Será un reducto amargo y espeso que se abrirá camino en la esquirla dentada del tiempo.
Sabrá estar sin necesidad de su propio concepto y asumirá el vacío como origen del llanto natal.
Luego, más tarde, volveremos sin escrúpulos empapados de leteo y pringando nuevas voces y llantos.
Volveremos con la certidumbre del que ha olvidado hasta el olvido mismo.
(Poema inédito)
CARTA DE HUMBERT NABOKOV A DOLORES EVSEVNA SLONIM
Mi querida: Sería como encontrarnos en un pequeño rinconcito. Tú, andarías deshaciendo los pasos que yo, intuitivamente, te habría calzado en estos meses. Haríamos, prudentes, los gestos heredados en anteriores campañas; jugaríamos a ganar cortésmente, suponiendo de cada trazo un movimiento alto, dirigido, curtido de tiempo y reprobados ensayos.
Ser expertos es lo que importaría, el hecho sería un desahogo en nuestras referencias; así sería el pacto. Tu castidad abierta, mi lujuria controlada, los roces exactos, un toque de equilibrista en cada curva acentuada con aliento y yemas... El rincón sería, sin duda, un aliciente a la destreza, y la mirada, nuestra campanilla de principio y fin. Así sería, lo sé. De otra forma él y tú no aceptaríais nunca este camino.
(Poema de “Desprovisto de esencias”. Renacimiento, 2008)
www.rafaelsaravia.es www.versosalacarta.blogspot.com
10 March De abrumadora soledad cautivo
Tubí o no tubí, Félix Fernández López sabe conjugar el verbo teatro de muy sabias y diversas maneras. Vale, teatro no es verbo ninguno sino una casa pintada de azul repleta de títeres junto con un par de sacamuelas adormilados en la camba (sic)... Grosso modo, el poema se le sube a la parra y le da los buenos días cuando tiene más sed. Caray con el poema...
DE ABRUMADORA SOLEDAD CAUTIVO *
II
Mi corazón busca la palabra morir, para estudiar su raíz de infinitivo y convertirla en el jardín sombrío. Un jardín bordeado de ortigas en pie de guerra, de zarzas amenazantes como besos de cuchillo. Un jardín despiadado para sembrar en desorden macizos de plegarias infames, yerros inefables color esmeralda, cobijas de viejas penas del alma, parterres de sentimientos robados, voces de hileras de plata, sílabas que no aprendieron nada, ni a resumir gestos ni a compendiar mohínes de manos amadas. Trazo en el jardín una pérgola en sus flancos atacada de húmedas espesuras, coronada de líquenes en desbandada, alfombrada con palabras terribles, tumbadas, palabras que no dicen y sin decir lo que saben nunca callan.
III
Un río me es el corazón y apaga encendidas tolvaneras, arrebola los cantuesos de moradito, y la blancura de jaras floridas, y persigue infatigable la vida, que habita cada vez más lejos, en el revés de las arengas, donde obran las hormigas, donde yace el pensamiento, donde la distancia vibra.
Mi corazón, en fin, es un río curtido de caricias, alejándose siempre por cauces de días, entre choques y murmullos embutidos en libros y sillones, forrados de cansancios amarillos. Un río, un río, un río y se esparce en garabatos, entre deshilados meandros, de abrumadora soledad cautivo.
* Esclavo de la ineditud que es uno, la primera parte del poema tendrás que leerla aquí.
24 February Tres poemas
Así como hay poetas que escriben con la cabeza, también están los que lo hacen con los pies, hasta incluso algunos se atreven con las manos. Esperanza Medina, no. Escribe la mayoría de sus textos con el corazón, así de fácil. "Armadura de azúcar", de donde proceden los poemas, en breve será su tercer libro.
Me gusta saborear el tiempo que derrocho, a manos llenas, no escatimar nada, amanecer sin prisa en tu domingo, respirar de puntillas la mañana, ver tu aspecto de niño abandonado en el sueño indefenso de mi cama.
Me gusta (y me alimenta) ser yo misma, esos momentos en que no busco nada, sola, completa, libre, definida, capaz de dar y darme sin coartada. Y vuelvo, siendo más de lo que era, al hueco que dejara en tu almohada.
Al final, allí donde no hay más, no llegan las palabras que me dices.
Se alargan las barreras, infinitas, sabedoras del precipicio inmenso al que se entregan. Es eterna la nada, es eterno el olvido, eterno su dolor, inacabable.
Al final, allí donde no hay más, se quedan tus palabras inmóviles, vacías, mojadas por mis lágrimas.
GRIS
Especialmente azul está la vida esta mañana gris que me levanta, no trates de cambiar tanta mentira, no trates de cambiarla.
Dulce como la miel está esta tarde la mar donde te bañas, necesita mi piel yodo y salitre, no trates de engañarla.
Frío como el metal, agudo, hiriente. me llega ese te quiero, déjame descansar en el vacío, no trates de esconderlo.
30 January Un poema de Jordi Doce
Carlos B. Alegría no se cansa de repetir en Ferias y Congresos del ramo que la poesía estupenda tiene contados los días. Pues bien, para llevarle la contraria viene a cuento el poema inédito de Jordi Doce que sigue. Tú me dirás.
APARICIÓN
Esto que brilla en el cuaderno es lo que nunca amanecía, lo que no tuvo sol para amanecer. Y vas lento por la casa, rozando los muebles, musitando trenos insistentes, cifra de lo que antes ignorabas. Hay nueva materia en este mundo. Lo que no era ya es. Tampoco importa, sólo unos pocos lo sabrán (y sí, queremos esa ingravidez para lo menudo, la bolsa amniótica, la protección). No obstante brilla, está brillando. Desnuda y obscenamente resplandece. Constelación de indicios, semillas a voleo que forman grumos de sentido y desmentidos, vidrios o veladuras por donde sombras de nadie se pasean. Collar de muchos centros o ninguno, en su lugar no hay tiempo, su tiempo no ha lugar.
Eres irresponsable en tu inquietud, tu presidencia de eso que ya despunta. Y miras, lo miras, sales tangente de su arco igual que un asteroide, materia ardida por un nuevo sol.
13 December Historias de bastardos
Pepe Pereza se viste de niño otra vez.
HISTORIAS DE BASTARDOS
Yo estaba sentado en el jardín de mi casa cuando lo vi llegar con la escopeta al hombro y acompañado de sus tres galgos. Era el hijo mayor de Manuel, uno de nuestros vecinos del barrio. Como buen cazador salía casi todas las tardes con su escopeta y sus galgos. Esa tarde le seguían algunos niños y cuando cruzó por delante de donde yo estaba, vi que arrastraba dos bastardos muertos de unos tres o cuatro metros de longitud. La visión de aquellas culebras me heló la sangre. No podía imaginarme que las hubiera tan largas. Algunas veces, nosotros nos habíamos encontrado con pieles secas por el campo, pero nunca de esa longitud. Pensar que por los alrededores podría haber semejantes bestias me hizo sentir angustia y miedo. Recordé las historias que contaban los viejos sobre los bastardos que entraban en las casa de las madres recientes y, en la oscuridad de la noche y mientras la madre dormía, el bastardo se arrastraba hasta su cama y mamaba de sus pechos. Los viejos contaban que para atraparlos había que echar harina por el suelo de la casa, así el bastardo al arrastrarse se delataba dejando su huellas. Recordé también aquella historia que mi madre nos había contado alguna vez a mi hermana y a mí. Una historia real, según ella. Resulta que en el pueblo había un pastor que durante sus estancias en la dehesa entabló una especie de relación con un gran y viejo bastardo. Cuando el pastor silbaba de una manera particular, el bastardo salía de su escondrijo para reunirse con él. El pastor le dejaba un tazón de leche que la culebra bebía de inmediato, después regresaba a su agujero. El pastor se fue a cumplir con el servicio militar. En uno de los permisos regresó al pueblo acompañado de un soldado con el que hizo amistad. En un paseo por la dehesa, el pastor le contó a su amigo su relación con el bastardo y para demostrárselo silbó de aquella manera particular. El bastardo acudió al silbido pero como no había tazón de leche atacó a ambos. Recordé lo que contaban sobre los ataques de los bastardos, que clavaban la cabeza en el suelo y utilizaban la cola como si fuera un látigo. Me estremecí solo de pensarlo. Podía escuchar la voz de mi abuelo contándome eso de que a los bastardos muy viejos les crecía pelo en la nuca… Se me puso la piel de gallina y una especie de incertidumbre agitó todo mi cuerpo. Creí escuchar un crepitar de hojas entre las plantas del jardín. Tuve miedo de que un bastardo me estuviese acechando y entré en casa aterrado.
-¿Qué te pasa? – Dijo mi madre al verme en esas condiciones. -Nada. -Estás pálido. -No me pasa nada. -A ver si todavía tienes fiebre…
Me puso la mano en la frente y la mantuvo ahí durante unos segundos.
-…Fiebre no tienes… ¿no te habrá sentado mal algo que has comido? -No sé.
No quise decirle que lo que tenía era miedo. Miedo de los bastardos. Si se lo hubiera dicho, estoy seguro de que se hubiera reído de mí.
De su libro inédito " Los colores de la infancia".
22 November Un poema de amor
Que le sentó estupendamente el peculiar Camino de Santiago a M. J. Romero se nota a la legua. Casi al final de su viaje hizo amistad con un vendedor de caballos pequeñito y con una lectora empedernida de Matilde Asensi. Se diría que de la crisis no se salva ni la fe. En cuanto a su poema, que de ello quería hablarte yo desde un principio, se explica por sí solo.
POEMA DE AMOR
A los que soñaron a los que no durmieron y me vieron caminar sin tacones de puntillas
a los que lamieron mis heridas a los que agrandaron la tristeza con sus dedos para ver más sangre sin saber que no tengo sangre sino pus a los ladrones de besos que nunca besé a los que regalé mi lengua húmeda y mi sexo abierto a los hacedores de palabras y perpetuadores de días a los que se llevaron cristales de mis uñas
a los que sueñan los que no duermen los que me ven pasar desnuda insomne y sin sueños
a todos los suicidas que murieron sin amor.
05 November La cámara de niebla
Por fin hemos logrado que Alfonso Xen Rabanal comparta con nosotros un fragmento de su libro "La cámara de niebla" de próxima publicación en la editorial Eclipsados. Ahora bien, ni se te ocurra ponerte a pensar en iones ni en nada que no sea el magnetismo de la propia escritura. Quedas avisado.
...
La valla del club de enfrente chirría al abrirse salen las putas a pasear son las diosas y por ello ríen unas niñas dominicanas de vestidos ajustados las admiran miran a quien las admira…
… y las diosas ríen…
Hace una semana que no hablo con nadie encerrado en este apartamento prestado no importa disfruto liberando granitos de arena atrapados en cemento entre ladrillos los veo caer al vacío lanzarse al abismo sin miedo…
Observo la ventana de cortinas rojas corridas espero que se abran que llegue de hacer deporte como ayer y se duche y me regale la luz de su culo enfundándose unas braguitas blancas…
Mientras tanto escribo mirando grúas, chimeneas luces que vienen trenes que se alejan … todo pasa de largo…
Ayer me quemé la polla tirado en la terraza sobao después de intentar escribir fumando hierba toda la noche el sol sabe dónde buscar donde quemar es como tu cara que me huye no recuerdo tu rostro todo me huye pero quema…
Soy feliz en esta terraza crecí en una habitación interior la luz llegaba a mí en zig-zag y todo eran ronquidos que eran eco de las broncas del día, vomitonas sobre bombonas de butano que parecían desear la muerte súbita del que se asfixia con una bolsa de plástico para que dure más su placer, los lloros, el sufrimiento que se esconde de la calle las bragas caídas los gallumbos que sólo hincha el viento la desidia de las pinzas la impotencia de no ver luz… … toda la mierda que se esconde en los patios interiores…
Ahora, por unos días dejo de mirar las paredes de mi habitación esas que te cuentan la muerte en sus grietas… … la tuya… Y busco la luz de sus cortinas rojas sigo al humo que se lleva el viento mi ceniza que nunca llega a caer las sirenas campanas los trenes que pasan de esta ciudad interior…
Espero tu culo para ser granito de arena que se desgaja del cemento y se lanza al vacío…
Oscurece…
Las luces del club se encienden la valla chirría…
… todo el barrio lo hace a partir de las 22…
… horas…
… muertas, las horas...
12 October Casi sin querer
Al escritor Javier Vázquez Losada, poeta a tiempo parcial, le sobran motivos para preferir las nieblas vespertinas de la Gran Vía al pájaro carpintero de Allariz. Por lo menos los textos que siguen no lo desmienten, tres poemas del libro Casi sin querer que en breve será publicado por Baile del Sol Ediciones.
AVISO
Dos millones de años pasarán año más o año menos y al engaño se le llamará engaño y otra como tú querrá que se le llame de otra forma y dirá que no es lo que parece
VOLTERETAS DESCUIDADAS
Si uno lo piensa bien la música es algo absurdo uno escucha una canción una y otra vez hasta convencerse de que va a triunfar en lo que sea pero cuando deja de sonar se da cuenta de lo perdido que está sintiéndose algo así como un cajón de cubertería ambulante o un aire fracturado que susurrara telas que nadie puede ver ni oír o una punzadita de tasajo de tamarindo a la que han despojado de su propia anécdota.
ES LO QUE HAY
Quizás esperabas a Milton a Yeats a González a Colinas incluso te conformabas con Travis o con Coldplay y te encontraste conmigo algunas veces hasta tolerable pero las más tan raro como un milagro en el motor de tu viejo coche alguien que vomita más que habla si lo piensas bien también tiene su mérito pero al menos en noches como ésta y después —faltaría más— de bajar la basura que ya da lo mismo que lleve rosas muertas o latas de cerveza susurro tu nombre igual igual que un poeta verdadero.
Orenez es su blog.
26 September Sueños apócrifos 2
Este es el segundo relato con que te deleito de Alberto R. Torices (sí, sí, el que regala rosas por correo) perteneciente también a "Sueños apócrifos" y de próxima publicación en Los Libros de Camparredonda. Si deseas conocer su dirección postal pincha aquí.
EL PRIMER LIBRO
“(...) porque naturalmente soy poltrón y perezoso de andarme buscando autores que digan lo que yo me sé decir sin ellos.”
Prólogo de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes
Era una mañana oscura y desapacible. Es probable que lloviera. Terminaba de desayunar en la cocina cuando oí un fuerte ruido de objetos desplomados. Algún libro mal colocado parecía haber caído de su estante, en mi cuarto, justo al otro lado del tabique. No tardó en producirse un nuevo impacto, aún más escandaloso. “Mierda —mascullé—, se va a despertar el niño.” Acudí. Lo que vi al abrir la puerta de mi pequeño despacho no pudo sorprenderme más, pero tampoco dejaba lugar a dudas. Frente a mí, recostado en mi sillón de lectura, con uno de mis libros abierto en el regazo y muchos más amontonados o esparcidos alrededor, estaba Alonso Quijano, también conocido como Don Quijote de la Mancha. Por más que moví los labios, fui incapaz de articular palabra o sonido alguno. Advertí que temblaba porque parte del café con leche que llevaba en la mano se derramó. Don Quijote me miraba también asombrado, pero no se movió. Salí de la habitación golpeándome contra el marco, y cerré la puerta. Me dije: “Ya está. Ya te volviste loco.” Traté de calmarme, sonreí por si servía de algo, y luego abrí de nuevo la puerta. El hidalgo inmortal seguía allí y, al verme aparecer por segunda vez, se alzó. Dejó caer a un lado el libro que estaba leyendo (Las partículas elementales de Michel Houellebecq, según pude ver). Con la torpeza de quien acaba de salir del sueño, tomó la espada que tenía a un lado. Al blandirla, tiró la lámpara de mi mesa de trabajo, y también el bote de los bolígrafos. Pensé: “Ahora empezará a llorar el niño.” Y más estúpidamente aún: “Me va a llevar un buen rato poner en orden todo esto.” —¿Quién sois? —preguntó el buen hombre, señalándome con el filo oxidado de su arma. Su actitud, sin embargo, no era amenazadora. Lo cierto es que estuve a punto de soltar la risa. —Me llamo Alberto —respondí—. Vivo aquí. —¿Sois el dueño de esta lúgubre morada? —Sí... Bueno, más o menos. —Entonces podréis decirme qué estoy haciendo aquí. ¿Acaso sois vos el artífice del encantamiento en que me hallo? El tono apremiante de sus palabras contrastaba con su aspecto cansado y un tanto deprimido. Había dejado de señalarme con su espada y, en medio del pandemónium de libros y papeles que había provocado, movía más bien a lástima. —Creo —le dije— que estoy soñando. Vamos, que esto sólo está pasando en mi cabeza. Algo tendrá que ver, supongo, con el cuarto centenario de su... primera parte. —A fe mía —respondió él frunciendo el ceño— que vuestra jerigonza me resulta impenetrable. Como la de casi todos estos libros, por cierto. —Es lógico —repuse—, cuatrocientos son muchos años. Pero no se preocupe, creo que no tardaré en despertar: mi hijo está llorando. De todas formas, ármese de paciencia; es probable que en estas fechas aparezca en los sueños de mucha gente. Ciertamente, el pobre Alonso Quijano parecía no entender gran cosa de lo que yo le decía. Ahora lamento no haberle preguntado algunas cosas. Pero hubiéramos necesitado un intérprete: no domino el castellano de su época. —Me gustaría regalarle una cosa, antes de despertar —dije. Don Quijote de la Mancha me miró con una expresión de ligera sorpresa. Tomé un libro de un rincón bien conocido de mi cuarto y se lo tendí. —Yo, el monstruo —leyó en la portada—. Qué barbaridad. ¿De qué trata? ¿Es comprensible? —Es mi primer libro. Su mirada se llenó, entonces, de lástima y ternura. —Así pues, sois escritor. En ese caso, permitidme que os diga que sois vos quien debe armarse de paciencia. Es peor ocupación que las galeras. Sonreí. El niño lloraba cada vez más fuerte y nos despedimos. Al salir de la habitación vi que se sentaba de nuevo y se disponía a leer. Y desperté. El pequeño Román, en efecto, lloraba; pero antes de ir a sacarlo de su cuna entré en mi habitación. El desorden era el de siempre, quizá algo mayor, y mi primer libro no estaba en su sitio habitual dentro del caos. Ojalá no lo encuentre, cuando me ponga a ordenar todo esto.
08 September La marrana
Pepe Pereza echa mano de su infancia, sin más, en crudo.
LA MARRANA
Yo estaba en la cuadra de detrás de la casa, escondido entre unos sacos de pienso. No quería que mi hermana Pili me encontrase, ella se había empeñado en jugar a “madre e hijo” y a mí no me quedó más remedio que acceder. Ella, por supuesto, sería la madre y yo el hijo. Ese juego consistía en que ella por ser la madre mandaba en todo y yo por ser el hijo debía obedecer. Todo fue bien hasta que se le ocurrió que era la hora de comer. Como buena madre quiso cocinar utilizando los productos que tenía a mano. Preparó una especie de pasta elaborada a base de varias cabezas de ajos machacados y revueltos con huevos crudos, que robó directamente del gallinero. Removió todo creando una argamasa de aspecto y olor asqueroso. Pero aún faltaba un ingrediente especial que, según mi hermana, era lo que le daba sustancia y color al plato. Ese ingrediente era ladrillo rojo triturado a base de machacarlo con una piedra hasta que quedaba reducido a polvo, mi hermana decía que aquel polvo rojo era pimiento molido y estaba convencida de que era exquisito. El caso es que quiso hacerme probar aquella bazofia y por eso huí de ella. Mi hermana ya se había cansado de buscarme, aunque decidí ocultarme durante unos minutos más, por si acaso. Fue entonces cuando los escuché hablando al otro lado de la pared del muro del corral, eran voces de chavales. Salí del escondite y me asomé por encima del muro, ahí estaban ellos, sentados sobre la tapia del corral de enfrente al nuestro, eran dos chavales más o menos de mi edad. Al verme asomar la cabeza dejaron de hablar y me miraron con curiosidad.
-Hola. – Dije yo para romper el silencio. -Hola. – Respondieron ellos al unísono. -¿Cómo os llamáis? -Yo me llamo Juan. – Dijo el más bajito. -Y yo Pedro. – Añadió el otro.
Salté el muro del corral y me acerqué a ellos.
-Yo me llamo Pepe… – Les dije con la seguridad del que está en su territorio. - … ¿Qué hacéis? – Añadí mientras me subía a la tapia y me sentaba a su lado. -Sólo estábamos hablando. – Respondió Juan. -Ya… Vosotros no sois de por aquí ¿verdad? -No, hemos venido a visitar a unos parientes de mis padres. – Contestó Juan, que sin duda era el menos tímido de los dos. -Si queréis podemos jugar a algo. – Propuse sin demasiado entusiasmo. -Bueno. – Volvieron a contestar al unísono…
En ese momento una cerda que estaba en una cuadra a pocos metros de nosotros se puso a gruñir y a bufar como lo hacen los cerdos. Yo ya estaba acostumbrado a la presencia de la cerda y a sus gruñidos, pero a Pedro y a Juan aquello les pareció de lo más interesante, estaba claro que eran chicos de ciudad. Dado el entusiasmo mostrado por mis nuevos amigos, nos pusimos en pie sobre la tapia y fuimos andando sobre ella hasta llegar a la cuadra donde estaba encerrada la cerda. El animal alzó la cabeza y se nos quedó mirando a la vez que movía el hocico para captar nuestro olor.
-¡Qué grande es! – Dijo Pedro, amedrentado por el tamaño de la cerda. -Es porque está preñada y pronto parirá. – Les informé tratando de darme importancia y de quitársela a la cerda.
Aparte de eso, la cuadra donde estaba encerrada no era demasiado grande, apenas metro y medio de ancha por dos o tres de larga, con lo que la marrana parecía más grande. El animal seguía mirándonos con el morro levantado. La tapia sobre la que estábamos de pie era una construcción hecha con piedras, más o menos planas, apiladas con pericia la una encima de la otra, sin necesidad de usar cemento que las diese solidez, era la gravedad y la sabia colocación de las piedras lo que hacía que la tapia fuese consistente. Pues bien, elegí una de las piedras que conformaban el muro, una pequeña, y la arrojé contra el cuadrúpedo, más que nada para que dejase de mirarnos. Le di en todo el morro. La cerda a modo de protesta soltó un pequeño gruñido que hizo mucha gracia a los otros dos. Cogí otra piedra, la lancé e hice blanco, esta vez en uno de los lomos. El pobre animal trató de huir corriendo en círculos por la apretada cuadra. Volvieron a reírse y yo supe que con esa acción me había ganado a los chicos de ciudad. Noté su respeto y admiración y eso me gustó. Me sentí importante y poderoso, aun siendo de pueblo. Esta vez me aseguré de coger una piedra más grande que las anteriores, Juan y Pedro me miraron expectantes, no podía defraudarles. Lancé la piedra y le di en el cuello de la marrana, supe que le hice daño por el sonido que salió de su garganta. Pedro se animó y también lanzó una piedra, la cerda chilló con el impacto. Yo le miré sonriéndole y le di una palmada en la espalda a modo de colegueo. Cada uno de nosotros cogimos una piedra y a la de: ”tres” la arrojamos con fuerza. Todos hicimos blanco y nos miramos satisfechos. La cerda chillaba y trataba inútilmente de escapar corriendo en círculos o cambiando la dirección de sus giros. Vimos el pánico en su mirada y eso nos gustó, nuestros instintos más primitivos empezaban a fluir. Seguimos tirándole piedras, cada vez más grandes. Algunas le causaron heridas sangrantes lo cual nos llenó de júbilo. La marrana chillaba tan alto que por un momento creí que todo el pueblo la estaba escuchando y que alguien acudiría en su ayuda. Pero nadie llegó y nosotros sedientos de sangre seguimos torturando al animal. Después de un tiempo la marrana se rindió, se desplomó en el suelo agotada y allí se quedó resoplando y mirándonos con miedo. Lanzamos algunas piedras más pero ya no nos hacía gracia, el sufrimiento del animal era tan patente que no pudimos seguir con el juego. Los tres nos quedamos en silencio observando a la marrana. En la comisura de su boca se le había formado una especie de grumos espumosos de saliva y sangre que se movían al ritmo de sus jadeos, comprendí que estaba agonizando. En un impulso de compasión quise acabar con su sufrimiento, agarré una piedra grande, tan grande como me permitieron mis fuerzas, con la intención de dejarla caer sobre su cabeza y terminar de una vez por todas. Justo cuando me disponía a soltar la piedra, la puerta de la cuadra se abrió y asomó la cabeza Genaro, el dueño de la marrana. Al ver lo que allí estaba pasando se puso a gritarnos y a amenazarnos. Yo dejé la piedra sobre el muro y salí corriendo. Pedro y Juan me siguieron asustados, dejamos el muro y saltamos al suelo y mientras ellos corrían hacía la casa de sus familiares yo salté la tapia de nuestro corral y fui directamente a esconderme entre los sacos de pienso. Estuve allí mucho tiempo, hasta que escuché a mi madre llamándome a gritos. Por el tono de su voz supe que ya se había enterado de todo y me preparé para recibir una paliza. Aquella noche la marrana abortó y aunque ella se salvó de milagro, mis padres tuvieron que hacerse cargo de todos los gastos e indemnizar a Genaro por la pérdida de los garrapos. Lo peor no fueron los bien merecidos azotes que me dieron, sino algo que vi en sus miradas y que entonces no supe lo que era. Más adelante vería esa misma mirada en infinidad de ocasiones, sabiendo que lo que veía en sus ojos no era otra cosa que decepción.
07 August Un poema de Jorge Pascual
Desde aquí ignoramos si se le hará entrega algún día al poeta Jorge Pascual de un juego de llaves nuevecito para acceder en condiciones a la Muralla. Ojalá, ojalá. Y es que la noche aconseja muy mal a ciertos arrepentidos... El siguiente poema, sin título y lacónico, es suyo.
No te canses ahora que estas nubes te hacen tropezar despacio, pasa el viento como las ráfagas de los flechazos, como pasado esparcido en el rostro y agua fresca arrojada al despertarse como recuerdo...
No te canses ahora, que soplan tus propias huellas a tu boca, y la llevan, y le hablan de ti al mundo, como pesan tus pies en la tierra o avanzas desde la espalda del recién rezagado
27 June Cabinas cochinas de camión
Carolina Hernández Lope, valenciana de Alcántara, va a ver publicado muy pronto su primer libro de versos, "Cabinas cochinas de camión", en la colección El Perfume de Sara. Afirman los especialistas que el caballito de mar posee una lengua apenas informe, mas sublime. Pues qué bien. Carolina, de más está ponerlo, conduce un camión de tamaño considerable.
COMARCAL 201
a Charles, que me volvió tarumba
lo cojo o no lo cojo con la mano
lo pongo o no lo pongo entre mis muslos
seguro que se corre sin mirarme
estos tipos de carretera no valen para mucho
te follan sin piedad
te meten en el culo la lengua con hambre de siglos
estiran tu cuerpo se confunden
lo cojo o no lo cojo por el cuello y se lo rajo de una vez
lo pongo o no lo pongo a escurrir como a los demás en la cabina
Para contratar portes, aquí. Para reservar ejemplares del libro, aquí.
30 May Tres poemas
Al poeta Antonio Manilla, de muy joven, le picó un gallo. Años más tarde escribió con clara conciencia una canción gris en servilletas de papel pero le duraron poco. Ahora tocan momentos transversales, la poesía tiene suerte.
ORACIÓN POR LA SUPERACIÓN DEL ESTADO POÉTICO DE LA HUMANIDAD
HAY momentos, yo no sé, en que la tierra huele a mar, en que la mar huele a tierra, como si el mundo no fuera aún el mundo y viviera en ese momento, ilógico y auroral, en que todas las cosas estaban todavía entreveradas y no eran ni tan siquiera las cosas.
Entonces la mañana no se distinguía de la noche, porque todo era sólo día, ni el cielo del suelo, porque todo era sólo cielo, ni el mar del monte, porque todo era sólo mar. La tierra era un planeta confundido y azul.
Los ríos corrían desparejos y la lava se fraguaba lentamente sobre la piedra. Porque en el principio todo era piedra. Y vapor. Piedra efervescente: magma. Más tarde los ríos se juntaron y cicatrizaron en sus cauces. El azul dominante se fue apagando. La piedra se hizo libro.
Es en ese momento cuando aparecieron hombres y dioses. La tierra se convirtió en posesión y altar. Una imagen de aquel tiempo: bajo el humo de los sacrificios, la soga que sujeta unas manos atadas con el nudo de la profecía: unos simples versos como éstos.
Y de pronto, el mar, por primera vez, olió a mar y la tierra olió a tierra. Con el descubrimiento del bien y del mal comenzaba a correr el tiempo.
Y todo, entonces, se tornó rojo y tuvo sentido y hasta ahora.
LECCIONES DE CAMUFLAJE
SI se presta la imaginación debida, se llegará a comprender que el agua que mana en todas las fuentes es la misma agua, que los jardines tienden a un modelo y que las nubes que surcan el cielo llevan mil siglos surcándolo, volubles y distraídas.
La naturaleza es maestra de ficciones y camuflaje. La senda que recorriste ayer parece la misma pero es otra: guarda memoria de tus pasos apresurados o tremorosos. Si no volvieses, no dudaría en convertirse en selva.
Sin esa imaginación nuestra, la naturaleza estaría perdida: se la comerían los perros. Pero nuestro talento más antiguo mantiene alejada a la jauría. ¿O es que no crees que esa rosa silvestre que sostienes entre los dedos es la rosa que adornó un día los cabellos de Eva?
En la profunda noche de los bosques y en el umbroso y húmedo rincón de los portales, en la superficie acariciada de los desiertos y en los ásperos muladares, en las llanuras desguarnecidas y en el cálido parapeto de las cunetas. En palacios y caballerizas, ruinas abandonadas, asépticos hospitales.
Allí donde hay un hombre, la naturaleza existe.
Si se presta la imaginación debida, incluso es posible creer que son nuevos el canto milenario del ruiseñor, el fuego y la lluvia que llueve mansa por los cristales.
POEMA DE LOS MALOS INSTINTOS
ATROPELLADOS llegan.
Más que la imagen de una cascada, les resulta apropiada la de un torrente: modifican las orillas, limpian todo lo viejo que hay en superficie, renuevan para siempre el fondo. Un torrente inopinado o un regato invernizo, sí, a eso se parecen cuando atropellados vienen.
Se les opone todo aquello que somos: lo que quisiéramos ser: la imagen que de nosotros pretendemos imponer a todos. Vienen a enfrentarlos aquellos que tienen la batalla perdida de antemano: el padre ejemplar, los buenos sentimientos, el propietario con mascota: un hombre civilizado.
Pero ellos vienen desde un pasado anterior a la fundación de las ciudades. Su mundo es un mundo en el que se desconocen la compasión y la demora. El placer y el perdón. La soledad y los horarios. Pues ellos, si las hubieran conocido, habrían arrasado a sangre y fuego las ciudades.
Ellos, que van armados y combaten fieramente entre sí. Que en el fondo de su mirada habita el brillo acuoso de un reptil. Ellos, los sin pasado y sin memoria, violentos y necesarios, que atropellados llegan y tantas veces son de ti lo que es más cierto.
27 May Azul de juego y V
Sólo los tres en mis palabras, así concluye M. J. Romero la quinta y última entrega de su libro Azul de juego (1985-2003) Palabras las suyas para poner a buen recaudo por si alguna vez se nos ocurriera dejarnos llevar por el fastidio y la desolación. Nada que ver con arañas y moscones, claro.
PIERDES tu sueño sobre la arena que ya no ves. Te ofrezco la música de mi corazón para tus pies cansados.
Él, terriblemente triste, él, terriblemente solo, sabe, mudo testigo de su tiempo, que nunca fuimos mar aunque tuviéramos el mar.
PASEAS por la ciudad de los sentidos tu cuerpo. Ausente. Ausente. Duermes sobre nubes de fuego. Ausentes. Lejanas tierras te visitan cuando duermes, marfil y ámbar de una tierra oscura. Tú duermes bajo la sombra de la magia.
El sueño se rompe allí donde nunca estuviste. El grito no se calla, se va, lo llevan a paredes de niebla. Tú nunca duermes cuando duermes, te alejas de la risa, el dolor te lleva al país de los muertos. Escucha, descansa, no llores, veo reflejada en los cristales tu figura tendida, tu vientre ensangrentado, al son de la música mientras ella danza.
NAUFRAGAMOS, hermanos de la misma nave, nubes egipcias nos ciñen en la muerte.
Siéntate y recoge, guerrero, en tu reposo los cuerpos caídos, el dios no te reclama todavía, humo de incienso te embriaga y te hace deliberar en la noche, que es todas las noches que aún no has vivido.
Te llega el tiempo sin aromas de pólvora incendiando tu corazón, desiertos sobre el horizonte de los sueños,
árboles que tocan el cielo donde se confunde tu vista en el dolor de lo que no puede ser.
Una mirada perdida se pasea por las mismas calles sin luces, algo que no comprendes en tu reposo.
En ninguna parte y en todas como las esquinas, rincones perdidos del silencio sin lunas, ella sobre el asfalto o tras los cristales pequeñas travesuras de niño feliz y los ojos más hermosos mirando alejarse la vida sin la herrumbre del pasado. Sólo los tres en mis palabras.
29 April Visionarios y malditos 2
En tanto tu librero favorito busca un lugar privilegiado en las estanterías para los ejemplares que lleguen de "Marginales", el inminente libro de Vicente Muñoz Álvarez, aquí pongo un puñado más de sus textos para ir haciendo boca.
EL EXTRANJERO
Tras un largo viaje desembarqué al fin en Yillmora, la ciudad de los techos ambarinos. Descendí del Pájaro del río justo para contemplarla en el ocaso, bañada por la luz crepuscular de un sol que agonizaba en los tejados. Desde el puerto Yillmora se enseñoreaba en su hermosura, luciendo como una vanidosa dama los alminares de sus templos recortados contra el cielo. Por la gran puerta de acceso entraban y salían mercaderes que, procedentes del País de los Ensueños, intercambiaban por ámbar de Yillmora las especias de placer recolectadas en los Campos de la Aurora. En el aire flotaba el aroma de exóticos perfumes y de algún lugar fluía una melodía cadenciosa, cuyas notas me hacían de algún modo evocar las visiones de mi infancia. Los mayores deambulaban perezosamente por el zoco, mientras los jóvenes danzaban en las calles animados por el mismo embrujo que a todos nos cautivaba. Hasta que al caer la noche los niños regresaron a sus casas despidiéndonos en las tabernas, y allí, con los mercaderes y ancianos, yo mismo escancié el vino melifluo y denso de Yillmora, cuyo fuego suaviza las pasiones... Entonces mi cabeza giró y giró en un caleidoscopio de luces trepidantes que al final se fundieron en la nada.... Aunque, desgraciadamente, estas imágenes se desvanecen siempre al despertar y la visión de los atardeceres sangrantes de Yillmora me recuerda que en el País de los Ensueños sólo soy un extranjero.
EL PSICÓPATA
Me acerco silencioso subiendo la escalera tras la puerta percibo aún sus movimientos y ya en el interior respiro su cálido perfume
espero a que se duerma agazapado en el diván con el cloroformo pierde rápido el sentido y luego me desnudo junto a ella
la poseo varias veces mientras uso la cuchilla mi ansiedad crece al ver brotar su sangre y contemplo cómo va cambiando su perfil
separo sus miembros limpiamente con la sierra devoro ávidamente parte de sus vísceras y vuelvo a poseer su cuerpo mutilado
después comienzo con cuidado la limpieza cualquier indicio puede ser fatal y ya nunca podría volver a asesinar.
EL SOÑADOR
Como todas las mañanas rindo hoy culto a mi Dios. Oraciones que se hacen pronto evanescentes en la atmósfera rojiza de este sórdido desván que ahora comienza a desdoblarse. El universo entero se condensa en estos cuatro muros y en el contenido de mi pipa. Lo demás ya son quimeras, retazos vaporosos de un lugar prosaico que recuerdo con horror. Hace tiempo De Quincey me convenció de lo infructuoso de la lucha: la intemperancia es más rentable. Cada día me visitan en mi cuarto númenes del gremio con los que recorro dimensiones inquietantes. De todas ellas, el País de Yann es mi predilecta. Accedo a él en el Pájaro del Río para demorarme contemplando la entrada marfileña a Perdondaris. Pero el País de los Ensueños es ilimitado: Angria, Celephais, Kadath, Polaris y cuantos dominios puedas concebir en tu delirio. Allí campan a sus anchas la Razas de la Noche. Sílfides y ondinas, cíclopes y sátiros, monstruos y prodigios te acompañan haciéndote sentir el gozo inefable del olvido. Aunque luego está el regreso. El camino va tornándose sombrío mientras se diluyen los ensueños. Pálidas estrellas iluminan el sendero que conduce a la morada terrenal y amorfas entidades esperan en sus lindes que cometas un descuido. Sólo con la luz de la mañana te cercioras de que has cruzado íntegro el umbral, burlando su custodia. Entonces rezas a tu dios con gratitud y sin dudarlo te dispones a emprender otro viaje.
EL REMISO
Soy, como Baudelaire, un rey en un país lluvioso, gobernante de una tierra gris, húmeda y triste, cuyas nubes se nutren de lamentos fundidos en la brisa. Un país ya viejo, distante y frío, de súbditos cansinos y lánguidos opiómanos, de horizontes lisos y regueros negros, de perros cabizbajos y sórdidos cafés. Un país oscuro y devorado por la bruma, de fuentes anegadas y mansiones azotadas por el viento, de avenidas solitarias, tapizadas de líquenes y hormigas, y cenadores invadidos por la yedra. Un país de otoño y sueño, musgoso y agotado, de quejas, bostezos y pesares mudos, de ídolos quemados y ángeles caídos. Un país que yo suelo llamar INFIERNO.
18 April Tres poemas
Poesía residual y de desapariciones la de Marcos Canteli. Lo que le queda al poema después de llevarlo de la mano al baloncesto, o de masticar para él los bocados más duros de la carne... Carlos B. Alegría dixit, tú me entiendes.
dentro de sí, de acaecida
de lo sutil del mundo alguna brasa ya muy menuda / o tu hueso [] me hace bien ese rollo / índole mascullando grumos de extrañeza, mandala al clarear, ser de sílex (casi sujeto acaecido) al perder [] luego, en mansedumbre, malabares colocan la mente
y por naturaleza
la brizna contra esa plomada que todo se lo pule [] no rices, come arroz (como el monje) / empata tu prestigio / no te rayes, ilumina [] en el permanente deslomarse hacia la caricia, en el alambre [] cumple lo cándido, amainado, flojo en movimiento / luego del murmullo
transmito mordedura condolencias transmite al hombre otro tinglado también una bitácora en la noche dichosa, en secreto
sobre tecnología sueña mi etimología
ya no me cruzo conmigo
de neones zen (inédito)
Mis disculpas al autor por no haber sido capaz de conseguir el ajuste perfecto para los dos primeros textos, pertenecientes a su libro Catálogo de incesantes, de próxima aparición.
Dando la voz, su Blog.
25 March 10 poemas
Artista plástico, poeta metafísico, degustador de sopas como la bullabesa y la de números, Óscar Solsona te tiene reservadas como mínimo diez sorpresas. Ya verás.
mini-novela
presentación nudo zapato.
poema 7/56
los días pasan voluntariamente
me gusta mirar la fecha de vencimiento de los flanes
y pensar un ratito más.
poema 17/52
voy a ponértelo en la barriga y nos vamos de viaje 8,5 meses a la vuelta lo pensamos le ponemos nombre y a ver cuánto nos dan por el coche.
papel de instrucciones
un poema no se escribe, no quiere tinta, no se casa con la iglesia ni por lo civil y rechaza las alturas. al fin y al cabo, un poema no es más que un duplicado.
poema 21/14
tengo las manos nerviosas el cielo arriba / me pican canastos vacíos de cinco dedos // avemaría se ha perdido me ha llamado no sé cómo le digo lo siento tiendo mi mano y se sube chorreando descreída de dios // tengo las manos tranquilas tocan el cielo / ya no me pican.
poema 21/09
ahora que va a entrar en la ducha ahora que ya está en la ducha ahora
la ventana del lavabo
por la ventana del lavabo pasa un avión por semana y cien gorriones cada hora.
por la mañana (III)
esta mañana he recordado que la habitación tiene golondrinas en el patio desde marzo
esta mañana he recordado que hasta entonces puedo usar el gusanito
después tendremos hijos y llegará mi otoño y ella me pondrá un beso en la boca
y de nuevo será por la mañana.
estado
se construyen se derrumban
las casas viejas
una viga color café hace el signo de poema.
romero
huelo en las cosas a ti
huelo el rastro de tu vientre / queda en mis manos
te huelo a través de los escaparates de agua que el rocío deja en el romero
todo el olor que huelo de ti hace que estallen las puntas de las palabras
donde redondea tu esencia sin interventores.
14 March Un poema de Antonio Merayo
Hay poetas que comulgan con ruedas de molino. Otros se suben al tejado de los molinos para escribir poemas. Afortunadamente a Antonio Merayo no se le puede clasificar en ninguna de estas dos categorías. Él conserva sus poemas antiguos en carpetas amarillas y de vez en cuando, parco y generoso, le entrega uno a sus amigos. Sólo eso.
ILUSO LOBO BLANCO
Yo clamaré zarzales dejando al descubierto sus serpientes, y avivaré las huellas silenciadas por los seres sin día en las entrañas. Remediaré este tiempo donde la flor se mustia, descifraré las lunas que gravitan sobre el sagrado valle de los sueños que ayudan a seguir viviendo. Desataré en el hombre aves que desconoce porque se queda al pie de las montañas cultivando penumbras y palabras de engaño.
En medio de la noche espero ser oído para que no se sientan solos aquellos que caminan aun en días nublados buscándole a la vida las estrellas. Encontraré ventanas donde se fingen muros y rociaré de sándalo y romero el hedor desmedido del desamor que hay en las calles. Ahuyentaré lechuzas que pretenden quitar la libertad de la mirada, y mi silueta recortada por la luna quedará para siempre en la memoria de los que nunca duermen porque se les desvela el corazón a todas horas.
Estoy aquí y en cada verso o brizna de la vida para encendernos la estatura. Estoy aquí y en cada sílaba del hombre para ponerle corazón a este derrumbe y cantarnos por dentro y hacia arriba. Yo soy un lobo blanco que aúlla en verso para inquietar a los rebaños que pastan mansamente en las vastas praderas de la costumbre y de la oscuridad.
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