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22 October César Vallejo
LOS HERALDOS NEGROS
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé! Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma... Yo no sé!
Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. Serán tal vez los potros de bárbaros atilas; o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma, de alguna fe adorable que el Destino blasfema. Esos golpes sangrientos son las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!
Del libro Obra poética completa, Tomo III. Mosca Azul Editores, Lima 1974.
18 August Raymond Roussel
Un hombre de riguroso luto, tapado como para salir durante una helada, estaba detenido frente a la entrada, a unos pasos del umbral, junto a un joven groom que llevaba, en cambio, una librea de verano. El ayudante, a quien, antes, durante nuestra parada frente al enfermo, habíamos visto pasar, bastante lejos, dirigiéndose hacia la derecha, salió de repente del vestíbulo enlosado, y dándonos la espalda se alejó rápidamente de nosotros, siguiendo la fachada hasta el final, hasta desaparecer por la izquierda. Echando la cabeza atrás, pudimos ver cómo alcanzaba, corriendo, la celda focal. Vestida con un elegante y ligero equipo de playa, una hermosa joven, cuyas uñas, fascinantes, destellaban como espejos a cada movimiento de sus dedos, salió a su vez del vestíbulo seguida por un anciano con librea de hotel, que, apenas había atravesado el umbral, la detuvo entregándole un pliego. A pesar de una rosa de té que sujetaba por la mitad del tallo, la joven tomó la carta con su mano derecha, más libre que la otra, en la que sostenía a la vez sombrilla y guantes. Sobre la carta, gracias a nuestra proximidad, distinguimos la palabra paresa que era la única escrita en tinta roja. Evidentemente turbada por algún detalle de la misiva, la seductora joven, como despertándose de repente, tuvo una sacudida que la hizo pincharse con una espina que todavía quedaba en el tallo, oculta, entonces, entre la envoltura y su pulgar. Como si la vista de su sangre, que maculó de repente tallo y papel, por alguna razón secreta, la hubiese impresionado más de lo razonable, soltó, horrorizada, los dos objetos mojados de rojo y entonces, inmóvil, hipnotizada, se puso a mirar fijamente su pulgar, medio levantado en aquel momento. Las palabras pronunciadas por ella: "en la uña... toda Europa... roja... toda... entera..." llegaron hasta nosotros gracias a un ojo de buey, que, sin ninguna diferencia con los anteriores, estaba aquí también abierto sobre la pared transparente; estaban provocadas por el mapa del cristal, que destellando por el aire detrás de ella a causa del falso rayo de sol, se ofrecía a su vista en la superficie de su uña que tenía tan prodigioso poder de reflexión. Inmediatamente después de su caída, el anciano había intentado recoger del suelo el pliego y la flor ensangrentados, pero, octogenario al menos por su aspecto, no pudo, falto de agilidad, inclinarse lo suficiente como para alcanzarlos. Dirigiendo su mirada sobre el groom le llamó con esta romántica palabra: "Tigre", señalando la acera con el dedo.
De su libro Locus Solus, Seix Barral, Biblioteca Formentor. Barcelona 1970. Traducción de José Escué y Juan Alberto Ollé.
24 July Escrito en Olleir
(Madre, 1979)
Los niños por fin se han despedido y él descansa en su lecho con inmoderada furia mientras llueve tenazmente y recuerda el dolor de las palabras peores. Muchacho tullido y una voz que hace falta distinguir de las otras, a las seis de la tarde, al cerrar la ventana para que entre el sosiego o es la madre que cumple el rito del agua con pastillas para serenar el daño. Cualquier día comenzará nuevamente a caminar por la casa, a sentarse a su mesa y escribir cuadernos de la fiebre, un tanto inconsolable, o tendrá sed de alcohol o será más idiota. Pero ahora descansa y apoya su cabeza en el pasado. Sueña con su vida de muchacho, que fue desvanecerse unos minutos: un brillo apenas y sus manos no tocaban todo aquello que querían, y su desazón se dibuja en gritos que pronuncia tan en vano, y su memoria es diversa y es herida sutil que no recorre como antes. Enfermo muchacho que abraza como puede a su contrario, confiándole sus cosas y hasta el amor hecho por última vez. Tina ha venido en su socorro y él desea morir, morir secretamente y ser espejo quebrado al que se acercan, de mañana, los aparecidos. Como si fuera concebible recorrer sin aguzos las fauces espantosas de la noche.
29 June Victoriano Crémer
AUSENCIA VENGATIVA (PRIMERA SOLEDAD)
¡Cuánta tristeza comprender lo último! Felices son aquéllos que conjuran la muerte y nada saben y no entienden que el fin está previsto y no hay retorno.
Vivir es lo que importa vida mía. Lo demás Dios dirá, si es que lo dice, que el hombre es animal de aliento corto y de recuerdo largo: enlaza lo pasado y se siente en el tiempo imprescriptible.
(¿Cómo pudo la tierra ser poblada sin mí, sin todos los que somos continuación y síntesis? ¿Estábamos presentes o sólo nos soñábamos en la inconclusa matriz de las estrellas? ¿Desearán los mundos sucesivos contenernos en carne y hueso, en caldo de cultivo, naciéndonos?) Dejamos huérfano el aire del aliento nuestro, ciega la luz de la mirada única que los ojos ensayan, sólo el camino de la música y quieto el corazón. El mundo muere sin nosotros. Muere de nuestra ausencia. Es la venganza que nos cabe aplicar por su abandono. Tierras cielos sabores, tan sin fruto faltando ya para gozarnos.
1972
De su libro Los cercos. Provincia, Colección de Poesía, nº 34. Diputación Provincial, León 1976
06 April Octavio Paz
VI
Ahora, después de los años, me pregunto si fue verdad o un engendro de mi adolescencia exaltada: los ojos que no se cierran nunca, ni en el momento de la caricia; ese cuerpo demasiado vivo (antes sólo la muerte me había parecido tan rotunda, tan totalmente ella misma, quizá porque en lo que llamamos vida hay siempre trozos y partículas de no-vida); ese amor tiránico, aunque no pide nada, y que no está hecho a la medida de nuestra flaqueza. Su amor a la vida obliga a desertar la vida; su amor al lenguaje lleva al desprecio de las palabras; su amor al juego conduce a pisotear las reglas, a inventar otras, a jugarse la vida en una palabra. Se pierde el gusto por los amigos, por las mujeres razonables, por la literatura, la moral, las buenas compañías, los bellos versos, la psicología, las novelas. Abstraído en una meditación -que consiste en ser una meditación sobre la inutilidad de las meditaciones, una contemplación en la que el que contempla es contemplado por lo que contempla y ambos por la Contemplación, hasta que los tres son uno- se rompen los lazos con el mundo, la razón y el lenguaje. Sobre todo con el lenguaje -ese cordón umbilical que nos ata al abominable vientre rumiante. Te atreves a decir No, para un día poder decir mejor Sí. Vacías tu ser de todo lo que los Otros lo rellenaron: grandes y pequeñas naderías, todas las naderías de que está hecho el mundo de los Otros. Y luego te vacías de ti mismo, porque tú -lo que llamamos yo o persona- también es imagen, también es Otro, también es nadería. Vaciado, limpiado de la nada purulenta del yo, vaciado de tu imagen, ya no eres sino espera y aguardar. Vienen eras de silencio, eras de sequía y de piedra. A veces, una tarde cualquiera, un día sin nombre, cae una Palabra, que se posa levemente sobre esa tierra sin pasado. El pájaro es feroz y acaso te sacará los ojos. Acaso, más tarde, vendrán otros.
Trabajos del poeta
De su libro Libertad bajo palabra. Obra poética (1935-1957), Fondo de Cultura Económica, Col. Letras mexicanas, 2ª ed. / 4ª reimpr. México DF 1981
17 February Antonin Artaud
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El anarquista dice: Ni Dios ni amo, yo solo. Heliogábalo, una vez en el trono, no acepta ninguna ley; y él es el amo. Su propia ley personal será entonces la ley de todos. El impone su tiranía. Todo tirano en el fondo no es sino un anarquista que se ha puesto la corona y que impone su ley a los demás. Sin embargo hay otra idea en la anarquía de Heliogábalo. Por el hecho de creerse dios, de identificarse con su dios, nunca comete el error de inventar una ley humana, una absurda y descabellada ley humana, por la cual él, dios, hablaría. El se adapta a la ley divina, en la que ha sido iniciado, y es preciso reconocer que fuera de algunos excesos dispersos, algunas bromas sin importancia, nunca abandonó el punto de vista místico de un dios encarnado, pero que se atiene al rito milenario de dios. Al llegar a Roma, Heliogábalo echa a los hombres del Senado y pone mujeres en su lugar. Para los romanos es la anarquía, pero la religión de las menstruaciones, que ha fundado la púrpura tiria, y para Heliogábalo que la aplica, esto no es más que un simple restablecimiento del equilibrio, un retorno razonado a la ley, puesto que es a la mujer -la que nació primero, la que vino primero en el orden cósmico- a quien le corresponde hacer las leyes.
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Del libro Heliogábalo o el anarquista coronado, Editorial Argonauta, Buenos Aires 1951. Traducción de Víctor Goldstein.
10 February Por Eluana Englaro
POLÍTICOS DE MIERDA aquellos, pero también estos, por desgracia. IGLESIA DE MIERDA, tanto la de allí como la de aquí, ninguna novedad. SOCIEDAD DE MIERDA, así, en general, cada vez más acomodaticia y farisea... Mejor no sigo.
01 January Mi hijo cumple hoy
Muchísimas felicidades, chavalín. No todos los días estrena uno 18 años...
02 December Paul Celan
Voces, rasguñadas en el verde de la superficie del agua. Cuando el alción se zambulle, rezuma el instante:
Lo que se puso de tu lado en cada una de las orillas penetra, segado, en otra imagen.
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Voces, procedentes del camino de ortigas:
Ven de manos hacia nosotros. Quien esté solo, con la lámpara, tiene únicamente que leer la mano.
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Voces, entreveradas, sogas en las que cuelgas la campana.
Arquéate, mundo: Cuando el molusco de la muerte se acerque nadando, empezarán a tañer aquí.
*
Voces, ante las que tu corazón se retrae al corazón de tu madre. Voces, procedentes de la horca, donde la madera de duramen y la de albura las capas cambian y cambian.
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Voces, laríngeas, en la carbonilla, también en ellas cava lo infinito, (cardio-) mucoso arroyuelo.
Pon aquí los barcos, niño, que yo tripulaba:
Cuando una ráfaga se impone en medio de la nao, se cierran las abrazaderas.
Del libro Rejas de lenguaje, Ediciones Sexifirmo, Ávila. Madrid 1975. Traducción de J. Francisco Elvira-Hernández.
05 October Manuel del Cabral
AGUA DE CARNE
Es la primera vez que sus manos tocan las cosas. Quizás por eso no sabe que yo tengo los ojos más tristes... Mis ojos vienen simples del cuerpo de Chinchina; pero yo estoy tan viejo, tan oscuro, tan usado, que a pesar de su manía, de su costumbre cuando ellos vuelven, cuando ellos se pegan de nuevo y nuevos en mi cara, los encuentro tan extraños, tan sencillos, tan puros; pero, ¡oh Chinchina, tus dedos de siete años, tus siete años de tacto es la primera vez que tocan las cosas! ¿Ves ahora esta gota que baja de mi frente? A ti te sabe a agua, sólo a agua; pero no, no la toques ¿no ves que se ha roto un espejo, y en sus trozos que caen se ve esto..? ¡Es tan raro ver un hombre!
CARA SUCIA
Sí, es un juguete, una suma de algo, pero... cuando Chinchina corre, brinca, grita, ríe, llora, huye, es algo más que un objeto, que un pedacito de elemento. Yo la veo a veces (casi nunca), porque Chinchina, a ratos, no se puede mirar... es tan inútil para la materia. Sin embargo, cuando pone la mano sobre mi cabeza yo sé que es Chinchina, yo sé que es una cosa que me limpia, a pesar de que tiene las manos sucias, sí, ¡sucias! ¿Sus manos? Sí, sucias... pero de tierra común, de objeto simple... Cuando la voz está vestida de Chinchina, se ensucia como ella: se ensucia de tierra, de agua, de aire, de día...
Del libro Poemas de amor y sexo, Antología. Ediciones de la Flor, Buenos Aires 1974
24 June Miquel Martí i Pol
29
Plácidos y claros son estos días de otoño fecundo, con tantos proyectos como hojas pierden los chopos color de cobre a la orilla del río. Se calma el tiempo, se calman los sentidos y la voz, pero son diáfanos los manantiales de los afectos bajo las dunas de la ilusión y de los años.
Pronto será invierno y encenderemos el fuego, mermarán aún más los días y en silencio absoluto esperaremos a quienes han de venir de lejos para calentarnos las manos y el corazón con sus palabras.
En ellos y con ellos continúa la vida.
REQUISITORIA
¿Qué hago aquí y quién es esta gente? Como si no fuese el que siempre he sido, ahora el presente se vuelve contra mí y me hace reproches y me dice que no supe mantener el corte siempre afilado y a punto del cuchillo de no sé qué ambición. No puedo huir. Tampoco quiero. ¿Alguna voz puede hablar de consuelo? Puesto de pie no me atrevo ni a gritar. Con manos y dientes me aferro al viejo destino de quien no posee nada más que lo perdido. Cualquier gesto me contraría y voy y vengo decepcionado y cansado. ¿Qué hago en ninguna parte tan alejado de mí?
Del libro Lo dejo todo. Antología bilingüe. Traducción de M. J. Romero y uno que yo sé. Ajimez libros, Gijón 2001
06 May Oliverio Girondo
EL PURO NO
El no el no inóvulo el no nonato el noo el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan noan y nooan y plurimono noan al morbo amorfo noo no démono no deo sin son sin sexo ni órbita el yerto inóseo noo en unisolo amódulo sin poros ya sin nódulo ni yo ni fosa ni hoyo el macro no ni polvo el no más nada todo el puro no sin no
MI LUMÍA
mi lubidulia mi golocidalove mi lu tan luz tan tu que me enlucielabisma y descentratelura y venusafrodea y me nirvana el suyo la crucis los desalmes con sus melimeleos sus erpsiquisedas sus decúbitos lianas y dermiferios limbos y gormullos mi lu mi luar mi mito demonoave dea rosa mi pez hada mi luvisita nimia mi lubísnea mi lu más lar más lampo mi pulpa lu de vértigo de galaxias de semen de misterio mi lubella lusola mi total lu plevida mi toda lu lumía
BALAÚA
De oleaje tú de entrega de redivivas muertes en el la maramor plenamente amada tu néctar piel de pétalo desnuda tus bipanales senos de suave plena luna con su eromiel y zumbos y ritmos y mareas tus tús y mas que tús tan eco de eco mío y llamarada suya de la muy sacra cripta mía tuya dame tu Balaúa
De su libro En la masmédula, seguido de... Editorial Losada, 2ª ed. Buenos Aires 1963
04 March Joë Bousquet
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Anotaré el color de estas impresiones; a quienes me lean les haré partícipes de su sabor. Diré cómo la belleza de las cosas las hace reales. Deja de escandalizar a los espíritus positivos, declararé que esa belleza me parece la condición de su existencia, como si, entre ella y mi mirada, mi ser y el suyo, se hubiesen forjado demasiado tarde.
Amar, o sea, estar ausente de sí mismo; descubrir la verdad de la propia vida en la presencia de lo inalcanzable. He conocido estas sensaciones antes; las encuentro más fuertes, más ligadas, en el futuro, a enfermedades cardiacas. Durante todo el día, en mi corazón grande y loco surge una vida de la que sólo percibo el eco mezclado con lo que no me hará olvidar mi amor. ¡Si sólo fuera el amor de alguien! ¿Pero creería en la sinceridad de estos, de estas que aspiraban a compartirlo conmigo?
El amor con sus alas de cólera....
Dulzura de inventar una vida para los que nos hacen el favor de olvidar su ser por nosotros... Si ella fue para mí el olvido de lo real, ¿no sabría yo prolongar por ella el encantamiento que me ha proporcionado? Así habla el hombre, en el silencio, en la soledad; y su palabra consagra su impotencia y la inanidad de su aspiración a la belleza. Con la apariencia de un sueño aún por realizar, solamente ha entrevisto su debilidad y la esperanza de conocerse con lágrimas. No hay nada, el deseo de profundizar esta nada, de sondear la nada en la contemplación de todas las cosas.
He cambiado. Todo mi ser se estremece y se revela en mi pensamiento y el temblor anuncia con palabras auténticas que soy mortal. Las preocupaciones que me abrumaban se resuelven: mi desesperación de siempre sólo era un modo de pensar en la unión conmigo mismo; y este horror que no deja de inspirarme se aleja como una sombra al umbral de una vida donde me adentro. El tiempo no está ya en los proyectos: el acto de escribir es una alegría, el único acercamiento posible a lo que jamás se encuentra en este mundo. Escribo sin parar, evito que el tiempo me revele que, en mi corazón, no está la pulsación de mi amor.
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Del libro Traduit du silence, nrf, Gallimard 1980
(Joë Bousquet, 1897-1950, poeta francés al que una tentativa de suicidio en combate, en la "gran" guerra, le dejará paralizado medio cuerpo para el resto de su vida. Nunca más saldrá de su habitación. Se dedica totalmente a escribir. Surrealista él mismo, será amigo de Paul Eluard y Max Ernst. Traduit du silence se publicó originariamente en 1941)
Traducción y nota de M. J. Romero
11 January Giuseppe Ungaretti
SAN MARTINO DEL CARSO*
De estas casas no ha quedado más que algún fragmento de muro.
De tantos que me amaban no ha quedado ni eso.
Pero en el corazón ninguna cruz falta.
Mi corazón es el país más devastado
* En Giuseppe Ungaretti, "Antología", 2ª ed. Traducción de Rodolfo Alonso. Compañía General Fabril Editora, Buenos Aires 1971
Aquella edición tan manoseada fue un obsequio de Luis de Dios, librero de Barcelona, paisano y amigo. Aún ahora, el ejemplar es digno de verse. Han pasado también por él casi treinta años pero las tiras de celofán siguen sujetando bien las hojas medio sueltas. A las diversas lecturas de Luis les sucedieron muchas más. También las mías. Me admiraba aquella capacidad de Ungaretti para reducir el discurso en intensas páginas inolvidables. Superior este poeta, para mi gusto, a Saba, a Quasimodo y a Montale. Los muy... herméticos. Hoy, otras manos me abren el libro para que te pueda confiar este poema.
06 November Riello no existe
No es fácil sentarse ante la página en blanco y en un momento pretender que ésta se llene sin más de lugares, de nombres corrientes, de cosas que se van adivinando como sin querer. Me dicen que escriba desde aquí alguna cosa, y este texto quiere ser, no un artículo, pues me doy cuenta de mi incapacidad para tal agobio, sino más bien unas líneas de escritura desmelenada, unas líneas que acerquen en lo posible al lector a este pequeño mundo que, sin lugar a dudas, es mi mundo más hermoso: Riello, Olleir a veces. Y sucede que mientras afuera sopla un viento mágico de nieve quizás un poco alta, mientras escucho a Ben Webster con su jazz somnoliento y sensual en algo, me digo esta calma de estar solo, este vaivén de voces atenazado en las voces de los niños que cambian sus tesoros en la plaza camino de la escuela. Estas pequeñas simplicidades hacen cada día que vuelva aquí a nacer de cualquier modo, que me integre de mi propio sueño, o mejor dicho, dentro de mi propio sueño. Y Riello está presente enclavado como está en una Omaña dulce, cree crecer en sus planes de obras importantes, que si los caminos asfaltados, que si las aguas traídas y llevadas, que si la limpieza de unas zonas para el asco. Pero yo prefiero hablar de otra manera, decir que los chopos están tristes, que Lalo hoy tiene unos ojos imposibles, que a las cuatro de la tarde uno piensa que harían falta más ñuberos, más niños como Jorge o Margarita, más gorriones y más vodka. Pues en la imaginación, en el ensueño, uno se muere pero se muere a gusto. Prefiero, digo, nombrar las cosas sin apenas importancia, tan acostumbrados estamos a oír aún consignas por lo bajo, objetos de vital enjundia, fraseologías que nos pueden por poder y no por trascendencia, pantanos que harán su entrada justo aquí como si fuera natural, costumbre. Ahora suena "In A Sentimental Mood” y pienso en Chelo a quien le gusta tanto, Ben Webster nos rompe a veces la boca con la melancolía que queremos que derrame. Riello, definitivamente, se ha nublado, se baña ahora del ocre de estos montes y mira para adentro, la mejor mirada para verse. Y va a llover, estoy casi seguro. Ahora que lo pienso, hace veinte años Riello era mentira, era algo muy distinto, la casa deshabitada y las eras de los juegos iniciales, había peces en cualquier arroyo, bajo cualquier puente. Es curioso recordar tan sólo los días más felices, los otros, en cambio, se van diluyendo tanto el vacío. Pero qué importa, de algún modo he de escribir este folio, haceros partícipes también de este silencio. De cualquier forma hoy ya no podré salir de casa, mientras mi madre cose blusas de colores yo aquí, sentado, dibujando poemas improbables, breves tratados acerca de la sexualidad de las termitas. Caqui seguramente me diría que Clara es buena chica, que Ramón estaba loco. Y Carlos chuenlai que me suena a siempre, que me habla de los recodos que le nacen al amor y a ella en la noche. Caqui, arañón, se me olvidaba. Todos ellos son como duendes que el afecto entibia, y como yo se rompen, naufragan en nosotros. Pero Riello que es el sujeto impreciso de esta tarde, Riello no existe. Podría decir que acaso sea el límite mejor del abandono. Todo lo demás, ya se sabe, es literatura.
Esta amarillenta antigualla que transcribo fue publicada en "Diario de León" el 12 de febrero de 1984. Con una errata solamente. Ha llovido mucho desde entonces y algunas de las personas nombradas aquí, por cosas de la vida unos, por cosas de la muerte otros, ya no están...
02 November Camineros...
Todavía no sé de dónde he sacado el tiempo para terminar la última corrección, pero ya está. Desde hoy, "Camineros, jícaras, verdugos" pasa a ser huésped poco destacado del cajón de inéditos. Nacido con el pretexto triste del fallecimiento de mi madre, el libro vendría a ser un ajuste de cuentas, esta vez más condensado, con la memoria, con la infancia... Con lo de siempre. Los poemas que te copio son aquellos sobre los que, presumiblemente, los demás se fueron construyendo...
4 Madre, 1963
Sobre su mandil tendido llueven las migas sutiles y aciagas de la noche. Don Melitón tenía tres gatos. Yo no estaba allí, o sí, para saberlo.
12 Madre, 1965
Que la congoja cumpla su promesa, se frote las manos en tu costado. Las cabras de Juan Barbero. La escalera con ruidos y labores, qué podrías urdir para quererla más. Él no debe de andar lejos, descubre el cuerpo punzado, la rudeza. Déjame hacer tiempo, lavar el pelo con disgusto. Cuando tú ya no estés.
21 Madre, 1967
Daba pena recordarlo, la mano que sana y que cuida es idéntica a la que zarandea y castiga. Clavelitos. Un cielo azul para el que calla, en tanto ella dice el mucho amor de mentira. También la besabas.
30 Madre, 1969
Tarareaba en silencio para que el otro escuchase. El energúmeno, el traidor mismamente. En la plaza, de día, correrá el rumor del desnevio. Yo vendo unos ojos negros, quién. Quién querrá saber de la desesperación ahora.
45 Madre, 2006
Nadie más va a cantar para adormecerse sin ti, cuando el dolor hace estragos y las tardes sofocan, dan vértigo. Nadie más va a venir a tu lado, deprisa, deprisa, no sea que el tiempo nos desnude, nos tire de la manga como un dios odioso. Solos tú y yo condenados también a no hablar. 16 August 30 años y un libro
En estos días de agosto, ahora hace treinta años, un viejo conocido mío salía de la Imprenta Casado con los primeros veinticinco ejemplares de un libro completamente amarillo debajo del brazo. Ni que decir tiene que su sangre debía ser sublime hervidero, o si no, proceloso mar de dudas que ahora mismo comenzarían a darle la lata. Daba igual. Era su primer libro publicado y a partir de este momento, pensaba él, rompería la suerte a sonreírle, eso que los demás llamaban el éxito, las numerosas reediciones, el Nobel a no tardar... Pero claro, tuvo que armarse antes de valor y arrancar de su rostro, a manotazos, los restos de vergüenza para acometer el bobo peregrinaje por las librerías de la ciudad, las emisoras y los diarios. Me contaba el jueves que descubrió al hoy centenario Victoriano Crémer, sentado en la redacción inmensa de "La Hora", su amabilidad al serle entregado un ejemplar dedicado de la gran obra primeriza y, a los quince días aproximadamente, la aparición de su reseña en el periódico, igualmente amable y exquisita. Me contaba, asimismo, cuando fue a encontrarse con Antonio Gamoneda en su despacho de Provincia y, entre ducados y ducados, tembloroso, le hizo entrega al poeta, no laureado y consagrado como hoy pero sí magnífico desde su Descripción de la mentira, que aparecería en diciembre, de otro ejemplar firmado con pluma estilográfica, of course. Meses después, la prometida reseña en "Tierras de León" y el inicio de una bondad con él y con su obra que se ha prolongado a lo largo de los años. También por aquellas semanas este viejo conocido mío fue llamado a la radio por Miguel Escanciano y por alguien más que no recuerda ya. Camino Gallego, de "Diario de León", lo intentó con su entrevista y con su foto aunque no consiguiera sonsacarle al autor excelsas declaraciones: algún que otro el poeta quiere comunicar..., muy de la época que concluía, como mucho. Supongo que no importa. Importa, en cambio, señalar que las ventas no cumplieron lo más mínimo las expectativas de mi amigo. Nueve ejemplares, a lo sumo trece. Si no hubiera sido por su abuela, que revolvió Roma con Santiago para meterles a sus vecinas de Gradefes por los ojos bastantes unidades del librejo, la edición se habría convertido en una auténtica catástrofe. Lo fue, lo fue, pero daba tanto gusto verlo con su libro en la mano Ordoño arriba, en los jardines del Cid, completamente ausente. Qué gran chico aquel poeta... cuando estaba sobrio.
15 July Riaño 1987-2007
La revista Argutorio, en su reciente número 19, incluye un especial dedicado a RIAÑO VIVE, al reunir una buena porción de colaboraciones de escritores, ecologistas y gentes afines que tuvieron, que tuvimos, algo que ver y que decir contra la insensatez de entonces. Mi aportación es el texto siguiente, un pequeño homenaje a Riaño veinte años después de aquella salvajada.
LOS PUEBLOS BORRADOS (LEYENDA DE AQUILINO EL NIGROMANTE, c. 1918)
A mi madre
Desde entonces, cada 31 de diciembre los locos de atar suben al Bastio a contemplar a sus pies el vacío. Se dicen cosas que es preferible guardar en las cajas verdes de hojalata pues era allí donde mejor se aseguraba el recuerdo. Alguien puso en sus brazos un sombrío poder, alguien atravesó sin querer sus ojos con bastantes aguzos. Solamente ellos fueron capaces de no hacerse preguntas. La lluvia invisible no cesaba en su empeño de dibujar más caminos que nadie, nadie tampoco escuchó los presagios. Tendría que haber ocurrido una vez, las palabras intimidan tanto alrededor del saúco: abandonarás tu tierra como un apestado, montones de agua para el mayor de tus hijos, desnevios... Semanas más tarde dieron con su cuerpo en las tapias de Arriba, el sexo oscuro arrancado de raíz, la mano derecha repleta de liquen. No puedes volver no puedes volver no puedes volver. Desde entonces, cada 31 de diciembre los locos de atar suben al Bastio a contemplar a sus pies el vacío. Claro, no sin antes escudriñar un poquitín en la cueva donde se les apareció una virgen, sí, sí, muy puta e ingrata.
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