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01 November Ríos de pasión y fuego
-Nadie lo sabe con exactitud -me respondió uno de sus cofrades-. Aunque yo escuché a don Pedro Argüelles decir que se debe a un milagro. Al parecer, procedente de Asturias, una mula transportaba la imagen hacia algún lugar desconocido: Villablino, Ponferrada... Quesei yoe que. Pues bien, al llegar, justo al lugar donde se encuentra su pequeña capilla, la mula, tozuda ella, se negó a seguir adelante. La forzaron, le zurraron la badana, pero "ná”, de "ná". La mula "so”, en vez de "arre”. Que no, que no había manera de que continuara su camino. Solamente cuando le quitaron las alforjas donde iba la imagen del Cristo crucificado, la mula, sola, entonces sí, comenzó a andar. Extrañados de la actitud del animal, se pusieron a pensar y... cayeron de la burra: lo que el animal pretendía decirles es que la imagen que transportaba quería quedarse en el pueblo de Caboalles de Abajo. Así fue como decidieron hacerle allí mismo una pequeña capilla. Pequeñísima capilla, como ustedes comprobarán. Lo comprobamos unos minutos más tarde, claro que sí. La capilla, ciertamente, es tan pequeña como llena de encanto. Su retablo es barroco del siglo XVII y las dos tallas, situadas a ambos lados del Cristo, pertenecen al románico tardío, siglos XI y XII. El Cristo de los Mineros no estaba en su hornacina, por lo que preguntamos cuál era el motivo. La respuesta que nos dieron fue que desde el Domingo de Ramos -todos los Domingos de Ramos-, la imagen se encuentra en la iglesia parroquial para preparar la procesión del Viernes Santo. También nos dijeron que esta imagen corresponde a finales del siglo XVII, principios del siglo XVIII y que, además, antes fue venerada con los nombres de Santo Cristo de la Vera Cruz y Cristo de la Misericordia. Este dato, precisamente este último dato, que yo ya conocía, fue el que me acercó, el que nos acercó, a Caboalles de Abajo. Y lo hizo porque una simple imagen, sea de cartón, de madera, de mármol o de oro macizo, no logrará mover jamás una montaña si el pueblo, en este caso un pueblo minero, no la lleva subida en las andas que empuja un único corazón, por encima, incluso, de los mandatos impuestos por la Iglesia. Fue a mediados del siglo pasado cuando el Cristo de la Misericordia, por acuerdo de todo un pueblo, el pueblo de Caboalles de Abajo, pasó a denominarse el Cristo de los Mineros. Desde entonces, los mineros lo han aceptado como suyo y, sin sacarle de su capilla, le han llevado con ellos a la mina para que el trabajo..., un trabajo tan sucio que asfixia y cabrea; que te va reventando por dentro y que te hace sudar... polvo negro, como el carbón que se ha de arañar de las entrañas de la tierra con uñas bien afiladas y un par de huevos, pensando únicamente en el jornal que se ha de llevar a casa para mantener la familia. Un trabajo... ¿como otro cualquiera? Pues no. Porque estás sepultado en él y porque vas respirando... una muerte traicionera que te acecha allí donde menos te lo esperas. El maldito grisú, las inundaciones, las explosiones incontroladas, los derrabes... Un trabajo donde los accidentes laborales, a lo largo de la historia, han llenado el cementerio de luto y han puesto lágrimas y título (de viuda) a más de una mujer; a todo un pueblo. Sin embargo...
Por Caboalles de Abajo un Viernes Santo
Gregorio Fernández Castañón, "Ríos de pasión y fuego". Edición especialísima, pero que muy especialísima, del autor. Colección Narrativa lúdica/experimental. León 2009.
15 September Descalzos sobre las brasas
CONJURO PARA DESPEDIDAS
Cristales arrojados a un pozo seco, así eran sus palabras en la noche, brillantes, volátiles, simples, hirientes, significantes berbiquíes directos a la razón, y allá al fondo, con un sonido sordo y seco, quedaban clavadas para siempre.
La arenisca que hierve en el televisor, alfileres, la tapa de una lata abierta, una radial, tijeras con herrumbre, limaduras de hierro, el tallo del rosal, un higo chumbo, la escolopendra, el alacrán, la llave, significados arrojados a los pozos para curar verrugas, desmantelar maldiciones, olvidarnos allí.
José Carlos Pajares, "Descalzos sobre las brasas". Eje Ediciones, col. Ería. León 2007. Ilustraciones de Amancio González.
21 August Los sueños raros
GRITAR EN VERANO
A lo mejor ya habían venido los vencejos al calor desproporcionado de cualquier desmemoria. A lo mejor, también, nos preguntaríamos entonces qué habría de cierto en la mansedumbre y en la mala leche de la gente.
Vuelves tu rostro y por doquier te topas con nombres terminados y figuras desiguales por la edad que asumen con fatiga, lo miras nuevamente todo y quieres llorar porque en un poema llorar aún es comprensible.
Secas tus ojos con la sábana vieja, la del sudor que te producía el monstruo desvencijado de la niñez cuando, de noche, te arañaba el muy cerdo. Aunque es probable que tus ojos no sirvan ya para nada. Y sin embargo hay menesteres peores, es la pura verdad.
Uno querría volver y destruirlo, volver a amanecer y gritar en el verano como el energúmeno grita poseído por su leve impotencia, su octavo aniversario, su esclerosis. Uno ya no puede ni siquiera regresar.
Y se conforma con añadir al poso del café algún veneno zafio, un cierto temblor que no se advierta, o una miga de pan duro cuando menos. Ya se sabe que la infancia es un tesoro escondido en el baúl que nadie recuerda dónde fue enterrado, ni por quién.
Al fin y al cabo es muy hermosa la nieve.
© 2002
25 June La casa vieja
PARA TUS OJOS
Seguro que venían de otro tiempo, como mínimo del que ya no basta nunca para haberlo perdido: árboles en llamas y la muerte que por allí rondaba llamando. Nos importaba la felicidad, tanta dicha profunda que al alba rociaba, con raros pinceles, la carne de tristeza y de angustia los taxis. A veces teníamos prisa por llegar a tus labios mayores. Un hotel abierto, una muchacha que no se acuerda de ti, el amor hecho a escondidas porque luego todo se sabe. ¿Quién te mostraba su pecho helado y las llagas tan feas por doquier? Para tus ojos se inventaron las flores del saúco, los amores muy falsos y las cinturas de avispa. O si no qué más daba.
COSAS
Severamente, pero también con abundante serenidad, los amigos se han marchado para siempre. De la vida te queda su dulce matraca, y su eyaculación rigurosa. Nadie nos vio de aquella corretear buena parte del camino detrás de algo extraordinario, algo de cartón y espuma, de candor y de besos que se dan a las novias los jueves. Ahora mismo parece que va a llover y nos falta tiempo para hacer de esta tarde una hoguera triste donde quemar las horas. Nadie nos vio abrazarla tanto. Si acaso, pretendíamos buscar de soslayo un cuerpo que sirviese también para morir. ¿Por qué nadie nos dijo, entonces, que todo acabaría tarde o temprano? Hoy te duelen las manos muchísimo y alguien, para siempre, ha trancado la casa...
© 1999 - Edición digital en 2002
26 May Los sueños apócrifos
EL PERDÓN Y LA IGNORANCIA
[...] sólo nos diferenciamos por el tipo de autonegación que elegimos o nos fue impuesto.
Juntacadáveres, Juan Carlos Onetti
Según elementos comunes a diversas crónicas, casi todas anónimas y sospechosas de plagio, la noche que inauguró el prostíbulo, Juntacadáveres compartió la vigilia de las mujeres y tuvo que ver cómo se iban arrugando sus vestidos, cómo se deshacían sus peinados mientras esperaban, en vano, al primer cliente sanmariano. A las dos en punto de la madrugada, hora del cierre, Juntacadáveres apagó el gramófono, pidió a María Bonita que lo acompañara a una de las habitaciones y despidió a las demás. Tirado sobre la colcha, pronunció la enésima justificación del fracaso y dejó que la mujer practicara sobre su cuerpo una versión abreviada del afecto. Cuando acabó, se metió entre las sábanas y, dando la espalda al mundo, durmió. Uno de los testimonios recibidos incluye el relato de lo que soñó aquella noche. Escrito en primera persona, mecanografiado y sin duda apócrifo, en él se dice: «Los sueños tienen siempre alguna base en pensamientos débiles de la vigilia, pero los detalles son responsabilidad de Brausen. Sé que, esta vez, muchos se permitirán la burla. Allá ellos». Siguen a esta consideración otras aún más impertinentes, y por fin comienza el relato de lo soñado: «Me sacaron de la cama Medina y dos de sus hombres. Sin modales, con eficacia, me echaron a la calle, donde esperaba toda Santa María. Estaban, en primer término, los caballeros de la Liga de la Decencia, y a su lado, intocables, vírgenes y odiosas, las muchachas de la Acción Cooperadora con su cartel en alto: Queremos novios castos y maridos sanos. Hubo unos segundos de silencio similares a los que siguen a la contemplación de un vómito. Tras ellos, como si obedecieran la señal de un director de escena, todos comenzaron a vocear maldiciones. El boticario Barthé, consciente de la importancia que puede tener hasta el más pequeño papel en una representación, se aproximó con una corona de espinas y la hundió ceremoniosamente en mi cabeza. A continuación, el doctor Díaz Grey colocó sobre mi hombro una cruz larga y delgada. Dando por aceptable mi caracterización, el padre Bergner, con la casulla morada y un cirio en las manos, se abrió paso entre la gente. Le seguí. Todo parecía minuciosamente ensayado; solemne, desapasionado, perfecto. No quise estropearles su linda farsa y por eso, aunque mi cruz no pesaba, simulé las tres caídas que marca el protocolo. María Bonita, medio desnuda y llorosa, acudió a enjugar el sudor de mi rostro con una sábana en la que apareció la imagen de un niño olvidado. Al llegar a la plaza, bajo la estatua de Dios-Brausen, comenzaron a azotarme. No sentí nada, incluso me tuve que esforzar para que los espasmos que me producía la risa parecieran fruto del dolor. Miré al augusto jinete de bronce, que contemplaba la escena extrañado, como si no reconociera en ella su autoría, y pensé que podría escoger y deformar cualquiera de las siete famosas palabras; me permití la flaqueza del odio y opté por aquélla del perdón y la ignorancia: —Es cierto que no saben lo que hacen —dije—, pero no tengas piedad de ninguno de ellos. Brausen, asintiendo, respondió: —Descuida. Luego me arrancaron la ropa y comenzó la escena de la crucifixión. Grité, aunque tampoco eso me dolió. Ya alzado, vi en primera fila a dos hombres que murmuraban y me señalaban. Uno tenía barba y era joven; atento, servil, se dejaba ilustrar y aconsejar por el otro, un hombre muy parecido a mí, con mis mismos ojos saltones, mi terno gris, mi calva grasienta. Sin duda, sabían que yo soñaba, y debían de estar comentando los detalles de mi delirio. Iba a insultarles cuando Medina, a mis pies, sacó su pistola. —Puedes decir tu última palabra —dijo, apuntándome al pecho. —Mierda —le contesté—, nunca me merecisteis. Disparó, sentí que me quedaba sin aire, empecé a boquear y desperté».
A Luis Miguel Rabanal
Alberto R. Torices, "Los sueños apócrifos". Los libros de Camparredonda, 5 (Serie verde). León, 2009. Ilustraciones de Silvia Álvarez López-Dóriga. Prólogo de Gregorio Fernández Castañón. Epílogo del autor.
03 May Pajaroquealanochesederrama
PASEANTE DE SÍ MISMO
¿Adónde llevo yo con mi pisada con mi patita de gozque apesadumbrado por la diáspora? ¿En qué nieves se imprime y añuda pétreo en sus grietas mi pasado? ¡Échense a andar tal Vallejo al cadáver que acucia su esperanza! ¡Váyanse lejos allá de donde caiga el disparo, tras el montecico de basuras que emergen de mis sueños!
Imprimí el sello de mis cinco dedos saltando en juegos de epilepsia con mi mami. Me lanzaba al aire y repicaba de gozo al compás del grujido del volcán para incrustarme en el barrillo. La esperanza de volver a andar. La esperanza de tus endemoniados juegos infantiles con tu mami, tu gritería en un marco de zumbidos de balas y repetidas explosiones... Otra vez aquí ayer, allí ahora. ¿Dónde? Un paseo que me vuelve en mí, al oído el crujir del grijo. Estupor de único testigo que se encuentre paseante de sí mismo.
Eloy José Rubio Carro, "Pájaro que a la noche se derrama", Centro de Estudios Astorganos Marcelo Macías, Fuenteencalada, 18. Astorga 2009
09 April Cartas celtas
Paisaje de infancia en la cocina
Alboronía, caldo, abuela, huele la casa a piel de naranja, hierros en el fuego, arroz con leche, papilla, papaya, dulzura, toda la nata en una pota.
Flotas en el algodón de un lecho de arreboles sin saber cómo interpretar los petroglifos. Cada cosa está unida a un nombre, cada nombre tiene su propia vida.
Madre, manta, escaramuza, te has clavado el alfiler en un sofoco. ¿Qué soñaste que no pudo ser?
Días de lluvia y de poner en orden las cosas.
Eloísa Otero, "Cartas celtas y otros poemas", Ediciones Leteo, Col. Azul de metileno, León 2008
31 March Resumen del silencio
los pájaros que de niño tuve en la cabeza eran aves migratorias. Por eso nunca se establecieron en mi entorno: yo tan sólo era el frío continente que surcaban en su éxodo hacia el cálido paraje en que, anidando, convertían en realidad los sueños de otro cuerpo.
Hoy aún recuerdo algunas de las cosas que su revoloteo me invitaba a desear (un coche de madera con botones que al pulsarlos me dieran coca-colas; un helicóptero Apache hecho a escala con el que irme volando hasta mi pueblo; unos playclicks capaces de formular lo que yo previamente había escrito en un papel doblado que alojaba bajo el pelo extraíble de la pieza)
y me río de absurdas e imposibles a la vez que medito y me pregunto si estos que ahora me rondan la cabeza no se convertirán mañana en buitres que asedien el cadáver de los sueños que ya han vuelto a mí en busca del verano.
Carlos Contreras Elvira, "Resumen del silencio", Premio Leonor 2008, Diputación Provincial, Soria 2009
16 March Casi sin querer
Vacaciones de verano
Verano en Vernon
Tu risotada suena a asma es como una palmada en el brazo cariñosa pero sin pasarse y por un instante uno sólo y de los más cortitos parece más lento el día nuestra soledad más feliz y que van a llegar esos momentos íntimos que para nada son mi rollo
así que me detengo me acomodo las pelotas y espero que las cosas no se pongan demasiado feas en un día de calor infernal y pocas ganas -tú me entiendes- de amor.
Javier Vázquez Losada, "Casi sin querer", Ediciones Baile del sol, Col. Poesía, 94 Madrid 2009
08 March Llibretina de tornes
ACTU BRUXERÍA
Pa esnalar los díes de lluna llena ye más afayaízo emplegar la cuyar que la escoba.
Hai más llibertá pa suañar si ta'l butiellu llenu.
Joaquín Gómez (1951-)
EL CUERPU QUE FRAÑICASE
El cuerpu que frañicase decapellanáu. La mesma furia d'aquel día, la tiesta qu'estalla, l'amor desfechu de pie tres les casones.
Pa que te resarzas con elli, pa que naide diga vivió baxo'l to techu, prodúxote una vegada inmensa estrañeza.
N'acabando dirá a la to gueta. Afogaráse na to llingua, el cuerpu invadíu por aliques.
Luis Miguel Rabanal (1957-)
José Luis Campal, "Llibretina de tornes", Apenas Livros, pp. 8-9, Lisboa 2009
Traducción al leonés/bable de textos de diversos autores de distintas épocas.
06 February Imbécil y desnudo
GASOLINA, SANGRE Y FUEGO Barcelona, lunes 19 de marzo de 2007 (21:03)
Si os pitan los oídos, colegas trepas, aspirantes a la administración vestidos de creatividad, de academia o de periodismo, autodenominados consultores y demás, soy yo, que os he puesto hoy a bajar de un burro a la hora de comer, no preocuparse. Nos hemos choteado de vuestra frustración, de vuestros tejemanejes y de tan poco talento. Ha sido divertido rememorar vuestras riñas por un pedazo de carroña, como siempre que se habla de los que no están, como una sesión de generación de fantasmas, con esas apariciones autoinducidas. Dicen que en las sesiones de ouija la alucinación colectiva más recurrente es siempre ver mariposas y moscas sobrevolando la estancia; pues igual: mariposones y moscardas. Seguro que ustedes han oído hablar de la de cocaína y putas que cuesta vender un programa a la tele, por ejemplo. No es ningún mito, es algo que se da. Habrán oído también acerca de los premios “del público” que otorga este o aquel festival a un largometraje. Eso sí suele ser un mito, eso muchas veces es una diplomacia o un convenio guapamente, como los concursos literarios. Y subiendo. Ya me dirán por qué saco el tema si luego no soy capaz de inmolarme con nombres y apellidos, pero, en fin, que algo relaja, que la bilis no la quiero y la dejo aquí como si fuera cosa vuestra, cuando es mi hígado y mis circunstancias. También nos hemos reído un poco de las personas que comen oligoelementos, es verdad, pero ahí no hay ardides, ahí hay una sandez existencial que no sé qué es peor.
Fragmento de Rubén Lardín, "Imbécil y desnudo", Ediciones Leteo, col. Relojero de Benaguás, León 2008. Edición al cuidado de Alberto R. Torices.
27 January Cosas de tonto
Mi carne no es la carne que esperabas. Mi lengua no es la lengua que hacía de las suyas al bajar la neblina, entregándose a ti como un borracho, diciéndome a mí mismo las palabras funestas de costumbre: ten piedad de mí, ten mucha piedad de mí, ten mis brazos* y cose mi garganta. Tampoco yo soy el que esperabas, con el cabás de los chiquillos o camino de otro asedio, con el fusil de los combates estúpidos y sobre todo con el amor de los sábados, tan tierno e imposible. Ten otra vez piedad de mí, no soy yo y no sabría perderme. Toma mi cabello y ponle una cerilla que agoste la memoria, cumpla con el requisito de la intemperie y no me dé la calentura. No adivinaría ya cuál es mi sitio, ni siquiera recordaría sin ti el nombre de tu nombre o lo que es igual, la demencia que engendra más pesadillas de las malas. Ya sabes, imagínate que eres la sombra más amada, la más espeluznante, el doble de ti mismo. Puedes quitarte la ropa interior que me hacía temblar, yo soy otro y si lo prefieres córrete en mi boca y también escribe en este poema con más delectación. Me resisto a creer que todo ha terminado**, la tarde se cumple sin goteras y desde mi ventana da gusto ver llover, merece compasión quien me ha mirado así. Quién ha sido el último de todos.
* Nadie pensará en cuanto afirmaste un día atolondradamente. Eso sí, tomarás la copa que enerva los mejores deseos, el bebedizo que asustará más tarde al adversario que proteges de la ternura. El pasado cerró sus ventanas para ti, dulcificó tu sangre hasta un punto insospechable, dignificó para ti también la vergüenza y la inquina de haber sido ignorado por quien te importaba.
** A saber, la edad fortuita, el otro que te seguía a donde fueras, la adolescente que terminará de secar su pelo después de haberte masturbado en lo infinito. Olleir no existe tampoco, te dijeron algunos.
© 2002
20 January La cámara de niebla
el universal
… me recuerdo saltando, bailando... porque en el Universal es de los pocos sitios en León donde se puede bailar... es superior a mis fuerzas, aunque esté sentado en ese taburete que me saca Susana de la bodega, sobre todo si pincha Bingo, ese hombre de sonrisa pícara, famoso por sus camisas, que habla con las canciones que pone, es su garito, ya son veinte años en primera línea de lo que se cuece en León... Y, si suena Aretha, me dan igual las putas muletas, freedom, que la gente se quede flipando con uno que baila y brinca a la pata coja, es el Bufha, el gastón del Uni, barra en la que me he refugiado en demasiadas tormentas internas, que siempre me ha sujetado, donde he encontrado una sonrisa amiga, una canción que suture unos instantes la herida que me dobla sobre ella, I feel good, parapara para pá, y resurjo, me tambaleo, no veo nada ni a nadie, pero siempre alguien me sujeta, si soy así, she´s got the jack, siempre oliendo, electrocutándome, porque allí he conocido a las mujeres que me han aportado algo en esta vida, por allí han pasado, me han buscado, en la barra o por debajo de ella, esa carretera secundaria hacia el infierno en mi cabeza, donde he perdido todos mis ases apostando al brillo de unos ojos de gata, desnudo, así siempre estoy, bebiendo barriles para tapar mis partes pudendas cuando lo doy todo para ti en la barra del Uni, cuando tengo a los pies mi ciudad y te recuerdo, te busco en el recuerdo de hace un instante que ya pasó, y te quiero volver a encontrar para volver a sonreír, Choose, porque elijo tus labios, esencia de un buen Blues, el que ahora suena, el ritmo en tu cuerpo de silencios, ya sabemos todo del muro... otro ron, otra canción que sirve la sonrisa de pearcings dentales de Susanita, las camareras del Uni, la vida que me dan... en esa barra que siempre me ha rehabilitado... I think, think, think
You better think (think) think about what you're trying to do to me Yeah, think (think, think), let your mind go, let yourself be free
People walking around everyday, playing games that they can score And I ain't gonna be the loser my way, ah, be careful you don't lose yours ... y un toc toc toc de mis muletas siguen el ritmo en el garaje donde guardo mis noches...
Bufhadas (pop up)
Fragmento de Alfonso Xen Rabanal, "La cámara de niebla", Editorial Eclipsados, col. Prosas, Zaragoza 2008
17 January Al ladrón
SU NOMBRE ES LAINUS ROWLING
Como un desahucio lento, legal y doloroso amnistiada por fin, libre del todo me levanté un día y vi otro rostro, una vida que no era ya la mía. Ni siquiera escrita en la lista de los desaparecidos. Poesía perdida que la robó otro. Otro. Decía, que tengas buenas pesadillas, puta mientras daba la vuelta dentro de un pijama rojo y ensangrentado por sus propios arañazos. Un papel y otro lo decían, y lo decía él y yo me lo creía. Doce apóstoles. Doce años de lágrimas y surcos doce gotas de suero. Nadie te creerá nunca, me decía. No te dejo señales. No te pego. No tienes pruebas. Necesito escasamente dos minutos para hacerte llorar. Y yo lloraba.
Consuelo García del Cid, "Al ladrón", El Taller del Poeta, Pontevedra 2008
11 November Fantasía del cuerpo postrado
I
Después de las palabras la risa del muchacho que sufre, dime ahora el verdadero aspecto del dolor. El más desmesurado y vil.
Cada tarde una hoja del turbio cuaderno que sobra, seguramente voy por la noche a desfallecer contigo. Pellizca el extraño la piel de mentira, borra de su boca la ternura que hubo.
Creer que la vida tiene contados ya los secretos. Creer que me sobrevive la cantinela del insomne: arráncame, por qué no, los ojos. Nadie nos ha visto.
VII
Escrutaba en los libros el final de la noche y se me iban las manos a entorpecer su deseo. Yo, el que tendría que haberse marchado, el embaucador y el horrible.
Te preguntas las causas de aquel desbarajuste. Se hace tarde en tu corazón como pensabas y junto a ti se soporta mejor la dicha. O tal vez no era eso, dice.
Has fantaseado con el territorio preciso, allí donde las horas sabían herir muy bien tus ojos. En el camino de Ceide terminaba el placer.
© 2006
20 September Despojos de la vida alegre
LA CULPA
Si acaso hubiera encontrado alguien la parte de verdad que corresponde a todo entusiasmo, al menos ese que subyace en el dolor como una espada colmada de herrumbre y con niños abrazados a su furia. Si cuando menos alguien tuviera para ti un momento de virtud, eclipsada por la abulia tal vez, sólo cuerpos que ofrecen deprisa su deseo y después se arrojan las inmensas toallas y lagartos muy tiernos. Presumiblemente entonces el tiempo nos remitiría cartas legibles donde desprestigiar el embuste de todo, es decir, este abandonado ámbito en que yaces desde la renuncia o los árboles secos, esta melodía del adiós que arranca y termina de una sola dentellada del tigre que más amas. Ya casi todo ha sido dicho en tu descrédito. Y en cambio a tu rostro hoy le abandonan las sendas aún verdes del otoño y los lugares repletos de ahorcados, tan magníficos en su connivencia para recordar tiempos mejores, tan dados a retrasar el porvenir como las putas, o de nada se ha enterado el muy bruto y gilipollas. Ni siquiera comprendes que el final, el verdadero final, es esto: un paisaje arrancado de tus ojos, un niño que te mira y se parece a tu pequeño, un barco que en la Ría cumple con su oficio de perseverar en lo grotesco de la noche. La culpa de todo la tuvo el chachachá, sin duda. Quiero pensar que tú ya lo sabías, por lo menos esta desazón que producen el arrepentimiento y la malaria y las mujeres pretenciosas, pues si no estaría dispuesto a dimitir de mi privilegiado mirador, mejor me callo, tú me conoces.
UN HOMBRE QUE DICE ADIÓS
I
Merece nuestra gratitud quien nos ha conducido de su mano fiel al final de la vida. Nos ha argumentado que sólo en esta barbarie seremos felices, nos enjuga el sudor de la fiebre y arroja nuestros ojos lejos, muy lejos de aquí. El verdadero lugar donde rompen su espuma las olas.
II
Es el que aún no ha soñado lo suficiente como para decir apártate de mi lado pues huele fatal mi cuerpo, me sabe mal la boca, a lumbre y a subterfugios de la noche tales como dolor y violencia y sucios dientes clavados en el manto deshilachado de la vida. Es el hombre que ya no esperábamos ver jamás, rendido ahora en su jergón lo mismo que un guiñapo, desnudo entre su vómito y su nube blanca repleta de amargura. De esta madrugada no pasará, nos garantiza alguien. O es que, por el contrario, equivoca su risa desencajada en un sucio montón de ropa vieja de hospital donde nadie todavía le esperaba. Es muy vil su rostro, tiene temblores y afuera luce un sol hermoso que tampoco es el suyo. Mas qué nos importa este hombre que ensordece con su grito, y nos invaden sentimientos de desgana hacia todo cuanto lo nombra en su postración: su boca apenas si expresa algo más que un pasado espantoso, no debemos volver a mirarlo, no debemos volver. Y sin embargo parece mentira este cuerpo que nos hace guiños oscuros...
© 1998
18 July La casa roja
Supongo que alguien lo habrá escrito antes que yo y me da igual: Juan Carlos Mestre es LA PALABRA ENCANTADA. Así, en grandote. ¿Sólo eso? Bueno, no. También es el poeta al que más me gustaría parecerme cuando sea mayor, junto con lord Byron y Basilio Kandinsky... Los poemas que siguen pertenecen a su libro La casa roja*, de muy reciente publicación.
ANTEPASADOS
¿Dónde comienza mi memoria? AMOS OZ
Mis antepasados inventaron la Vía Láctea, dieron a esa intemperie el nombre de la necesidad, al hambre le llamaron muralla del hambre, a la pobreza le pusieron el nombre de todo lo que no es extraño a la pobreza. Poco es lo que puede hacer un hombre con el pensamiento del hambre, apenas dibujar un pez en el polvo de los caminos, apenas atravesar el mar en una cruz de palo.
Mis antepasados cruzaron el mar sobre una cruz de palo, pero no pidieron audiencia, así que vagaron por los legajos como los erizos y los lagartos vagan por los senderos de las aldeas.
Y llegaron a los arenales, en los arenales la tierra es brillante como escamas de pez, la vida en los arenales sólo tiene largos días de lluvia y luego largos días de viento.
Poco es lo que puede hacer un hombre que sólo ha tenido en la vida estas cosas, apenas quedarse dormido recostado en el pensamiento del hambre mientras oye la conversación de los gorriones en el granero, apenas sembrar leña de flor en la sábana de los huertos, andar descalzo sobre la tierra brillante y no enterrar en ella a sus hijos.
Mis antepasados inventaron la Vía Láctea, dieron a esa intemperie el nombre de la necesidad, atravesaron el mar sobre una cruz de palo. Entonces pusieron nombre al hambre para que el amo del hambre se llamara dueño de la casa del hambre y vagaron por los caminos como los erizos y los lagartos vagan por los senderos de las aldeas.
Poco es lo que puede hacer un hombre con las migas de la piedad, comer pan mojado los días de lluvia a los que luego seguirán largos días de viento y hablar de la necesidad, hablar de la necesidad como se habla en las aldeas de todas las cosas pequeñas que se pueden envolver con cuidado en un pañuelo.
EPÍSTOLA A LOS DÁLMATAS
Hermanos os aseguro que el evangelio predicado por mí no es un producto humano. En este mismo instante un francotirador desde la ventana observa una abeja y la hierba que crece en el estadio de Maracaná es el pelo de Cristo. Id al horizonte, hay roperos con solapas que se van de ronda y en los surtidores de la edad salvaje cada ranita de Darwin es la mascota carbonizada de un Buda. Tomadlo como queráis. La noche mueve las ratas de su sitio, el crupier de los mausoleos deja patas de bicho en los pañales de infancia. Por el pasamanos del otoño rueda un ojo de violín en el que hay dos soldados. La argolla del rey David entra en la ballena de Jonás, la nodriza de Edipo es alimentada por un papamoscas en la corneta de leche. Acercad vuestro cuello a los aserraderos. El candidato a Predicador del Estado es un fabricante de cucuruchos. No os dejéis ametrallar por la carcoma, la madre de todas las batallas es una bala perdida. La seriedad del desierto se abate sobre nosotros. Escuchadme como si os diluyerais. Las cabezas cortadas a patrón ajustan las correas de la silla eléctrica. Miss Antorcha de América se mete en la cama con cualquier vitrina de armiños. Lo preciso de un pie ya no es lo precioso del otro. Los timoneros rubios ya no llevan una gardenia en el pico. En los balnearios de Normandía la secta del bismuto ha envenenado a Breton. Hermanos os aseguro que el evangelio predicado por mí no es un producto publicitario. Huele a grisú en los escudos feudales. A rosas de la variedad Hiroshima cada lomo de libro. Bien o mal los alpinistas siguen subiendo y el barbero probablemente afeitando. Un bouquet de dedos en la madriguera de chinchillas. Una corona de glándulas de castor en los mimos dominicales. En los museos vírgenes hay mecedoras de jengibre. Ceniceros de sangre pura en los pianos de invernadero. La iguana del bufón huye por las cañerías con la temperatura de los ahogados. Los ojos de Martin Luther King se enfrían bajo los pisapapeles.
* Juan Carlos Mestre, La casa roja, Calambur, Madrid 2008
08 July Los sueños raros
MEMÉ EN SUS LÁGRIMAS
Desde que sus ojos poseen la edad tramposa del delirio y su voz la justa voluntad para hacerse señor de cuanto descubre en su senda, desde que es un niño dulce y te besa con el rigor vehemente de quien enumera la extraña dicha de los otros, ya sabes que pronto habrás llegado.
Y no te produce cólera contener tu escalofrío, vocear su nombre hasta la próxima caída, ni marcharte como un viejo que presiente su cercano desenlace: sus labios sobre tu cuello helado, sus ojos cerrados en los tuyos y una canción apretujándose al fondo de la casa. Hijo, tendría que haber ocurrido todo esto muchísimo antes, le contesta.
Con su violín desgarra también sin pudor el tiempo. Y crees todavía en las cosas que le darán molestias, o sufres el instante en que, tendidos los dos, juegan a extraviarse en medio de la famosa patrulla de marines, a volar los fuertes de Iraq y de la noche y en ella auxiliarse con excesivo ruido.
Cómo advertirle de las garras generosas del negro azar, de sus muñecas de trapo y de sus balones fuera. Si te mirara ahora bastaría para reconocerte en su papel de condenado.
SUEÑOS REPETIDOS
Da igual, si te fijas, tu sufrimiento, tu acuciante dolor, que la tonta sonrisa del vecino del quinto, tan disparatada y cruel y estentórea, y tan rumbosa. Todo es una ebria marioneta que alguien gesticula para ti, por mucho que ahora se te revuelva el estómago, se te achique el corazón y escribas con salero tengo frío.
A lo mejor a tus ojos les falta la pátina necesaria para estar vacíos, esa enojosa bondad de las niñas ahogadas en medio del arroyo, y darías cualquier cosa con tal de verte allí de nuevo. Un portal mojado por la lluvia torrencial y un gato tembloroso muy probablemente suplicando perdón. Acaso hoy no permanezcas ya tendido en tu lecho empapado y te encamines con lentitud al encantado país del reposo absoluto y de las grullas que apedrean al audaz forastero.
Sueños repetidos que maltratan sin piedad tu rostro. Cuerpos que dispuso para ti el amor a medianoche yacen con otro soplagaitas y son muy felices los dos añorando tu boca y tu polla decrépita.
Da igual tu asco que su arrogancia al pasar a tu lado y decir fíjate, hombre, ya apenas si se mueve, ya no se mueve, ya no se mueve más.
© 1997
11 April 65 máscaras
Es la víctima del consuelo, abusa la memoria y está aquí conmigo. Se le puede ver corriendo por el bosque, un demonio sonríe una muchacha sin edad. Todos nos cansamos si se desvanece, seguro que va a nevar al doblar la esquina. Para qué las palabras.
Para que los labios incluyan tu nombre a pesar del fuego que ocurre, para que la ubicuidad nos prefiera. Sueños sobre la arena hazañas del que mira se hará de día como un embuste. Dispones del plazo, eres el dios que destruye horas hasta su propio asombro.
Te enternece contemplar su crecimiento, espías su voz casi con vergüenza lo mismo que un condenado a beber de esta congoja siempre. Pondrías tu mano sobre su pelo y que la bruma esperase.
Dictar más palabras al atardecer como un poema que nace de la desolación, te adentras en el bosque y bebes en el mar, eres el niño que pregunta. Cerrar la ventana descuidar el trance, con mi mano que no es pasar las hojas.
© 2003
28 March Fe de erratas
EL AFILADOR
De la niñez conservas los cubos de arena y los latidos gigantes cuando el afilador llamaba a tu puerta. Pasó tu época dulcísima y tus senos crecían sin cesar. A veces, aún, recuerdas los cuchillos con los que aquel hombre te amenazaba, una vez al mes solamente, para que le tocaras el sexo. Aquel hombre sabía de sobra que te hacían llorar los solitarios.
(ofertorio no clasificado)
Para que tus lágrimas tengan una morada segura te ofrezco mi vida, a todo riesgo. Ámame entonces, y te daré mis ahorros, la fruta de mi huerto, mis hijos idiotas e imposibles. Piénsalo bien y ábreme la puerta. Para que tu corazón se olvide de otros tactos secretos pongo en tus sueños mi piel y mi inconstancia. Seamos adultos, déjame pasar.
En una reciente Antología*, cuya magnífica edición física quedó parcialmente ensombrecida por la falta de rigor a la hora de reproducir los textos seleccionados por los veinticuatro autores, los dos poemas que te pongo al principio vienen con varias erratas, además de algún desajuste tipográfico en otros que paso por alto para no aburrirte. Aquí te quedan "bien". Ya el libro del que se tomaron los poemas, O podríamos amarnos sin que nadie se entere, tuvo en su edición original de 1989 conflictos con las muchas erratas. Es una pena que casi veinte años más tarde no se le puedan quitar de encima a uno...
* Premio Leonor de Poesía. Antología. 25 aniversario (1981-2006) Edición de Santos Sanz Villanueva. Soria 2007
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