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    01 November

    Ríos de pasión y fuego

     

             -Nadie lo sabe con exactitud -me respondió uno de sus cofrades-. Aunque yo escuché a don Pedro Argüelles decir que se debe a un milagro. Al parecer, procedente de Asturias, una mula transportaba la imagen hacia algún lugar desconocido: Villablino, Ponferrada... Quesei yoe que. Pues bien, al llegar, justo al lugar donde se encuentra su pequeña capilla, la mula, tozuda ella, se negó a seguir adelante. La forzaron, le zurraron la badana, pero "ná”, de "ná". La mula "so”, en vez de "arre”. Que no, que no había manera de que continuara su camino. Solamente cuando le quitaron las alforjas donde iba la imagen del Cristo crucificado, la mula, sola, entonces sí, comenzó a andar. Extrañados de la actitud del animal, se pusieron a pensar y... cayeron de la burra: lo que el animal pretendía decirles es que la imagen que transportaba quería quedarse en el pueblo de Caboalles de Abajo. Así fue como decidieron hacerle allí mismo una pequeña capilla. Pequeñísima capilla, como ustedes comprobarán.

             Lo comprobamos unos minutos más tarde, claro que sí. La capilla, ciertamente, es tan pequeña como llena de encanto. Su retablo es barroco del siglo XVII y las dos tallas, situadas a ambos lados del Cristo, pertenecen al románico tardío, siglos XI y XII. El Cristo de los Mineros no estaba en su hornacina, por lo que preguntamos cuál era el motivo. La respuesta que nos dieron fue que desde el Domingo de Ramos -todos los Domingos de Ramos-, la imagen se encuentra en la iglesia parroquial para preparar la procesión del Viernes Santo. También nos dijeron que esta imagen corresponde a finales del siglo XVII, principios del siglo XVIII y que, además, antes fue venerada con los nombres de Santo Cristo de la Vera Cruz y Cristo de la Misericordia.

             Este dato, precisamente este último dato, que yo ya conocía, fue el que me acercó, el que nos acercó, a Caboalles de Abajo. Y lo hizo porque una simple imagen, sea de cartón, de madera, de mármol o de oro macizo, no logrará mover jamás una montaña si el pueblo, en este caso un pueblo minero, no la lleva subida en las andas que empuja un único corazón, por encima, incluso, de los mandatos impuestos por la Iglesia.

             Fue a mediados del siglo pasado cuando el Cristo de la Misericordia, por acuerdo de todo un pueblo, el pueblo de Caboalles de Abajo, pasó a denominarse el Cristo de los Mineros. Desde entonces, los mineros lo han aceptado como suyo y, sin sacarle de su capilla, le han llevado con ellos a la mina para que el trabajo..., un trabajo tan sucio que asfixia y cabrea; que te va reventando por dentro y que te hace sudar... polvo negro, como el carbón que se ha de arañar de las entrañas de la tierra con uñas bien afiladas y un par de huevos, pensando únicamente en el jornal que se ha de llevar a casa para mantener la familia. Un trabajo... ¿como otro cualquiera? Pues no. Porque estás sepultado en él y porque vas respirando... una muerte traicionera que te acecha allí donde menos te lo esperas. El maldito grisú, las inundaciones, las explosiones incontroladas, los derrabes... Un trabajo donde los accidentes laborales, a lo largo de la historia, han llenado el cementerio de luto y han puesto lágrimas y título (de viuda) a más de una mujer; a todo un pueblo. Sin embargo...

     

     

     

    Por Caboalles de Abajo un Viernes Santo

     

     

    Gregorio Fernández Castañón, "Ríos de pasión y fuego". Edición especialísima, pero que muy especialísima, del autor. Colección Narrativa lúdica/experimental. León 2009.

     

    15 September

    Descalzos sobre las brasas

     

    CONJURO PARA DESPEDIDAS

     

     

    Cristales arrojados a un pozo seco, así eran sus palabras en la noche, brillantes, volátiles, simples, hirientes, significantes berbiquíes directos a la razón, y allá al fondo, con un sonido sordo y seco, quedaban clavadas para siempre.

     

    La arenisca que hierve en el televisor, alfileres, la tapa de una lata abierta, una radial, tijeras con herrumbre, limaduras de hierro, el tallo del rosal, un higo chumbo, la escolopendra, el alacrán, la llave, significados arrojados a los pozos para curar verrugas, desmantelar maldiciones, olvidarnos allí.

     

     

     

     

     

    José Carlos Pajares, "Descalzos sobre las brasas". Eje Ediciones, col. Ería. León 2007. Ilustraciones de Amancio González.

     

    21 August

    Los sueños raros

     

     

    GRITAR EN VERANO

     

            

    A lo mejor ya habían venido los vencejos al calor

    desproporcionado de cualquier desmemoria.

    A lo mejor, también, nos preguntaríamos entonces

    qué habría de cierto en la mansedumbre

    y en la mala leche de la gente.

     

    Vuelves tu rostro y por doquier te topas con nombres

    terminados y figuras desiguales por la edad

    que asumen con fatiga, lo miras nuevamente todo

    y quieres llorar porque en un poema

    llorar aún es comprensible.

     

    Secas tus ojos con la sábana vieja, la del sudor

    que te producía el monstruo desvencijado de la niñez

    cuando, de noche, te arañaba el muy cerdo.

    Aunque es probable que tus ojos no sirvan

    ya para nada.

    Y sin embargo hay menesteres peores,

    es la pura verdad.

     

    Uno querría volver y destruirlo, volver a amanecer

    y gritar en el verano como el energúmeno grita poseído

    por su leve impotencia, su octavo aniversario,

    su esclerosis.

    Uno ya no puede ni siquiera regresar.

     

    Y se conforma con añadir al poso del café

    algún veneno zafio, un cierto temblor que no se advierta,

    o una miga de pan duro cuando menos.

    Ya se sabe que la infancia es un tesoro escondido

    en el baúl que nadie recuerda dónde fue enterrado,

    ni por quién.

     

    Al fin y al cabo es muy hermosa la nieve.

     

     

     

    © 2002

     

    25 June

    La casa vieja

     

            

    PARA TUS OJOS

     

    Seguro que venían de otro tiempo, como mínimo del que ya no basta nunca para haberlo perdido: árboles en llamas y la muerte que por allí rondaba llamando. Nos importaba la felicidad, tanta dicha profunda que al alba rociaba, con raros pinceles, la carne de tristeza y de angustia los taxis. A veces teníamos prisa por llegar a tus labios mayores. Un hotel abierto, una muchacha que no se acuerda de ti, el amor hecho a escondidas porque luego todo se sabe. ¿Quién te mostraba su pecho helado y las llagas tan feas por doquier? Para tus ojos se inventaron las flores del saúco, los amores muy falsos y las cinturas de avispa. O si no qué más daba.

     

     

     

     

             COSAS

     

    Severamente, pero también con abundante serenidad, los amigos se han marchado para siempre. De la vida te queda su dulce matraca, y su eyaculación rigurosa. Nadie nos vio de aquella corretear buena parte del camino detrás de algo extraordinario, algo de cartón y espuma, de candor y de besos que se dan a las novias los jueves. Ahora mismo parece que va a llover y nos falta tiempo para hacer de esta tarde una hoguera triste donde quemar las horas. Nadie nos vio abrazarla tanto. Si acaso, pretendíamos buscar de soslayo un cuerpo que sirviese también para morir. ¿Por qué nadie nos dijo, entonces, que todo acabaría tarde o temprano? Hoy te duelen las manos muchísimo y alguien, para siempre, ha trancado la casa...

     

     

     

     

     

     

    © 1999 - Edición digital en 2002

     

     

    26 May

    Los sueños apócrifos

     

     

     

    EL PERDÓN Y LA IGNORANCIA

     

     

     

    [...] sólo nos diferenciamos por el tipo de autonegación que elegimos o nos fue impuesto.

     

    Juntacadáveres, Juan Carlos Onetti

     

     

    Según elementos comunes a diversas crónicas, casi todas anónimas y sospechosas de plagio, la noche que inauguró el prostíbulo, Juntacadáveres compartió la vigilia de las mujeres y tuvo que ver cómo se iban arrugando sus vestidos, cómo se deshacían sus peinados mientras esperaban, en vano, al primer cliente sanmariano. A las dos en punto de la madrugada, hora del cierre, Juntacadáveres apagó el gramófono, pidió a María Bonita que lo acompañara a una de las habitaciones y despidió a las demás. Tirado sobre la colcha, pronunció la enésima justificación del fracaso y dejó que la mujer practicara sobre su cuerpo una versión abreviada del afecto. Cuando acabó, se metió entre las sábanas y, dando la espalda al mundo, durmió.

    Uno de los testimonios recibidos incluye el relato de lo que soñó aquella noche. Escrito en primera persona, mecanografiado y sin duda apócrifo, en él se dice: «Los sueños tienen siempre alguna base en pensamientos débiles de la vigilia, pero los detalles son responsabilidad de Brausen. Sé que, esta vez, muchos se permitirán la burla. Allá ellos».

    Siguen a esta consideración otras aún más impertinentes, y por fin comienza el relato de lo soñado:

    «Me sacaron de la cama Medina y dos de sus hombres. Sin modales, con eficacia, me echaron a la calle, donde esperaba toda Santa María. Estaban, en primer término, los caballeros de la Liga de la Decencia, y a su lado, intocables, vírgenes y odiosas, las muchachas de la Acción Cooperadora con su cartel en alto: Queremos novios castos y maridos sanos. Hubo unos segundos de silencio similares a los que siguen a la contemplación de un vómito. Tras ellos, como si obedecieran la señal de un director de escena, todos comenzaron a vocear maldiciones. El boticario Barthé, consciente de la importancia que puede tener hasta el más pequeño papel en una representación, se aproximó con una corona de espinas y la hundió ceremoniosamente en mi cabeza. A continuación, el doctor Díaz Grey colocó sobre mi hombro una cruz larga y delgada. Dando por aceptable mi caracterización, el padre Bergner, con la casulla morada y un cirio en las manos, se abrió paso entre la gente. Le seguí. Todo parecía minuciosamente ensayado; solemne, desapasionado, perfecto. No quise estropearles su linda farsa y por eso, aunque mi cruz no pesaba, simulé las tres caídas que marca el protocolo. María Bonita, medio desnuda y llorosa, acudió a enjugar el sudor de mi rostro con una sábana en la que apareció la imagen de un niño olvidado. Al llegar a la plaza, bajo la estatua de Dios-Brausen, comenzaron a azotarme. No sentí nada, incluso me tuve que esforzar para que los espasmos que me producía la risa parecieran fruto del dolor. Miré al augusto jinete de bronce, que contemplaba la escena extrañado, como si no reconociera en ella su autoría, y pensé que podría escoger y deformar cualquiera de las siete famosas palabras; me permití la flaqueza del odio y opté por aquélla del perdón y la ignorancia:

    —Es cierto que no saben lo que hacen —dije—, pero no tengas piedad de ninguno de ellos.

    Brausen, asintiendo, respondió:

    —Descuida.

    Luego me arrancaron la ropa y comenzó la escena de la crucifixión. Grité, aunque tampoco eso me dolió. Ya alzado, vi en primera fila a dos hombres que murmuraban y me señalaban. Uno tenía barba y era joven; atento, servil, se dejaba ilustrar y aconsejar por el otro, un hombre muy parecido a mí, con mis mismos ojos saltones, mi terno gris, mi calva grasienta. Sin duda, sabían que yo soñaba, y debían de estar comentando los detalles de mi delirio. Iba a insultarles cuando Medina, a mis pies, sacó su pistola.

    —Puedes decir tu última palabra —dijo, apuntándome al pecho.

    —Mierda —le contesté—, nunca me merecisteis.

    Disparó, sentí que me quedaba sin aire, empecé a boquear y desperté».

     

     

     

     

     

    A Luis Miguel Rabanal

     

     

     

     

    Alberto R. Torices, "Los sueños apócrifos". Los libros de Camparredonda, 5 (Serie verde). León, 2009. Ilustraciones de Silvia Álvarez López-Dóriga. Prólogo de Gregorio Fernández Castañón. Epílogo del autor.

     

     

     

    03 May

    Pajaroquealanochesederrama

     

     

    PASEANTE DE SÍ MISMO

     

     

    ¿Adónde llevo yo con mi pisada

    con mi patita de gozque apesadumbrado

    por la diáspora?

    ¿En qué nieves se imprime

    y añuda pétreo en sus grietas

    mi pasado?

    ¡Échense a andar tal Vallejo al cadáver

    que acucia su esperanza!

    ¡Váyanse lejos allá de donde caiga el disparo,

    tras el montecico de basuras

    que emergen de mis sueños!

     

    Imprimí el sello de mis cinco dedos

    saltando en juegos de epilepsia con mi mami.

    Me lanzaba al aire y repicaba de gozo

    al compás del grujido del volcán

    para incrustarme en el barrillo.

    La esperanza de volver a andar.

    La esperanza de tus endemoniados juegos infantiles

    con tu mami,

    tu gritería en un marco de zumbidos de balas

    y repetidas explosiones...

    Otra vez aquí ayer, allí ahora. ¿Dónde?

    Un paseo que me vuelve en mí,

    al oído el crujir del grijo.

    Estupor de único testigo

    que se encuentre paseante de sí mismo.

     

     

     

    Eloy José Rubio Carro, "Pájaro que a la noche se derrama", Centro de Estudios Astorganos Marcelo Macías, Fuenteencalada, 18. Astorga 2009

     

     

    09 April

    Cartas celtas

     

     

    Paisaje de infancia en la cocina

     

     

    Alboronía, caldo, abuela,

    huele la casa a piel de naranja,

    hierros en el fuego, arroz con leche,

    papilla, papaya, dulzura,

    toda la nata en una pota.

     

    Flotas en el algodón de un lecho de arreboles

    sin saber cómo interpretar los petroglifos.

    Cada cosa está unida a un nombre,

    cada nombre tiene su propia vida.

     

    Madre, manta, escaramuza,

    te has clavado el alfiler en un sofoco.

    ¿Qué soñaste que no pudo ser?

     

    Días de lluvia y de poner en orden las cosas.

     

     

     

     

    Eloísa Otero, "Cartas celtas y otros poemas", Ediciones Leteo, Col. Azul de metileno, León 2008

     

     

    31 March

    Resumen del silencio

     

     

    los pájaros que de niño tuve en la cabeza

    eran aves migratorias. Por eso

    nunca se establecieron en mi entorno:

    yo tan sólo era el frío continente

    que surcaban en su éxodo hacia el cálido

    paraje en que, anidando, convertían

    en realidad los sueños de otro cuerpo.

     

    Hoy aún recuerdo algunas de las cosas

    que su revoloteo me invitaba a desear

    (un coche de madera con botones

    que al pulsarlos me dieran coca-colas;

    un helicóptero Apache hecho a escala

    con el que irme volando hasta mi pueblo;

    unos playclicks capaces de formular

    lo que yo previamente había escrito

    en un papel doblado que alojaba

    bajo el pelo extraíble de la pieza)

     

    y me río de absurdas e imposibles

    a la vez que medito y me pregunto

    si estos que ahora me rondan la cabeza

    no se convertirán mañana en buitres

    que asedien el cadáver de los sueños

    que ya han vuelto a mí en busca del verano.

     

     

     

     

    Carlos Contreras Elvira, "Resumen del silencio", Premio Leonor 2008, Diputación Provincial, Soria 2009

     

     

     

    16 March

    Casi sin querer

     

     

    Vacaciones de verano

     

    Verano en Vernon

     

     

    Tu risotada suena a asma

    es como una palmada en el brazo

    cariñosa pero sin pasarse

    y por un instante

                                uno sólo y de los más cortitos

    parece más lento el día

    nuestra soledad más feliz

    y que van a llegar

    esos momentos íntimos

    que para nada son mi rollo

     

    así que me detengo

    me acomodo las pelotas

    y espero que las cosas no se pongan

    demasiado feas

    en un día de calor infernal

    y pocas ganas -tú me entiendes-

    de amor.

     

     

     

    Javier Vázquez Losada, "Casi sin querer", Ediciones Baile del sol, Col. Poesía, 94 Madrid 2009

     

     

    08 March

    Llibretina de tornes

     

      

     

    ACTU BRUXERÍA

     

    Pa esnalar

    los díes de lluna

                                llena   

    ye más afayaízo

    emplegar la cuyar

                      que la escoba.

     

    Hai más llibertá

                      pa suañar

    si ta'l butiellu

                      llenu.

     

                        

    Joaquín Gómez (1951-)

     

     

     

    EL CUERPU QUE FRAÑICASE

     

    El cuerpu que frañicase

    decapellanáu.

    La mesma furia d'aquel día,

    la tiesta qu'estalla, l'amor

    desfechu de pie

    tres les casones.

     

    Pa que te resarzas con elli,

    pa que naide diga

    vivió baxo'l to techu, prodúxote

    una vegada inmensa estrañeza.

     

    N'acabando dirá a la to gueta.

    Afogaráse na to llingua,

    el cuerpu invadíu

    por aliques.

     

     

    Luis Miguel Rabanal (1957-)

     

     

     

     

     

    José Luis Campal, "Llibretina de tornes", Apenas Livros, pp. 8-9, Lisboa 2009

     

    Traducción al leonés/bable de textos de diversos autores de distintas épocas.

     

     

     

    06 February

    Imbécil y desnudo

      

     

    GASOLINA, SANGRE Y FUEGO

    Barcelona, lunes 19 de marzo de 2007 (21:03)

     

    Si os pitan los oídos, colegas trepas, aspirantes a la administración vestidos de creatividad, de academia o de periodismo, autodenominados consultores y demás, soy yo, que os he puesto hoy a bajar de un burro a la hora de comer, no preocuparse. Nos hemos choteado de vuestra frustración, de vuestros tejemanejes y de tan poco talento. Ha sido divertido rememorar vuestras riñas por un pedazo de carroña, como siempre que se habla de los que no están, como una sesión de generación de fantasmas, con esas apariciones autoinducidas. Dicen que en las sesiones de ouija la alucinación colectiva más recurrente es siempre ver mariposas y moscas sobrevolando la estancia; pues igual: mariposones y moscardas. Seguro que ustedes han oído hablar de la de cocaína y putas que cuesta vender un programa a la tele, por ejemplo. No es ningún mito, es algo que se da. Habrán oído

    también acerca de los premios “del público” que otorga este o aquel festival a un largometraje. Eso sí suele ser un mito, eso muchas veces es una diplomacia o un convenio guapamente, como los concursos literarios. Y subiendo. Ya me dirán por qué saco el tema si luego no soy capaz de inmolarme con nombres y apellidos, pero, en fin, que algo relaja, que la bilis no la quiero y la dejo aquí como si fuera cosa vuestra, cuando es mi hígado y mis circunstancias. También nos hemos reído un poco de las personas que comen oligoelementos, es verdad, pero ahí no hay ardides, ahí hay una sandez existencial que no sé qué es peor.

     

     

     

    Fragmento de

    Rubén Lardín, "Imbécil y desnudo", Ediciones Leteo, col. Relojero de Benaguás, León 2008. Edición al cuidado de Alberto R. Torices.

     

     

    27 January

    Cosas de tonto

     

      

    Mi carne no es la carne que esperabas.

    Mi lengua no es la lengua que hacía de las suyas

    al bajar la neblina, entregándose a ti como un borracho,

    diciéndome a mí mismo las palabras funestas de costumbre:

    ten piedad de mí, ten mucha piedad de mí,

    ten mis brazos* y cose mi garganta.

    Tampoco yo soy el que esperabas, con el cabás

    de los chiquillos o camino de otro asedio, con el fusil

    de los combates estúpidos y sobre todo con el amor

    de los sábados, tan tierno e imposible.

    Ten otra vez piedad de mí, no soy yo y no sabría perderme.

    Toma mi cabello y ponle una cerilla que agoste la memoria,

    cumpla con el requisito de la intemperie

    y no me dé la calentura.

    No adivinaría ya cuál es mi sitio,

    ni siquiera recordaría sin ti el nombre de tu nombre

    o lo que es igual, la demencia que engendra más pesadillas

    de las malas.

    Ya sabes, imagínate que eres la sombra

    más amada, la más espeluznante, el doble de ti mismo.

    Puedes quitarte la ropa interior que me hacía temblar,

    yo soy otro y si lo prefieres córrete en mi boca

    y también escribe en este poema con más delectación.

    Me resisto a creer que todo ha terminado**,

    la tarde se cumple sin goteras y desde mi ventana

    da gusto ver llover,

    merece compasión quien me ha mirado así.

    Quién ha sido el último de todos.

     

     

     

     

    * Nadie pensará en cuanto afirmaste un día atolondradamente. Eso sí, tomarás la copa que enerva los mejores deseos, el bebedizo que asustará más tarde al adversario que proteges de la ternura. El pasado cerró sus ventanas para ti, dulcificó tu sangre hasta un punto insospechable, dignificó para ti también la vergüenza y la inquina de haber sido ignorado por quien te importaba.

     

    ** A saber, la edad fortuita, el otro que te seguía a donde fueras, la adolescente que terminará de secar su pelo después de haberte masturbado en lo infinito. Olleir no existe tampoco, te dijeron algunos.

     

     

     

    © 2002

     

     

    20 January

    La cámara de niebla

     

     

     

    el universal

     

     

    … me recuerdo saltando, bailando... porque en el Universal es de los pocos sitios en León donde se puede bailar... es superior a mis fuerzas, aunque esté sentado en ese taburete que me saca Susana de la bodega, sobre todo si pincha Bingo, ese hombre de sonrisa pícara, famoso por sus camisas, que habla con las canciones que pone, es su garito, ya son veinte años en primera línea de lo que se cuece en León... Y, si suena Aretha, me dan igual las putas muletas, freedom, que la gente se quede flipando con uno que baila y brinca a la pata coja, es el Bufha, el gastón del Uni, barra en la que me he refugiado en demasiadas tormentas internas, que siempre me ha sujetado, donde he encontrado una sonrisa amiga, una canción que suture unos instantes la herida que me dobla sobre ella, I feel good, parapara para pá, y resurjo, me tambaleo, no veo nada ni a nadie, pero siempre alguien me sujeta, si soy así, she´s got the jack, siempre oliendo, electrocutándome, porque allí he conocido a las mujeres que me han aportado algo en esta vida, por allí han pasado, me han buscado, en la barra o por debajo de ella, esa carretera secundaria hacia el infierno en mi cabeza, donde he perdido todos mis ases apostando al brillo de unos ojos de gata, desnudo, así siempre estoy, bebiendo barriles para tapar mis partes pudendas cuando lo doy todo para ti en la barra del Uni, cuando tengo a los pies mi ciudad y te recuerdo, te busco en el recuerdo de hace un instante que ya pasó, y te quiero volver a encontrar para volver a sonreír, Choose, porque elijo tus labios, esencia de un buen Blues, el que ahora suena, el ritmo en tu cuerpo de silencios, ya sabemos todo del muro... otro ron, otra canción que sirve la sonrisa de pearcings dentales de Susanita, las camareras del Uni, la vida que me dan... en esa barra que siempre me ha rehabilitado... I think, think, think

     

    You better think (think) think about what you're trying to do to me

    Yeah, think (think, think), let your mind go, let yourself be free

     

    People walking around everyday, playing games that they can score

    And I ain't gonna be the loser my way, ah, be careful you don't lose yours

    ... y un toc toc toc de mis muletas siguen el ritmo en el garaje donde guardo mis noches...

     

     

    Bufhadas (pop up)

     

     

     

    Fragmento de

    Alfonso Xen Rabanal, "La cámara de niebla", Editorial Eclipsados, col. Prosas, Zaragoza 2008

     

     

    17 January

    Al ladrón

     

     

    SU NOMBRE ES LAINUS ROWLING

     

    Como un desahucio lento, legal y doloroso

    amnistiada por fin, libre del todo

    me levanté un día y vi otro rostro, una vida

    que no era ya la mía. Ni siquiera escrita

    en la lista de los desaparecidos. Poesía

    perdida que la robó otro. Otro.

    Decía, que tengas buenas pesadillas, puta

    mientras daba la vuelta dentro de un pijama

    rojo y ensangrentado por sus propios arañazos.

    Un papel y otro lo decían, y lo decía él

    y yo me lo creía.

    Doce apóstoles. Doce

    años de lágrimas y surcos

    doce gotas de suero.

    Nadie te creerá nunca, me decía.

    No te dejo señales. No te pego.

    No tienes pruebas. Necesito

    escasamente dos minutos

    para hacerte llorar. Y yo lloraba.

     

     

    Consuelo García del Cid, "Al ladrón", El Taller del Poeta, Pontevedra 2008

     

     

     

    11 November

    Fantasía del cuerpo postrado

     

     

     

    I

     

    Después de las palabras la risa del muchacho

    que sufre, dime ahora el verdadero aspecto del dolor.

    El más desmesurado y vil.

     

    Cada tarde una hoja del turbio cuaderno

    que sobra, seguramente voy por la noche

    a desfallecer contigo.

    Pellizca el extraño la piel de mentira,

    borra de su boca la ternura que hubo.

     

    Creer que la vida tiene contados ya los secretos.

    Creer que me sobrevive

    la cantinela del insomne: arráncame, por qué no,

    los ojos.

    Nadie nos ha visto.

     

     

     

     

    VII

     

    Escrutaba en los libros el final de la noche

    y se me iban las manos a entorpecer su deseo.

    Yo, el que tendría que haberse marchado,

    el embaucador y el horrible.

     

    Te preguntas las causas de aquel desbarajuste.

    Se hace tarde en tu corazón

    como pensabas y junto a ti se soporta mejor la dicha.

    O tal vez no era eso, dice.

     

    Has fantaseado con el territorio preciso,

    allí donde las horas sabían herir muy bien tus ojos.

    En el camino de Ceide

    terminaba el placer.

     

     

     

     

     

    © 2006

     

     

     

    20 September

    Despojos de la vida alegre

     

     

     

     

    LA CULPA

     

    Si acaso hubiera encontrado alguien la parte de verdad

    que corresponde a todo entusiasmo, al menos ese que subyace

    en el dolor como una espada colmada de herrumbre

    y con niños abrazados a su furia.

    Si cuando menos alguien tuviera para ti un momento de virtud,

    eclipsada por la abulia tal vez, sólo cuerpos que ofrecen deprisa

    su deseo y después se arrojan las inmensas toallas

    y lagartos muy tiernos.

    Presumiblemente entonces el tiempo nos remitiría cartas legibles

    donde desprestigiar el embuste de todo, es decir,

    este abandonado ámbito en que yaces desde la renuncia

    o los árboles secos, esta melodía del adiós que arranca y termina

    de una sola dentellada del tigre que más amas.

    Ya casi todo ha sido dicho en tu descrédito.

    Y en cambio a tu rostro hoy le abandonan las sendas

    aún verdes del otoño y los lugares repletos de ahorcados,

    tan magníficos en su connivencia para recordar

    tiempos mejores, tan dados a retrasar el porvenir como las putas,

    o de nada se ha enterado el muy bruto y gilipollas.

    Ni siquiera comprendes que el final,

    el verdadero final, es esto: un paisaje arrancado de tus ojos,

    un niño que te mira y se parece a tu pequeño, un barco

    que en la Ría cumple con su oficio de perseverar

    en lo grotesco de la noche.

    La culpa de todo la tuvo el chachachá, sin duda.

    Quiero pensar que tú ya lo sabías, por lo menos esta desazón

    que producen el arrepentimiento y la malaria y las mujeres

    pretenciosas, pues si no estaría dispuesto a dimitir

    de mi privilegiado mirador, mejor me callo, tú me conoces.

     

            

     

     

    UN HOMBRE QUE DICE ADIÓS

     

     

    I

     

    Merece nuestra gratitud quien nos ha conducido

    de su mano fiel al final de la vida.

    Nos ha argumentado que sólo en esta barbarie seremos felices,

    nos enjuga el sudor de la fiebre y arroja nuestros ojos

    lejos, muy lejos de aquí.

    El verdadero lugar donde rompen su espuma las olas.

     

     

    II

     

    Es el que aún no ha soñado lo suficiente como para decir

    apártate de mi lado pues huele fatal mi cuerpo,

    me sabe mal la boca, a lumbre y a subterfugios de la noche

    tales como dolor y violencia y sucios dientes clavados

    en el manto deshilachado de la vida.

    Es el hombre que ya no esperábamos ver jamás,

    rendido ahora en su jergón lo mismo que un guiñapo, desnudo

    entre su vómito y su nube blanca repleta de amargura.

    De esta madrugada no pasará, nos garantiza alguien.

    O es que, por el contrario, equivoca su risa

    desencajada en un sucio montón de ropa vieja de hospital

    donde nadie todavía le esperaba.

    Es muy vil su rostro, tiene temblores y afuera luce

    un sol hermoso que tampoco es el suyo.

    Mas qué nos importa este hombre que ensordece con su grito,

    y nos invaden sentimientos de desgana

    hacia todo cuanto lo nombra en su postración: su boca

    apenas si expresa algo más que un pasado espantoso,

    no debemos volver a mirarlo, no debemos volver.

    Y sin embargo parece mentira

    este cuerpo que nos hace guiños oscuros...

     

     

     

     

     

     

    © 1998

     

     

     

    18 July

    La casa roja

     

     

     

    Supongo que alguien lo habrá escrito antes que yo y me da igual: Juan Carlos Mestre es LA PALABRA ENCANTADA. Así, en grandote. ¿Sólo eso? Bueno, no. También es el poeta al que más me gustaría parecerme cuando sea mayor, junto con lord Byron y Basilio Kandinsky... Los poemas que siguen pertenecen a su libro La casa roja*, de muy reciente publicación.

     

     

     

     

     

    ANTEPASADOS

     

    ¿Dónde comienza mi memoria?

    AMOS OZ

     

     

    Mis antepasados inventaron la Vía Láctea,

    dieron a esa intemperie el nombre de la necesidad,

    al hambre le llamaron muralla del hambre,

    a la pobreza le pusieron el nombre de todo lo que no es extraño a la pobreza.

    Poco es lo que puede hacer un hombre con el pensamiento del hambre,

    apenas dibujar un pez en el polvo de los caminos,

    apenas atravesar el mar en una cruz de palo.

     

    Mis antepasados cruzaron el mar sobre una cruz de palo,

    pero no pidieron audiencia,

    así que vagaron por los legajos

    como los erizos y los lagartos vagan por los senderos de las aldeas.

     

    Y llegaron a los arenales,

    en los arenales la tierra es brillante como escamas de pez,

    la vida en los arenales sólo tiene largos días de lluvia y luego largos días de viento.

     

    Poco es lo que puede hacer un hombre que sólo ha tenido en la vida estas cosas,

    apenas quedarse dormido recostado en el pensamiento del hambre

    mientras oye la conversación de los gorriones en el granero,

    apenas sembrar leña de flor en la sábana de los huertos,

    andar descalzo sobre la tierra brillante

    y no enterrar en ella a sus hijos.

     

    Mis antepasados inventaron la Vía Láctea,

    dieron a esa intemperie el nombre de la necesidad,

    atravesaron el mar sobre una cruz de palo.

    Entonces pusieron nombre al hambre para que el amo del hambre

    se llamara dueño de la casa del hambre

    y vagaron por los caminos

    como los erizos y los lagartos vagan por los senderos de las aldeas.

     

    Poco es lo que puede hacer un hombre con las migas de la piedad,

    comer pan mojado los días de lluvia a los que luego seguirán largos días de viento

    y hablar de la necesidad,

    hablar de la necesidad como se habla en las aldeas

    de todas las cosas pequeñas que se pueden envolver con cuidado en un pañuelo.

     

     

     

     

    EPÍSTOLA A LOS DÁLMATAS

     

     

    Hermanos os aseguro que el evangelio predicado por mí no es un producto humano. En este mismo instante un francotirador desde la ventana observa una abeja y la hierba que crece en el estadio de Maracaná es el pelo de Cristo. Id al horizonte, hay roperos con solapas que se van de ronda y en los surtidores de la edad salvaje cada ranita de Darwin es la mascota carbonizada de un Buda. Tomadlo como queráis. La noche mueve las ratas de su sitio, el crupier de los mausoleos deja patas de bicho en los pañales de infancia. Por el pasamanos del otoño rueda un ojo de violín en el que hay dos soldados. La argolla del rey David entra en la ballena de Jonás, la nodriza de Edipo es alimentada por un papamoscas en la corneta de leche. Acercad vuestro cuello a los aserraderos. El candidato a Predicador del Estado es un fabricante de cucuruchos. No os dejéis ametrallar por la carcoma, la madre de todas las batallas es una bala perdida. La seriedad del desierto se abate sobre nosotros. Escuchadme como si os diluyerais. Las cabezas cortadas a patrón ajustan las correas de la silla eléctrica. Miss Antorcha de América se mete en la cama con cualquier vitrina de armiños. Lo preciso de un pie ya no es lo precioso del otro. Los timoneros rubios ya no llevan una gardenia en el pico. En los balnearios de Normandía la secta del bismuto ha envenenado a Breton. Hermanos os aseguro que el evangelio predicado por mí no es un producto publicitario. Huele a grisú en los escudos feudales. A rosas de la variedad Hiroshima cada lomo de libro. Bien o mal los alpinistas siguen subiendo y el barbero probablemente afeitando. Un bouquet de dedos en la madriguera de chinchillas. Una corona de glándulas de castor en los mimos dominicales. En los museos vírgenes hay mecedoras de jengibre. Ceniceros de sangre pura en los pianos de invernadero. La iguana del bufón huye por las cañerías con la temperatura de los ahogados. Los ojos de Martin Luther King se enfrían bajo los pisapapeles.

     

     

     

     

    * Juan Carlos Mestre, La casa roja, Calambur, Madrid 2008

     

     

     

    08 July

    Los sueños raros

      

     

     

    MEMÉ EN SUS LÁGRIMAS   

     

    Desde que sus ojos poseen la edad tramposa del delirio

    y su voz la justa voluntad para hacerse señor

    de cuanto descubre en su senda,

    desde que es un niño dulce y te besa con el rigor vehemente

    de quien enumera la extraña dicha de los otros,

    ya sabes que pronto habrás llegado.

     

    Y no te produce cólera contener tu escalofrío,

    vocear su nombre hasta la próxima caída, ni marcharte

    como un viejo que presiente su cercano desenlace: sus labios

    sobre tu cuello helado, sus ojos cerrados en los tuyos

    y una canción apretujándose al fondo de la casa.

    Hijo, tendría que haber ocurrido todo esto

    muchísimo antes, le contesta.

     

    Con su violín desgarra también sin pudor el tiempo.

    Y crees todavía en las cosas que le darán molestias, o sufres

    el instante en que, tendidos los dos, juegan a extraviarse

    en medio de la famosa patrulla de marines, a volar los fuertes

    de Iraq y de la noche

    y en ella auxiliarse con excesivo ruido.

     

    Cómo advertirle de las garras generosas del negro azar,

    de sus muñecas de trapo y de sus balones fuera.

    Si te mirara ahora bastaría para reconocerte

    en su papel de condenado.

     

     

     

     

    SUEÑOS REPETIDOS

     

    Da igual, si te fijas, tu sufrimiento, tu acuciante

    dolor, que la tonta sonrisa del vecino del quinto,

    tan disparatada y cruel y estentórea, y tan rumbosa.

    Todo es una ebria marioneta que alguien gesticula para ti,

    por mucho que ahora se te revuelva el estómago, se te achique

    el corazón y escribas con salero

    tengo frío.

     

    A lo mejor a tus ojos les falta la pátina necesaria

    para estar vacíos, esa enojosa bondad de las niñas

    ahogadas en medio del arroyo,

    y darías cualquier cosa con tal de verte allí de nuevo.

    Un portal mojado por la lluvia torrencial y un gato tembloroso

    muy probablemente suplicando perdón.

    Acaso hoy no permanezcas ya tendido en tu lecho empapado

    y te encamines con lentitud al encantado país

    del reposo absoluto

    y de las grullas que apedrean al audaz forastero.

     

    Sueños repetidos que maltratan sin piedad tu rostro.

    Cuerpos que dispuso para ti el amor a medianoche yacen

    con otro soplagaitas y son muy felices los dos

    añorando tu boca y tu polla decrépita.

     

    Da igual tu asco que su arrogancia al pasar a tu lado y decir

    fíjate, hombre, ya apenas si se mueve,

    ya no se mueve,

    ya no se mueve más.

     

     

     

     

     

    © 1997

     

    11 April

    65 máscaras

     

     

    Es la víctima del consuelo,

    abusa la memoria

    y está aquí conmigo.

    Se le puede ver

    corriendo por el bosque,

    un demonio sonríe

    una muchacha sin edad.

    Todos nos cansamos

    si se desvanece,

    seguro que va a nevar 

    al doblar la esquina.

    Para qué las palabras.

     

     

     

    Para que los labios

    incluyan tu nombre

    a pesar del fuego

    que ocurre,

    para que la ubicuidad

    nos prefiera.

    Sueños sobre la arena

    hazañas del que mira

    se hará de día

    como un embuste.

    Dispones del plazo,

    eres el dios

    que destruye horas

    hasta su propio asombro.

     

     

     

    Te enternece contemplar

    su crecimiento,

    espías su voz

    casi con vergüenza

    lo mismo que un condenado

    a beber de esta congoja

    siempre.

    Pondrías tu mano

    sobre su pelo

    y que la bruma esperase.

     

     

     

    Dictar más palabras

    al atardecer

    como un poema que nace

    de la desolación,

    te adentras en el bosque

    y bebes en el mar, eres

    el niño que pregunta.

    Cerrar la ventana

    descuidar el trance,

    con mi mano que no es

    pasar las hojas.

     

     

     

    © 2003

     

     

     

    28 March

    Fe de erratas

     

     

    EL AFILADOR

     

    De la niñez conservas

    los cubos de arena y los latidos

    gigantes cuando el afilador

    llamaba a tu puerta.

    Pasó tu época dulcísima

    y tus senos crecían sin cesar.

    A veces, aún, recuerdas

    los cuchillos con los que aquel hombre

    te amenazaba, una vez

    al mes solamente,

    para que le tocaras el sexo.

    Aquel hombre sabía de sobra

    que te hacían llorar los solitarios.

     

     

     

     

    (ofertorio no clasificado)

     

    Para que tus lágrimas

    tengan una morada segura

    te ofrezco mi vida, a todo riesgo.

    Ámame entonces,

    y te daré mis ahorros, la fruta

    de mi huerto, mis hijos

    idiotas e imposibles.

    Piénsalo bien y ábreme la puerta.

    Para que tu corazón se olvide

    de otros tactos secretos

    pongo en tus sueños

    mi piel y mi inconstancia.

    Seamos adultos, déjame pasar.

     

     

     

     

     

    En una reciente Antología*, cuya magnífica edición física quedó parcialmente ensombrecida por la falta de rigor a la hora de reproducir los textos seleccionados por los veinticuatro autores, los dos poemas que te pongo al principio vienen con varias erratas, además de algún desajuste tipográfico en otros que paso por alto para no aburrirte. Aquí te quedan "bien". Ya el libro del que se tomaron los poemas, O podríamos amarnos sin que nadie se entere, tuvo en su edición original de 1989 conflictos con las muchas erratas. Es una pena que casi veinte años más tarde no se le puedan quitar de encima a uno...

     

     

     

    * Premio Leonor de Poesía. Antología. 25 aniversario (1981-2006) Edición de Santos Sanz Villanueva. Soria 2007