Luis Miguel's profileMás palabras para olvida...BlogLists Tools Help

Blog


    November 07

    Argumento del poema

     

    C. A.

     

    El hombre se encuentra sentado frente al abismo

    y escribe en su cuaderno palabras de deslealtad,

    palabras que él bien sabe le confesarán la vida.

    Tose cada poco y de su mano, temblorosa

    y una noche lasciva, nacen ahora gestos

    terribles y frases encantadas, quejas del pasado

    vendidas a un postor hermoso, líneas que congregan

    almizcle y rosales, el amor y las cinturas

    de muchachas irremisiblemente extraviadas.

    El hombre cree aún que el poema es su reflejo

    más fiel, el laberinto que debe transitar

    de puntillas, a solas con la efigie que confunde.

    Pero no es verdad, un poema es lo desarropado

    del que sueña con celebrar el día de su muerte

    sin vestirla y se abraza al caos de la noche

    y ama desde entonces a su antojo

    la posibilidad, la necedad, el bruto y triste signo

    de su escritura que es tormento porque sí.

    Hay un hombre también que calcina sus manos

    en el mismo poema que copia de aquel otro.

    Es tarde y se cierra el cuaderno que no sirve

    sino para alumbrar radicalmente las huellas

    que huyen, los ojos agrandados y tenues,

    el deseo iracundo de los hijos o la ternura

    casual que dictan sus palabras.

    El poema, no se sabe por quién, comienza

    a ser escrito: No volver jamás, no tener

    que recordarlo en mi corazón que es un demente...

     

    September 17

    Postales de ciudad pequeña 6

     

    y XIII

     

    Parque de Ferrera

     

             Verdaderamente es suave

    la hierba para que aquí mismo

    los perros devoren la garganta

    a las niñas bajo la desvelada luz

    de la luna.

    Y si no, vendrán borrachos

    a enlentecer con canciones su trompa,

    a quemar con los dedos

    la inmensa barbarie.

    Un hombre fuma y vigila todo esto,

    su rostro ha brillado un segundo

    mientras la brasa arde.

    Ese soy yo

    hace muchísimo tiempo

    que emborrona en el cuaderno cosas.

    Empieza a hacer frío

    pero ya ni lo siento,

    al amanecer le falta el viajante

    que bosteza ahora y estornuda.

     

    August 08

    Postales de ciudad pequeña 5

     

    XI

            

    Plazas desiertas y en penumbra

    las calles, desde su ventana el joven

    amasa el mundo con fiereza

    y lo viste a su medida sin consuelo.

    De sobra sus ojos reconocen

    todo el fulgor

    y el poblado reino de su ansia.

    Mañana volverá a contemplar,

    pero ya muy triste,

    la acera donde ella acariciaba a otro.

    Será viejo su mundo

    y su mirada es

    turbia.

     

     

     

    XII

    Cundi

     

             Alguien repite una y otra vez

    la historia a quien quiera escuchar.

    Es lenta su voz y en los chigres

    frente a un vaso de algo

    gesticula su terror

    y nos zarandea el vértigo.

    “Pretendí venerables conductas

    para quien desenmascarara el alma

    así podría yo hincar mi estilete

    en sus carnes jugosas

    busqué de noche amigas en los cines

    muertas como yo de frío

    y esperamos juntos a que se quitasen

    la falda la virtud el fervor la misma lujuria

    conocí países que dan mucha risa

    viví como imbécil...”

    Cuando pasan las horas lloriquea

    y cumple su palabra de hombre terrible.

     

    July 07

    Postales de ciudad pequeña 4

     

     

    IX

    La Ría

     

             Agua hedionda

    para manifestar nostalgias.

    A las horas precisas el barco

    maniobra frente a nosotros repleto

    de basura.

    Al atardecer, muchachas estrenan

    sus condones y el gozo da lugar

    a un grito de limosna o de tedio.

    Está bien que así suceda,

    que nos oculte sus fauces lo invisible,

    incluso que el calor no nos sofoque.

    El que todo lo mira

    descubre en su corazón conflictos

    y ve el Pedro Menéndez II

    perderse en lontananza

    cargado de cenizas, como se va

    su sangre.

    La noche cae a golpes en su cuerpo,

    y frente a él sucumbe la derrota

    vestida de palabras

    e imponente.

     

     

     

    X

    Palacio de Balsera

     

             Música de niños en invierno.

    El condenado busca a su doble

    y de bruces lo asalta la memoria.

    Un caballo verde,

    el violín usado de su hijo,

    la umbría certidumbre

    de haber ya vuelto una noche de la vida.

    El condenado jamás entró por esta puerta.

    Y sin querer abraza la figura

    que no es de verdad y lo traiciona.

    Ahora sí que sabe equivocarse.

     

     

    June 01

    Postales de ciudad pequeña 3

     

     

    VII

    Padul

     

             La ciudad no existe,

    se llama de otra forma más sutil,

    es humo espeso de noviembre

    que borra de los desaparecidos

    cualquier desolación.

    Las calles se mojan de abandono

    y el hombre presencia allí

    su propia mansedumbre.

    Sobre esta ciudad

    un día

    la esperanza tuvo camaradas,

    amó nuestro costado con premura,

    hasta fue memoria de tanta desmemoria.

    Los bandidos esperan a que el rencor

    mitigue las palabras,

    han vuelto a darnos su desprecio.

    La ciudad se llama cobardía

    y vodka muy amargo

    y compasión.

     

     

     

    VIII

     

             Más allá de los suburbios

    se hace la noche incontestable,

    y el viajero con sus ojos

    vacíos suplica el dolor

    a quien está sobrado de cordura.

    Arráncame la piel

    y arrójala a los túneles del tren,

    cuando la luz se manifieste y la indolencia.

    Un árbol es testigo de esta dicha.

    El paseante muestra su desgarro

    al vagabundo y vuelve a sospechar

    que es su vida el embuste

    que quedaba.

     

     

    May 08

    Postales de ciudad pequeña 2

     

     

    IV

            

    El transeúnte horrible escupe

    su flema con desdén, advierte el borrón

    de luz que cose sus ojos

    lo mismo que un disparo.

    La tristeza es seccionada de súbito

    por alguien que tose y se engaña

    en su sollozo.

    La lluvia no golpea todavía,

    no desazona su miseria,

    aún es pronto para presenciar

    el oxidado eco de la muerte.

    El hombre ha pisado ya los bares.

    ¿Quién lo culpa

    de tanto y tanto dolor?

    No se convence y no regresa nunca.

     

     

     

    V

     

             Cuerpos que huyen

    y en el fangal se aferran a otro cuerpo,

    exacto escalofrío que recorre

    la piel de sus muslos y los rasga.

    Filos por doquier para abrir las venas.

    Cuerpos perfectos de muchacha

    inverosímil y rendida,

    vendidos al azar.

    Acaso te asuste la semejanza

    que te niega la tarde con la tierra

    manchada de vómitos y aceite.

    Cerca de ti el mar retumba confundido.

    Afuera hay más cuerpos

    dibujados de mugre

    como el tuyo

    que se abalanzan a los coches sin temor.

    Aléjate del fuego y cierra bien los ojos.

    La casa se estremece.

     

     

     

    VI

    Hospital de Caridad

     

             Blanco y gris

    como el excremento de los dioses.

    Paredes que encubren el dolor

    intenso y ruin de los vencidos,

    pasillos sucios

    donde mejor acribillar la puta noche.

    El desahuciado atisba entre sus muslos

    y bebe de su orina con cuidado.

    Y recuerda otra ciudad pero sin nombre.

    Bajo su negra almohada viven grillos

    que agonizan.

     

     

     

    April 21

    Postales de ciudad pequeña

     

     

    I

            

    De alguien que reconoce

    el rito de su desesperación.

    Callejas que están lejos del mundo,

    vano territorio

    que no se encuentra en el cuerpo maldito

    ni tampoco en las palabras

    rotas y extraviadas del poema.

    Calles también

    para no abarcar jamás la vida,

    no sin antes haber sangrado mucho

    en el desorden.

    Como ella,

    que aún no ha sido marcada por la fiebre.

    Sobre esa piel se ausenta el visitante

    y

             muy a menudo

                                          llora.

     

     

     

    II *

    Mariona escribe la mudez

            

    En ninguna parte y en todas

    como las esquinas, rincones

    perdidos del silencio

    sin lunas,

    ella sobre el asfalto o tras los cristales

    pequeños pasos de niño feliz

    y los ojos más hermosos mirando alejarse

    la vida sin la herrumbre del pasado.

    Sólo los tres en mis palabras.  

     

     

     

    III

    Las Meanas

            

    Se acerca a la calle y el frío

    embrutece.

    Rostros aterrados que en silencio miran

    llegar y avivarse el miedo.

    Ya nada es como entonces,

    pide a la soledad tesoros para soñar

    que alguna vez sí tuvo cerca el paraíso.

    Lugares que abandona

    y lugares que abomina.

    Poseído de un pesar extraño

    se atreve a maldecir, para mi cuerpo

    la delicia, dice.

    Un parque ahora entre las llamas

    y adolescentes que lo insultan.

    Abre su silla camino del dolor

    y espera.

     

     

     

    * Texto este amablemente cedido por M. J. Romero para la causa.

     

     

     

    December 23

    Los poemas de Horacio E. Cluck 2

     

     

    COMO LAS TORMENTAS que desvanecen

    del pasado cualquier acto enojoso

    con un aire terrible y es herrumbre vivir

    a la espera de un sol que nos llame

    extranjeros, un río crecido o una voz

    deslumbrada por la melancolía.

     

    Así te despojas de la blusa granate

    que esconde la vida únicamente,

    alondra de luz entre tus senos,

    y en nosotros se celebra el final

    de la impostura.

    Si  buscamos vivir al margen del cuerpo

    derrotado, como dos viejos asesinos,

    sobra el presente y el amor no basta.

     

     

     

    EL EXTRAÑO TIENE su voz deshecha

    por el hielo y se dirige a un lugar

    siniestro, probablemente ese almacén enorme

    en donde se subastan muchachas,

    a estas horas de luna impredecible

    y rostros señalados por almagre.

    Mientras dura el engaño se viste como ellas

    porque no importa mentirle a la vida,

    ni robarle al olvido muslos ignorados

    sin amor y con furia.

    De sobra ya conoce el yeso frío

    que sucede a las risas y a los labios

    más rojos que la sangre,

    pero nunca suyos.

    Quiere su amor que la bondad no guarde

    en sus bolsillos más días como el de hoy.

    Un hombre extrañamente solo

    que tras de sí arrastra el cuerpo inerte

    de Betty, la putita más dulce

    de la Tierra.

     

     

     

    December 16

    Los poemas de Horacio E. Cluck

     

      

    A LA HORA EXACTA de la contemplación,

    cuando los búhos son hermosos vigías

    de la última noche

    y hay fantasmas que acarician princesas

    blandas como la podredumbre,

    o caballos huyendo de la piel

    porque no amanece nunca,

    yo escribo desde otro mundo ajeno,

    el de las figuraciones imposibles.

    Detrás de este reloj se esconde

    también el frío. 

     

     

     

    CLAVAN SUS OJOS en la negra probabilidad

    de confundirse con alguien que anota el curso

    imborrable de la vida.

    Muestran en los bares su arma predilecta,

    la pasión estragada del sexo en penumbra,

    y leen poemas al atardecer

    porque están inmensamente solos.

    Exhalan un humo tan azulado

    que les hace parecerse a quien niegan

    mejor.

              El hombre sin ninguna estatura,

    el hombre de cabellos en ascuas

    que a su paso grita el fin de nada.

    Ya creen poseer la verdad

    y abonan su ginebra

    y se sonríen.

     

     

     

    SIEMPRE HAY UNA LUZ al fondo

    que enceguece y duplica los objetos.

    Un relato que habla como un susto

    de la infancia,

    de los hombres con saco y la muerte

    advirtiéndolo todo.

    No importa.

                     Que se vayan el azul del cielo

    y la música de Parker, los niños

    sollozando y esa nieve que es mía.

    Alguien abrazará mi cuerpo

    cuando me derribe el puño ensangrentado

    de Franz, el generoso.

     

     

    November 19

    Cómo duermen los príncipes 2

     

     

     

    introducción

     

     

    Los personajes se encuentran en una habitación desnuda, con las paredes pintadas de rojo claro. Las mujeres vestidas con túnicas, los varones con sayales oscuros. Llevan sandalias...

     

     

    primer acto

     

     

    B. B.- ¿Cómo duermen los príncipes? Nosotros permanecemos en prisión mientras ellos disfrutan de sus banquetes. ¿Cómo duermen los príncipes? Nosotros bajo los efectos del calor y mi rostro arde, mis ojos no dejan de llorar. Tiemblan las manos, todo mi cuerpo se hace una pregunta...

     

    Latón Principal.- ¿Cómo duermen los príncipes?

     

    Rená.- Sus camas se sostienen, según dicen unos, por gatos enormes, muy negros. Parece ser que eso les tranquiliza.

     

    Loco Rabel.- Si estamos aquí es por no ser sacerdotes, por ser el resto de los demás. ¿No estaremos aquí por culpa de los príncipes?

     

    Obdulia.- Nuestras túnicas son viejas. Vuestros sayales arrastran consigo la suciedad de todos los encarcelados. No somos felices, me consta. Esa pregunta nos corroe las entrañas...

     

    Latón Principal.- ¿Cómo duermen los príncipes?

     

    Rená.- Otros afirman que no tienen sueño por ser dioses a la par que príncipes. La duda no puede ir muy lejos, tampoco la súplica.

     

    Elga.- La llama se empequeñece. Pronto llegará la noche y seguiremos sin conocer el motivo de nuestra clausura.

     

    Obdulia.- Hay cárceles en las que se vive de acuerdo con la Belleza. Ella es insensible. Su color pálido nos enrojece y se hará de noche. El artista gemirá pero nosotros continuaremos de pie, luego sentados, luego a oscuras. ¿Existan los príncipes o eran otras gentes quienes nos trajeron hasta aquí?

     

    Elga.- Yo conocí en un pasado más lugares. Había ciudades y ríos, árboles, palomas, incluso niños y claridades. Creo que no conocí ningún lugar. Yo debo de haber nacido en este aposento, entre las piedras tan húmedas.

     

     

    (En ese instante la habitación se llena de silencio. Nadie se atreve a hablar después de las últimas palabras. Sus sospechas van más aprisa que sus recuerdos. Al cabo de tres días enteros alguien se despierta. Rezunga, habla...)

     

     

    Rená.- Mi silencio no quiso demostrar nada. La pregunta sigue siendo la misma...

     

    Latón Principal.- ¿Cómo duermen los príncipes?

     

    Rená.- Pienso además que mis orígenes no son más que la piedra sobre la cual descanso. Las noches han sido mi niñez. Las amapolas me han convertido en madera. Esta llama temblorosa me acerca la vejez. Ya la veo atacándome con sueños sin rumbo.

     

    Loco Rabel.- Los licores fueron mi pasión. Ahora dudo de que fuese así. Mi pasión más enorme ha sido saber algo más de los príncipes. ¡Querer conocer cómo duermen los príncipes! Son palabras que atiborran mi boca. Mejor estaría cerrada. Veo en sus caras un cierto temor amasado con barros de odio. Es posible imaginar que cuando anochezca nadie abrirá la boca. ¡Por qué!

     

    Obdulia.- Las bocas poseen su específica función. Hay un buen número de ciudadanos que la usan para proferir insultos contra sus parecidos. Otros aman con ella: derrama una especie de agua curativa. Por el contrario, usar la boca para hablar tonterías lo veo grotesco.

     

    Loco Rabel.- No siempre que se habla se habla de tontos...

     

    Obdulia.- Por lo general, sí. Estoy segura; no es mi deseo discutir; más bien está en mi ánimo acallarme por completo. Me niego a hablar hasta haber alcanzado la respuesta que todos anhelamos.

     

    Loco Rabel.- Pero si usted colabora...

     

    B. B.- Sería lo mejor para todos. Aguardar a que algún personaje de la Corte nos visite para explicarnos...

     

    Loco Rabel.- ¡Si la habitación o mazmorra consiste en cuatro paredes sin aberturas!

     

    Rená.- Quizá existan pasadizos secretos por las esquinas. Lo que no permitiremos es quedarnos a oscuras. Opino que lo más justo sería donar cada uno un cabello, al menos que dure la llama un día más hasta que logremos aprehender algo novedoso.

     

    Latón Principal.- No vinimos aquí para aprehender algo novedoso, sino para descifrar el enigma de los príncipes, de su somnolencia. Lo del cabello es bastante inoportuno. Ridículo, como a estas alturas temer la oscuridad. ¿Acaso no hemos soñado nunca con este momento? Es nuestra fuente de vida, hay animales que escudándose en ello saquean los corazones de los hombres. Aquí nos mantenemos a salvo. Agradezcámoslo a quien corresponda.

     

    Elga.- Son frías las cárceles. Las túnicas son viejas, tanto más que vuestros sayales. Con la noche el frío se agudiza, se estampa en la lengua y a veces disfruta al asesinar.

     

    Latón Principal.- Contra esto deberíamos estar preparados...

     

     

    (El silencio parece ser, de nuevo, el protagonista brillante. Nada se oye, a no ser dos respiraciones. Alguien duerme. Tose alguien. La llama se va consumiendo paulatina).

     

     

     

     

    Fragmentos de "Cómo duermen los príncipes" tomados de HYDRA, Revista de Literatura, Nº 5, Avilés 1979

     

     

     

    Si decides completar la "pieza" puedes continuar leyendo aquí.

     

     

    October 15

    No son horas

     

     

     

    NO SON HORAS

    (Poema Inesperado)

     

    fragmento

     

     

     

    Detrás de él la puerta se ha cerrado.

    No es preciso contar el valor de las palabras

    que frotan ahora sus manos en nosotros,

    nos llenan de silencio y mansedumbre.

    Miras disminuir tus hombros en el cristal partido.

    Miras las cosas que nadie más antes que tú miraba

    de aquella forma dulce y sin querer, apretando los ojos

    hasta que la memoria diluyese la figura inverosímil.

    Era otro el muchacho que vivía.

    A veces le pregunto cómo se llamaba

    y extraña mi voz, escribe el nombre del Ariego

    en un papel bajo su abrigo y llora amargamente,

    creo que no es verdad la furia de sus uñas

    ni el miedo del fantasma cruel.

    Y sin pretenderlo, como hacen los tristes,

    por lo menos los tristes que frecuentas, te vas

    acercando a la repulsa y se asoma el dolor

    a su cara sin ninguna rendija.

    Merece gratitud quien nos enseña a tomar el brebaje

    que abrasa, esa mezcla infinita

    de hastío y enfermedad, de regaliz y de lluvia.

    Decididamente has vuelto a soñarlo.

    Y has querido acariciar sus juguetes de goma,

    la vaca más vieja, la barca que se hunde de nuevo

    porque han desecado la presa, y toses

    mientras a la vida se le ocurre otra vez el disparate.

    Ella vislumbra el infortunio, es decir, se sube la falda

    de modo que el tiempo que ha sobrado en el amor

    lo pone callado en una silla,

    mirando muy serio a la pared.

    Parece mentira recordar, y es arduo, uno se adormece

    y despierta meses después, loco, sin demasiada memoria.

    El discurso aún es adverso y no llegan los amigos

    a la alfombra de mi casa a avasallar todavía.

    Deja, pues, que tus penas se intercambien los pactos,

    que lean las señales más amadas en el rostro

    del que viene y vuelvan a narrarte, a su manera,

    los hechos mezquinos donde agonizó el ahorcado,

    en la Arenera Grande.

    Ella no está aquí, los años enjugaron

    sus párpados tan deprisa que ni la bruma lo supo.

    El poema ha dispuesto que no haya más cabida.

    El muchacho que fue, tan vencido y solo, y la sombra

    que desciende a envolver su fotografía negra,

    el cuarto que arde y el fuego que perduraba

    en su mejilla espantada.

    Todos habitan en la gruta de mi mesa, dice él,

    me río con ellos y he lamido la comisura de sus labios,

    me nutro cada anochecer de su rara ceniza.

    Me imagino sus cuerpos malheridos en la lucha

    con otros cuerpos iguales, me sabe mal su aliento

    después de cada afrenta, no pienso que baste

    con escribir entre líneas el deseo que urge y que urge.

    Objetos olvidados que alguien impuso.

    La caja de lápices roída por el verdín,

    toda la lluvia del mundo resbalando sobre su cabello

    porque si no ella no sabría para qué estaba allí,

    subida a aquella piedra con el niño en sus brazos.

    Y el cigarrillo, y la mano que tiembla.

    Después del invierno recomponían las luces

    estaciones de tren o calabozos temibles, nos separa

    de ti esa imagen lóbrega que desgarra la noche.

    Después del invierno más calles vacías

    y el hombre que escucha por enésima vez la queja

    del borracho que amenaza y sentencia, sentado

    entre su vómito, arrancarán, arrancarán tus muslos.

    Él se lamenta de que no se haya cumplido su palabra

    y abre el libro de los aguaceros y sus dedos recorren

    con parsimonia el vello del finado.

    Pasos que se hunden en el barro luego del café,

    cuando se hace tarde en la vida de los curiosos

    y no está cerca de ti, seguramente recuerdas

    una voz que aturde en su desgana

    a pesar de haberte amado tanto.

    Voces para el que regresa.

    Voces maravilladas para quien aún se asusta

    del canto del búho, será el causante

    de tu insana pereza, el que restaura tus sentidos.

    Contempla mis lágrimas o destroza tu reloj

    ya que has vertido en mi copa el más latoso veneno,

    cada cual que atesore en su regazo la risa.

    Si pudieran verse los cuerpos, sin ropa y sin venas,

    eternamente solos como en una noche estrellada,

    si ella fuese culpable de esta frialdad

    que huye de ellos por una promesa,

    tus labios enquistados en los míos hasta el furor,

    flores de acacia y de miel cuando era niña.

    Nubes de verano y en Los Ponticos la náusea

    de siempre, cada vez que te acercas.

    Voces de mentira para el que lo ha contado todo.

    Al amparo del espino, al terminar la tarde

    y cuando fue preciso sentirse más abandonados,

    su boca se enfadaba de golpe, ponía pucheros

    y era muy hermoso estar allí con ella

    casi encaramados a la piérgula de Adora.

    Cogidos del brazo se herían con dulzura.

    El esperado borró del cuaderno la raya imprecisa,

    nos buscó semejanzas con cuanto amedrenta y es bueno.

    El tiempo y su bella cicatriz, la granizada que cubre

    el camino de Ceide o no regresaremos jamás,

    sí, sí, cada vez que te acercas.

    Aún, con frecuencia, veo tu cintura como una aparición

    desleída en el humo del aguzo, llegando de muy lejos,

    te crece allí una arruga hermosísima.

    Palabras para olvidar si nos hemos ido.

    Al fin y al cabo ya comienza el amor a agriarse

    cuando menos lo esperas, pronuncia tu edad

    con desprecio y lleva con hambre sus dedos

    a tu vulva, concibe así

    mucho peor su despropósito.

    Él vuelve a repetirlo, nos sacarán los ojos una noche

    de ventisca dos desconocidos que visten de caqui.

    Nos pasearán por la carretera de Arriba,

    una y otra vez, pistolas y azaleas,

    no te olvides de aquello jamás.

    Relatar su vida como si no percibiera nadie

    que ha ocurrido, desconsoladamente,

    que ha pasado lo que más importaba,

    la muchacha se sonroja

    por culpa de un príncipe malo que no quiere tocarla

    ni siquiera esta tarde, que es fingido y es lunes.

    Mueren niños en barcas que llegan.

    Quieres pensar en otra cosa, te inclinarías

    por un paisaje con muchos menos preámbulos,

    sólo montañas para poder recordarlas

    con un nombre que las llame,

    cerca de Montecorral, ellos aún no han venido.

    Caras que sonríen en el crepúsculo, se abrigan

    con el fuego de las urces después de haber brindado,

    el día que me quieras, el día más largo sin rozarte.

    Desde que te fuiste la casa es un infierno.

    ...

     

     

    August 20

    Cómo duermen los príncipes

     

     

       

    ................

     

     

    segundo acto

     

    (La estancia ha cambiado su color ornamental. Al rojo pálido le sustituye ahora el azul más de noche. Solamente se ve algún ojo que brilla a causa de sus lágrimas.)

     

     

    Elga.- Las cárceles son frías y además oscuras. Si alguien me ve llorar no crea que es porque añoro tiempos pasados, rodeada en el día de fraques, criados y damas. Aquel tiempo se hizo sublime sólo en aquel mismo tiempo. Lloro por lo que nos aguarda. Si al menos lográsemos internarnos en el interrogante... Si no hubiese príncipes... Tal vez existamos sólo nosotros; al menos nadie podrá decir que mentíamos puesto que ni un ruido del exterior se conoce.

     

    Loco Rabel.- Podemos, en un supuesto, imaginar que no existen los príncipes, que hemos venido por nuestro propio pie a este recinto sombrío. Que no deseamos salir de la cárcel sino convivir con ella, pasar en ella los años. Que fuera de aquí nada se mueve ni grita.

     

    Rená.- Sí, realmente es buena la idea. Tan sólo es una suposición. Con ella no podremos llegar muy lejos.

     

    Latón Principal.- Pero al saber que deseamos permanecer aquí largos años, quizá la cárcel misma pueda resquebrajarse y dejarnos salir libremente.

     

    Obdulia.- Deberían respetar a aquellos que por dolor o cansancio intentan conciliar Un Sueño.

     

    B. B.- ¿Cómo duermen los príncipes? También ellos danzaban en las noches claras al sonido del acordeón. Ahora parece que he estado soñando. Sus ojos, los del Príncipe Mayor, al principio eran suaves y azules, luego se fueron tornando amarillos, después sangrientos y en el mismo jolgorio de la fiesta abrazó a una muchacha, la llevó a la oscuridad y le clavó su daga. Los demás detuvieron su alegría y se sintieron en el deber de perseguir a su Príncipe, porque no era bueno. Cuando le dieron alcance fue colgado de un abedul robusto. Como final lo enterraron allí mismo, sin estatua ecuestre que le hiciese encomendado para un futuro. Tenemos que llorar por la suerte del Príncipe.

     

    Loco Rabel.- Los sueños no son más que cosas útiles. Seguramente el Príncipe Mayor estará en este momento cazando renos.

     

    Elga.- ... O toros. Sin embargo qué imágenes le brindaría el sueño. Porque los sueños de los príncipes serán hermosos: disfrutarán con ellos.

     

    Loco Rabel.- Cuando la cárcel está helada nosotros no podemos disfrutar del sueño. Antes, en otra estación, dudo que el Príncipe gozase tanto como yo. Eso: ¡Yo soy el Príncipe! ¡Sí!

     

    Obdulia.- (Con sorna) Yo soy la princesa encantada por un hada terrible. (En voz baja) Por esta razón os acompaño. (Se ríe con burla)

     

    Rená.- Decidnos, pues, Cómo Duermen Los Príncipes. ¿Qué postura adoptan? ¿Duermen solos o con sus criados? Llevamos días para saber. Hemos perdido un tiempo plateado. Hace frío. Discurrir y decidnos cómo duermen los príncipes.

     

    Loco Rabel.- Los príncipes como yo dormimos en el suelo, boca abajo, y con los ojos abiertos: hay gente en palacio con un sospechoso rostro. También nos acompañan las princesas. A los lacayos no les está permitido dormir con sus señores, pero en cambio nadie les prohíbe dormir con los perros-lobos de raza de la Casa Vieja. Ahora debemos retirarnos.

     

    B. B.- ¿Conocen por casualidad el pasadizo de la estancia? Yo no veo nada.

     

    Obdulia.- El frío les hace insensibles. ¿No se dan cuenta de que estamos bajo el puente? Escuchan el rumor de las aguas, de las ranas...

     

    Latón Principal.- Sin duda los príncipes son felices. Nosotros nos alegramos. Acaso la luna brille cuando salgamos del arco.

     

    B. B.- No me equivoqué en mi sueño. Todo concuerda. La soga. La música. Estamos aquí por fuerzas ocultas y un mareo común nos hace desvariar. Somos distintos siendo tan felices. La clorofila...

     

    Obdulia.- ... Los dedos y las voces.

     

     

     

    (Como final de la fiesta campestre, los caballeros recitan versos a las damas. Versos de amor incompletos.)

     

    CORO MASCULINO:

    "Nosotros habitamos las moradas

    que no hablan ni respiran,

    solamente dulcifican..."

     

     

    telón

    de poder ser, ardiendo

     

     

     

     

    Sevilla 1 de agosto de 1978

     

     

     

     

    Fragmentos de "Cómo duermen los príncipes" tomados de HYDRA, Revista de Literatura, Nº 5, Avilés 1979

     

     

    June 13

    Un par de Mortajas

      

    Aprovechando mi don de lenguas* y dado que mi traductor tardará aún en reincorporarse a su labor por culpa de una baja por paternidad o por codo de tenista, no sé yo, me tomo la libertad de poner la traducción casi íntegra de dos poemas de Mortajas, libro que vaga por ahí con más pena que gloria, todo hay que decirlo. ¿Que por qué en coreano? Pues muy sencillo, de los cuatro lectores confesos con que cuenta este blog, uno de ellos resulta que me lee desde la Corea central. Va para ti, Yunjin.

     

     

     

    측을 남겨두기 위하여

    범죄, 상처 분개의 보다 적게 견딜 있는 장비.

     

     

    오래된 집에서 저장하기 위하여

    분실된 기억

    그리고 건강.

    소년은 임금이라고 창조된다

    그것의 공화국의.

     

     

    그것에게 모두를 남겨두기 위하여.

    당신에게 누구를 사랑한지 괄시하기 위하여

    아주 끈기 아침,

    그는 정보 없이 아직도 완전하게 인식한다

    진실한 피부 그것의 위험. 

     

     

     

    Dejar a un lado

    los útiles del crimen, las llagas

    menos soportables y el rencor.

     

     

    Atesorar en la casa vieja

    los recuerdos perdidos

    y la salud de hierro.

    Se cree el muchacho el rey

    de su república.

     

     

    Abandonarlo todo.

    Despreciar a quien te amó

    denodadamente una mañana,

    él aún reconoce a ciegas

    la verdadera piel y su peligro. 

     

     

     

    몸의 운동

    발작, 이상한과 그것을 동의하고 unnamable 것을 속삭이는 시간 이다.

     

     

    당신이 질호할 ,

    여자의 속삭임

    그것은 당신을의 soeces 낱말 기다렸다.

    그것은 적면된 당신의 눈을 진정시켰다

    당신의 glande.

     

     

    지금도 당신은 보기 위하여 바르게 짐작하지 않는다.

    후에의 모래통에서

    슬픈 streamlinings, 둥근 천장

    불가능한 사랑을 위해.

     

     

    당신의 피부에 난리, 수수께끼.

    열쇠에 가까운 당신 오래된

    그리고 비탄 .

     

     

     

    Movimientos del cuerpo

    espasmódico, es la hora de coincidir

    con lo extraño y musitar

    lo innombrable.

     

     

    Cuando gritabas, cuando

    el murmullo de mujeres

    esperaba de ti soeces palabras.

    Serenó tus ojos, enrojeció

    tu glande.

     

     

    Todavía no aciertas a mirar.

    En la Arenera de entonces

    los fusilados, bóvedas tristes

    para el amor imposible.

     

     

    Alborotos sobre tu piel, acertijos.

    Cierras con llave la casa vieja

    y el pesar y los libros.

     

     

     

     

     

    * Windows Live Translator español-inglés-coreano