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日志


9月28日

La caída

 

 

Te prometo que voy a intentar hacerlo lo más breve posible. Verás, en un principio parecía un sábado por la mañana como cualquier otro. Yo estaba sentado en la silla rosa del rincón de la biblioteca, sin decidirme a leer nada aún, esperando a María Jesús para ducharnos juntos. Con alguna disculpa, muy probablemente, le pedí a Luis Miguel que tocara su violín para mí, que sería sólo un momento. Pero no le apeteció, angelito. Pues vale, pensé, marcho a la cocina a fumar un Ducados. Jamás llegué a la cocina, nunca más volví a la cocina por mi propio pie..., ni a ningún sitio. Unos pocos pasos y, en la esquina del pasillo, la gran sapada. El gran hostión. Ya te decía: un sábado por la mañana de septiembre como cualquier otro. Hoy, en este mismo instante, hace diez años. Plaf.

9月25日

La ciudad y los nombres

 

Ocurrió que un buen día Andrés González cogió la mitad de su "Derviche" y se fue. Primero a O Barco, luego Vigo, y Madrid, y se detuvo, por fin, en Lanzarote. Cuentan los últimos que lo han visto que sigue empeñado en levantar alturas y más alturas a su casa de la playa... Los tres poemas pertenecen a su libro inédito La ciudad y los nombres.

 

 

 

 

Abrazarte era abrazar

la zarza azul de las farolas,

derramar la sangre

que nos repite a su pesar,

como aquella ciudad

donde nos besamos deprisa.

 

Acaso esta sal sólo te sepa

repetir con dureza

el nombre de tu calle,

pero mira cómo destellan

las putas

cuando las hago lo que señala

tu ausencia.

 

 

 

 

Seremos para el olvido

como el agua en un estanque;

seremos desde el odio

hasta los labios

un coraje impune de relojes;

seremos el monje acaso

que acaricia tu piel

y posa una luz a camposanto

perfumada.

 

Seremos un nuevo dios

que grita en las gasolineras

muy borracho

su sed de amor.

         

 

 

 

Ahora una muchacha pliega

definitivamente sus ingles

y la melancolía le cruza el pecho

como un tren de invierno.

 

Puedo ver el silencio,

las chimeneas que callan su voz

y los nombres anclados en el óxido

muy espeso

donde te vi apenas.

 

Se impone hoy el desarraigo,

el frío que mana cruel

en la exacta morfología de los calendarios;

se impone la tristeza ahora,

en este remoto malecón

donde los maricones rechazan

un beso más por amor

al arte. 

9月21日

Vaya por dios

 

1

Como cada tarde de jueves, lo sacan a la acera de la calle para que le dé el aire, para que tome el sol, para que mire pasar a la gente. Pues creen que mirar gente aún puede ser beneficioso para él, enormísimo armatoste. Como cada tarde de jueves, sentado en su silla, ve a lo lejos venir a Vanessa y a Sandra, dos amigas de nueve años, inseparables y vecinas suyas. Hasta hoy, ellas llegaban a su altura y se paraban cerca, muy serias al principio, para después sonreírle con asco, con temor, incluso con ternura. Pero hoy no. Algo les sucedió que no alcanza a comprender: pasaron con lentitud rozando su brazo, sin detenerse. Eso sí, escuchó a Vanessa argumentar, casi imperceptiblemente, si como dice mi padre me cago en dios, un señor que no conozco de nada, si lo conociese, ¿tendría tres manos para aplaudir mejor a David Bisbal... ? Más o menos. A Sandra solamente la oyó responder con un enigmático sabes, tía, sabes... Las vio perderse en la esquina de Juan XXIII, vaya por dios, al poco rato.

 

2

El Benedicto ese no sé cuántos, tan atareado como anda en vaticinar el fin del mundo, ¿sabrá ya lo de Vanessa? ¿Y Rouco el Grande? ¿Y el breve y enrojecido Cañizares? ¿Habrá llegado a sus oídos el descreimiento de esta niña, mejor dicho, de esta ovejita descarriada? Seguro que la culpa la tiene la ciudadanía, o si no, esos matrimonios tan "extraños", hay que ver. Ahora mismo les pongo unos correos, en latín, para que tomen buena nota. Como diría Alfaro, vaya troupe...

  

9月18日

Poemas para leer en voz muy baja

 

Cuatro poemas más del inédito "Lugares". Por si te apetece, tú que puedes, estirar las piernas y pasear un poco.

 

 

 

V

 

Únicamente sustraerles la rabia.

Atribuirle a él inconfesables conductas,

en La Cerra la primera caricia,

la frente que abrasaba sin remordimiento ninguno

al surgir después la mañana.

 

En circunstancias normales no debe ser difícil

caminar por un bosque que no estuvo encantado,

de la felicidad

se añade a la nostalgia un matiz peligroso.

Disponías del tiempo justo

para acabar como los héroes.

Es la sombra de aquella sombra obscena

y te conoces las migas dulces de su cuerpo

como una lección favorable.

 

Un día más y al ocaso,

Prinderos era el mundo que sobraba.

Sacaveras o limiacos para constituir

un hombre distinto que sería capaz

de conquistar el susto.

Su falda azul, la hierba interminable de su pelo,

la desmesura manifestaba entre sus ingles

el grato terror.

 

Alguien lo supo.

Te mereces su odio, diluviará

sobre el camino de Ceide y no te haces mayor

junto a ella.

Desfiguras la sonrisa de entonces,

tus piernas las ha rebanado el Hombre del saco.

- Que está contenta la abuela Rolindes,

no dejes de escuchar la voz que te sume

en la infinita congoja.

 

No permitas que se vayan de noche sin ti

ni siquiera a cazar gamusinos.

 

 

VI

 

El argumento roza la barbarie, te has girado a mirar

mas sin mirar

el clamor negruzco de las pegas.

Acontecería acaso en Los Ponticos

algún día indeterminado de junio.

 

Han soñado tu sueño y con serenidad te juzgan

de aquello que basta, el amor en cuclillas

cuando menos lo esperas, la visión borrosa

que brotaba y no brotaba en la noche.

No será su rostro ya el que se asoma al frío

con tanta insolencia, pide que su boca sufra

hasta el final lo que no puede ni debe contarse.

Recuerda que tuviste la oportunidad

para encontrar el tesoro.

Recuerda que no estabas allí

para sudar su deseo.

Niños que tosen al acudir a la escuela,

reposa en la fogarada su escarabajo leal,

por qué no has venido.

Como pasan las tardes

gracias a la déspota voz del que enseña

así se fue la vida.

Recuerda sus caras, sus energúmenas voces.

Es desvaído y no luce más y estás muerto.

 

Al fin y al cabo no eras tampoco tú el que soñaba,

alguien acomodó en tus miembros la maldición

y ha llegado a cumplirla,

peces de colores para ser enterrados,

una vaca de goma y los trofeos del padre.

 

Apártate de mí, le gruñe en silencio.

 

 

VII

 

A veces lo has ansiado exageradamente

y te conformas con volver a imaginar

el sitio donde estabas, la edad verdadera

de cuanto perdiste.

Amabas un cuerpo atisbando desde Las Fuequinas

la tarde.

 

En la distancia ella te informa de que las nevadas

no cubren aún,

no hay torva como cuando eras pequeño,

casi cincuenta años de amor

y cincuenta años de olvido.

A veces has ansiado la muerte.

Doblas tus dedos para que nada malo les suceda

fuera de la inmensa soledad.

 

Abusa de ti la memoria, no ceja en su obstinación

de negarte el mínimo consuelo

que producen las cosas terminadas:

juguetes con óxido, un beso infrecuente,

muchachas entristecidas por tu causa.

Si quieres mirarlos,

van paseando el camino del Ariego sin hablar,

él cuenta que un mastín

lleva muerto varios días frente a la Utrera

y ni da olor de tanto frío como hace.

 

Crees saberlo.

Escenas recogidas en álbum impertinente,

los hermanos de nuevo se han tenido que ir,

quien te amó declina ahora su aprecio

desde la indiferencia extremada, pobre de ti.

También le escuecen hoy al amanecer los ojos

al añorar pecados, bah.

 

         

VIII

 

Terminada la cena, el visitante se despide.

Miseria de noviembre:

el vapor inexorable de las lumbres se mitiga,

sería necesario marchar deprisa como nunca

pues acechan los perros tus pasos para herirte mucho

si abandonas.

 

A menudo caen del tejado de las casas losas de pizarra

igual que historias antiguas,

es como si regresara la niña muerta

a jugar a las tabas.

El que siempre se ha roto, el destemplado y grave.

No mirabas atrás

no vaya a ser que el tiempo incumpliese contigo

su promesa

o que la noche te tizne la palma de las manos

con un hollín sucinto semejante al dolor.

 

Nadie vigilará mientras el vendaval arrecia,

tu hijo está dormido

y no suena la música que ella amaba,

te mereces la frialdad que ocurre en Valdeollas.

Nadie se hará cargo de tu nostalgia, vas a morir

de lástima por poco que te apliques.

 

Cosas que velar,

es bueno permitirles a los otros golpear

con cólera tu cuerpo,

se empapa mejor el hastío y niegas su nombre.

El embuste comienza a ser disparatado,

se enturbia la voz:

 

el zapato de charol levemente incorrupto,

para colmo,

de Aurina.

  

9月14日

Cuanto sé de vos

Que sí, que es verdad, que Alfaro ya pasó una vez por estas páginas virtuales. Pero es que me cae muy bien, no Alfaro, que también, sino ese personaje tan magistralmente perfilado que ha conseguido para su blog Cuanto sé de vos. He aquí, escogidas al azar, dos viejas entradas.

 

 

 

Martes 8 de mayo de 2007

El tuerto, el manco y el flaco

 

Mira que es raro esto, uno de mis amigos tiene el ojo rojo y el párpado morado, qué respigos que me da, le han operado porque veía unas cosas raras y ahora dice que no ve, claro, todo el ojo es una rojez. Le he dicho, puedes ponerte unas gafas de sol y así no se te verá el ojo. Bah, para qué, me ha contestado. Hombre, te dará más carácter, le he respondido.

Pues, otro de mis amigos va con un brazo medio vendado porque le han quitado una cosa, me dijo, no sé qué cosa... Ya no puedes coger la espada, le dije. Y así vamos, a un lado, uno, con el ojo rojo; al otro lado, el otro, con el brazo vendado, y yo, en el medio, con mis complejos de adolescente que no se ven, gastándoles bromas muy en serio, que si la gomina del pelo, que si el vello del entrecejo, que si estamos demasiado delgados, que si vamos al gimnasio, que si las gafas de sol, que si tengo que sacar a pasear al perro, que si estudio un módulo, que si voy a la universidad, que quisiera hacerme invisible cada vez que mi madre me carga de bolsas de basura para que las baje al contenedor, pues yo quisiera abrir la ventana y ¡hala, basura va! como antes de El motín de Esquilache, y el perro detrás todo el día, qué rollo.

¡Troupe, troupe! El tuerto, el manco y el flaco. De verdad, que no sobro.

No. El tuerto, el manco, el flaco y el perro. Así mejor, mi troupe fantastique.

 

 

8 de julio de 2007

Fauna urbana

 

Entro, salgo, juego, leo, sintaxeo y morfologeo, me entreno con los neologismos y los cultismos. Estoy en una encrucijada, veo pasar, yo espero, es verano y no me desagradaría tanto ir y venir del pueblo si no fuera por tanto insecto: mosquitos, arañas, arañones, moscas, moscones, hormigas, saltamontes, escarabajos... Menuda fauna.

Prefiero la fauna urbana, ver cómo mi amigo se merienda una barra entera de pan con mantequilla y luego se va al gimnasio para bajar sus 110 kilos, o cómo Silvia nos mangonea a todos "¿no estaréis hablando de mí?" pues no, Silvia, no, no eres el centro de mi universo y yo sé que el punto G está aquí, en la base del bulbo raquídeo, para que te rías a gusto de algo.

  

9月11日

Abrazos

 

Se aviva con el fuego, es decir, vienen y se van las cosas que menos se han amado, se escucha el gorjeo del niño que no nos ha hecho siquiera sonreír con el disparo de su rifle, por lo demás alguien lo anota. Pasan cerca de ti milanos o si no, será en tu memoria. Creyó ver moverse con lucidez sombras que dan sustos, criaturas de vientre inexplicable. Ahora llueve y sobre sus caderas el frío cuesta contenerlo, mortificar con desdén su enorme paciencia y su rito absurdo. Ya no lo toleran más. Se abren como puertas desmedidas, saben su ingle porque ya se fue la destemplanza a sorber sus ponzoñas. ¿Para qué tanta necedad?, dicen. Le aterran cuando arañan su piel y queman con cigarros el fondo hueco de sus párpados, nadie ha venido a por ti. Nadie ha llegado en tu socorro, se conoce que no ignoran que la ceguera o el desamor existen.

  

9月9日

Y de mi eutanasia, qué

 

 

Mientras termino de escribir un texto de más "hondo calado" sobre Eutanasia, te propongo la lectura de este artículo que apareció en El País el 12 de mayo del pasado año.

 

 

 

FARSANTES*

 

Bonito espectáculo de feria al que vamos asistiendo en esta última semana. Sucede que a Ramón Sampedro no se le ha ocurrido otra cosa, desde su lejana e infinita nada, que volver a morirse. Se conoce que no fue suficiente, en su día, allá por 1998, la retransmisión en diferido de su más que deseada aunque penosa muerte, ni el posterior y prolongado proceso de beatificación, ni siquiera el último y muy hermoso acto de su personal trilogía, me refiero a la película tan magníficamente llevada y traída por premios y festivales Mar adentro. Pues bien, se conoce que Ramón Sampedro no tenía bastante con todo ello y tiene que volver, a su manera, a decirnos que estamos todos muy, pero que muy, equivocados. Alguien contestará que el muy equivocado es el que esto suscribe, que el muerto no es Ramón Sampedro esta vez, sino otro, un tal Jorge León, no de Galicia precisamente, y, para colmo de males, con un respirador de por medio, y, por si fuera poco, pentapléjico, nueva palabra que añadir a nuestros personales diccionarios de andar por casa mientras vemos de mala gana ciertas noticias de los telediarios. El niño dirá: mami, qué es pentapléjico. La niña, más avispada ella, no tendrá la más mínima duda y contestará al pequeño que pentapléjico es un equipo de fútbol de la ciudad de Madrid que viste normalmente camiseta rojiblanca a rayas. El padre, estoy casi seguro que con empaque, añadirá que pentapléjico es un señor al que le gusta sobremanera el bacalao a la vizcaína. Pues sí, señores, todos tienen su buena parte de razón. Pentapléjico, tetrapléjico, parapléjico... Palabras que no suenan nada bien a esta sociedad nuestra, mejor dicho, que suenan fatal, porque son sinónimo, además de otras muchas cosas, de dolor, de enfermedad, de vidas rotas. Y mientras tanto, las mentes bien pensantes van a abandonar con sigilo el cuarto de estar para ir al lavabo, pues en el momento en que se escuchan y se ven tamañas "desgracias" las mentes bien pensantes tienen la obligación de lavarse algo, aunque sea sólo y transitoriamente la conciencia. Pero yo sigo insistiendo. Sucede que a Ramón Sampedro no se le ha ocurrido otra cosa que volver a morirse. El muy cabrón, el muy farsante.

 

Regresa de nuevo el debate, la pequeña o gran pelotera de turno comienza a llenar columnas y columnas en los periódicos y una que otra intempestiva imagen televisiva se cuela en los hogares a la hora de los almuerzos y las cenas. Los medios, siempre a vueltas con los medios. Algunos de ellos incluso rozan el ridículo titulando que Jorge León precisaba de una pequeña grúa para ser desplazado de su cama a su silla de ruedas. Cómo si no mover un cuerpo yerto, cómo si no transportar un cuerpo que ya lo ha perdido todo hace mucho tiempo, el orgullo, la autonomía, la vergüenza, incluso la dignidad. Otros andan ya a la busca y captura de nuevos pentapléjicos como él por asociaciones, como DMD Asturias, oliendo la exclusiva, de enfermos con similares expectativas vitales que las del farsante de Jorge, el muy farsante.

 

Y es que parece extraño que, aún hoy, en estos tiempos que corren de magnanimidad y progreso, donde pareciera que todo el mundo vive desahogadamente en un perpetuo ir y venir a las playas en kilométricas y bellísimas caravanas, en estos tiempos, digo, todavía haya quien ponga su estúpido grito en el cielo cuando surgen patadas en la ingle informativas como es la de la reciente muerte de Jorge León. Se me ocurre pensar que ya está bien de seguirle el juego a esa banda de sotanas andantes en que se ha convertido la iglesia católica o si no, a esa otra de políticos que bajo el amparo de un muy mono pajarito naranja campan a sus anchas con exceso en tómbolas y en informativos, o incluso a la de otros cuya flor, pienso yo, caída a la derecha destila un aroma cada vez más mustio. No otro discurso parece querer añadir la ministra del ramo en sus últimas declaraciones: no es el momento. Se conoce que las personas que estamos tendidas sin remedio en una triste cama de hospital, o en una residencia de mala o buena muerte, o en el domicilio prestado de nuestros familiares, o, los que con enorme fortuna, como yo, vivimos en nuestra propia casa haciendo la vida amarga e imposible a nuestros seres más queridos, pues se conoce que esos, nosotros que no podemos introducir ni tan siquiera un miserable voto en una miserable urna electoral, carecemos de derechos para que los políticos nos pongan un poco en sus papeles, siquiera en bastardilla. A la hora de decidir qué hacer con nuestra asquerosa vida, nadie ha hablado aquí todavía de eutanasia, horrible palabreja, lo mejor es esperar, ser pacientes, confiar en que una parada cardiaca, por poner un ejemplo, un día cualquiera, nos haga el resto del trabajo. Mucho mejor la clandestinidad, la mano amiga que se nos niega. Pues eso, muy farsantes.

 

Y todo lo que antecede porque el pasado jueves, día 4 de mayo, el cuerpo sin vida de Jorge León apareció en su domicilio de Valladolid con el respirador desconectado y, cerca, un vaso. El vaso. Desde aquí poco puedo sumar a esta polémica boba si no es mi admiración y mi envidia hacia una persona que, por fin, pudo conseguir lo que desde hacía tanto pretendía. Desde aquí, para él, para ese vacío que ya es él, el abrazo más grande que yo haya podido ofrecer a nadie. Y no sólo para él, sino para otros, estos anónimos, que con la ayuda impagable e inestimable de quién sabe quién han podido llegar al final de sus vidas sin tener que sonrojarse y a los que lo harán mañana, y dentro de dos meses... Farsantes ellos lo mismo que yo soy farsante.

 

 

* Luis Miguel Rabanal es escritor, es un decir. Socio de DMD Asturias. Muerto prácticamente desde 2003. Tetrapléjico desde 1998. Lesionado medular desde 1979.

 

 

 

(El texto anterior es el original que se le remitió al Periódico. No obstante, los chicos de la redacción no cejaron hasta poner con mayúscula iglesia católica, como si esa jodida institución tuviera significado y valor para mí, y cortar parte de la firma. De acuerdo, son bobadas, pero a lo mejor no lo son tanto...

----------Mi recuerdo ahora para Inmaculada Echevarría, que me hacía rabias por teléfono, y los demás. Ellos sí que están ya a salvo.) 

9月5日

Blues de la catedral

  

Realismo, realismo sucio: no, señor. Realismo muy sucio. Sucísimo, en la acertada matización de Carlos B. Alegría. La poesía, la escritura toda de Alfonso Xen Rabanal a nadie deja indiferente, si te descuidas lo más mínimo te muele a pequeños golpes, chorrea, lo mires por donde lo mires, vida... Eso sí, la puta vida.

 

 

 

blues de la catedral

 

No era el sonido de tus palabras, ni tus venas que presionaban mis piernas... ni esa piedra oscura por donde paseamos, símil de asfalto sin ruedas… ni mis pulmones negros, ya todo sombra que se rebela y aborta la palabra en mi garganta...

 

Era el viento, las palabras muertas que penan... mi sexo hinchado, gótico en su cúpula de desgarros: sin luz, como esa catedral que desluce, a oscuras, de un entorno que no merece más que ser pisado... aunque ya por otros cauchos, otros olores, sudores que corrompen y no consigue arrancar ese que nos miraba manguera en mano...

 

Y las notas que se enquistan en mi polla, y ascienden por los neveros del recuerdo... ecos que a tu aliento es como agua, el agua que, entre nuestras piernas, arrastra cientos de miradas que robaron la luz a esa Catedral, y ahora zozobran en la cloaca sus barcos de cáscaras vacías, saliva seca de preguntas confusas, olvido de mañana, girasol que torna, gacho, al reino del anonimato sintiendo que Dios también muere en un asfalto de olvidos sin luz...

 

Y llueve, y estos bancos incitan al paseo, la manguera acecha... Y ya solo símbolos paganos que se explican a sí mismos en la indiferencia del que ya no sabe escuchar; estatuas de nueva devoción erosionadas por cientos de manos juguetonas, como las tuyas en el recuerdo de mis espaldas, y los versos de mi resaca, un hombre solitario, una manguera, agua, esa catedral oscura y una piedra que recorre el asfalto rayado: sombra de una que de luz fue construida y hoy es refugio de sombras que se manifiestan, como mis recuerdos, mis notas perdidas en miles de borracheras entre estos jardines de meados donde te pierdo, esquivando chutas sin gomas que empastan caries con su esperma ebrio, vomitonas sobre cabezas ya por siempre gachas, que tiñen de rojo velos de vírgenes, de verde la bilis el de la repudiada, de azul la esperanza de madre soltera... de negro mis folios al amanecer de estas canciones sin ti...

 

¿Cuál es tu color?

 

 

 

(Publicado con anterioridad en Crónicas para decorar un vacío en la niebla)

  

9月4日

4 de septiembre

 

Ella sabe bien por qué: GRACIAS. Dieciocho años son muchísimos años y, mira tú por dónde, me ha querido. El texto que vas a leer ahora, si te apetece, fue escrito del todo para ella y hoy, precisamente hoy, lo celebro y lo recuerdo...

 

 

V

 

Adentrarse en el socavón perpetuo de las manos partidas que velan por mí a fuerza de costumbres, desenmascarar su propio dolor y entre tanta desnudez abrazarla, en secreto, a medianoche.

Cuando el placer asoma en sus labios, rotundo y servicial como un aparecido.

No siempre el amor muestra su enojo si queremos llamarlo de puntillas, ven, ven y nos morimos, si mi carne en su carne se abrasa y se desgañitan, no muy lejos de aquí, los niños.

Para su alegría basta una certeza, una modulación de voz que no se note apenas casi nunca, un pájaro extraviado en el goloso espino del otoño, una gota de sudor que, en ocasiones, el cuerpo sabe embrutecer tan bien como ninguno.

Para su calamidad, en cambio, es suficiente la noche que nos adormece sin antes haber presentido su indolencia, ven porque tu boca se ha acabado, y ahí fuera, en medio de los magnolios pequeñitos del Parque, hace un fresco riguroso.

Pienso en ella y ya no tengo prisa, y nada tengo entonces...

 

 

(De "La última vez", Ajimez libros, Gijón 2000)

  

9月2日

Visionarios y malditos

 

Los relatos de Vicente Muñoz Álvarez, extraídos de su libro de próxima aparición "Marginales", te cautivan por su mixtura de viejas literaturas decimonónicas y modernidad, te empujarán a un mundo irreal y, en apariencia, sereno y posible. Pero no importa, son cuatro primicias para ti que debes leer sin ningún cuidado...

 

 

 

EL DONANTE

 

                   Desperté de la anestesia sintiéndome un hombre nuevo, sobrevolando como un fénix mis cenizas calcinadas. Mis temores se esfumaron al darme cuenta de que la operación había sido un éxito. Mi enfermedad sólo era un recuerdo, una pesadilla de la que entonces comenzaba a despertar. Sentía mi cuerpo, antes marchito, remozado y fuerte: mis órganos sanos, mi mente lúcida y mis extremidades asombrosamente ágiles. Lleno de entusiasmo recorrí las estancias de aquel hospital buscando el solaz de alguna voz, pero todo estaba oscuro y extrañamente silencioso. Sólo una luz intermitente brillaba al fondo de la planta en que me hallaba. Caminé hacia ella sin sentir casi las piernas, curiosamente ingrávido en aquella atmósfera opresiva. Al final del pasillo, en la última sala, decenas de vísceras y miembros amputados se alineaban sobre una mesa metálica, flotando en el interior de grandes pipetas de cristal. Casi en trance contemplé su macabro contenido, cuyo orden anatómico había sido cuidadosamente respetado: pies, piernas, testículos, riñones... y así hasta el último recipiente, donde se mecía con un suave balanceo mi propia cabeza seccionada.

                    ¡ Todo había sido una ilusión !. Pues mi cuerpo no era más que el reflejo débil de mi alma, y los que allí se almacenaban, los órganos que, ya desahuciado, había donado horas antes de morir.

 

 

EL REINCIDENTE

 

                    DESPERTAR: amanecer sin sueños, casi sin recuerdos. Edificios arruinados, esqueletos de ciudades jóvenes, ráfagas de fuego demediando un cielo gris. Calor y sed, ardor y hiel. Niños huérfanos buscando en los escombros, sombras de iras aún candentes, confusión, abulia, hipocondría. Obreros ciegos cubriendo las fisuras, inhumando en brea cadáveres de neuronas muertas, martirizadas por la causa.  Hermafroditas exhaustos sobre un lecho de flores rancias. Paredes grises, pasillo gris, universo gris. Lluvia sorda. Esputos de nubes negras y abultadas. Pájaros sin alas intentando levantar el vuelo: REMORDIMIENTO.

 

 

EL BORRACHO

 

                    Se pierde su mirada en el vacío y su rostro refleja el sinsentido. Con su estúpida sonrisa pretende inútilmente coordinar alguna frase. Tiemblan sus manos, flaquean sus piernas, pugna a cada instante por guardar el equilibrio. E intenta explicar cómo fue un lejano día alguien respetable a quien la mala suerte ahogó en alcohol. Pero súbitamente se lo impide un hipo traicionero o una carcajada que ni él logra entender.

                   Aunque no todo sean sonrisas. Es aflictiva la resaca e insoportable la abstinencia. Dormido en un portal vio la sombra escurridiza de la Parca en forma de arácnido y reptil. Sintió deslizarse junto a él su cuerpo viscoso y pudo oler el hedor de sus fauces carroñeras. Pero escapó una vez más con su botella. Dentro aguarda el paraíso y el infierno, el orgasmo y el dolor: náyades y ondinas, vírgenes y diosas, númenes hinchados que se ahogaron hace siglos... Todos son sus compañeros y le ayudan a olvidar, cuando abrasan sus entrañas, que fue un lejano día alguien respetable a quien la mala suerte ahogó en alcohol.

 

 

EL OPIÓMANO

 

                    Hoy la nieve se te antoja oscura y triste, extrañamente adulterada, acompasada en el silencio por lamentos muy lejanos. La observas caer tras los cristales empañados de la alcoba, suspendida de este cielo gris, vagando sin destino a lomos de la brisa. Parece gotear fundida en negro del techo de una mina de carbón, impura y pegajosa. Y adviertes en su caída los mismos pesares de tu espíritu, analogías y correspondencias que se escapan al alcance de tu comprensión. La danza inconexa de los copos en la niebla y el aullido de sus pétalos marchitándose en el lodo, emulan torpemente el declive de tu alma, la agonía de ese cuerpo remiso que a veces ya no sientes, de esa carne fría que pese a tu desidia se obstina en reincidir.