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    August 28

    Grumos

     

    Precisan tus cuidados, se les ofrece únicamente socorro, el sarpullido se produce cuando es perentoria la mano. Quieren el literal peso de la infamia, el color por descifrar que se agita a lo largo de tantos desvelos, si hasta eres insólita. Apenas dos veces, el resto abulta en otra magnitud y se les abre el camino, no pasen más hambre que un día caprichoso con la que extrañan. Mi amor, le ruegan, le abrasan la boca cuando es lento el fervor y ya no toca nada, se duerme, es baba de baba que el enjambre gotea, incesto que la sangre relega con suma facilidad y no estás para empaparlo. Impropio quien domestica su deseo con tu lengua merced a gemidos, espléndida mañana cerca de ti, mi amor, que interrumpes la lección del desgaste: huesos para los perros del agua, mi cuerpo que es plural y espasmódico también para ellos. Rutina que se anuncia en las notas que nadie va a leer en la ducha de A. O si no, conserva el olisbo de nácar que no te pertenece. Por fin.

     

    August 25

    Mujeres en guerra

     

    Se lo pasa uno muy bien en el blog de Isabel Chiara. Y este Randolph, aparte de dos o tres miserias humanas comprensibles, todo un lujo de persona...

     

     

     

    jueves 11 de junio de 2009

    CAPÍTULO OCTAVO DE RANDOLPH

     

    Ay, Petronio, qué maldades inoculaste en la carne, qué destrozo espiritual… Nosotros, nacidos del vientre impoluto de nuestra santa madre nos vemos abocados al pecado estancado, a la virtud en entredicho, a la vena lujuriosa que pulsa como posesa en los puntos cardinales del gusto, ay, qué viaje sin retorno, qué madeja de tormento, qué pardo el paisaje sin la excrecencia de nuestros cerebros. Carmelita, mi diosa veteada, abierta en canal, como la ofrenda quebrada que el párroco depositaba suavemente en mi boca los domingos a las doce; pero toda para mí, la derecha y la izquierda, el yin y el yan, una pata y otra, y el centro pa dentro. Estoy barajando la idea de ofrecer a la humanidad mi cerebro desbocado; regalar la gracia que me fue concedida y que tan armoniosamente he glosado en estos años de desdichas y aflicciones. La juani fue mi tormento, doña engracia, mi madre, el silicio, carmelita mi diosa, la salvación. Y dios ¿dónde se halla el magnífico, a la vera de quién se sienta? Ay, la absenta, néctar milagroso que me ha sido negado tantas tardes de chinchón en casa manuel ¿Cómo enraizar el rizoma del soplo divino en el polígono de san pablo? Hubiera sido tan fácil. Le quartier de saint paul, suena tan bien…, il quartier di san paolo, saint paul’s quarter… Polígono, unidad urbanística constituida por una superficie de terreno, delimitada para fines de valoración catastral, ordenación urbana, planificación industrial, comercial, residencial, etc. ¿Dónde buscar a dios en esta porción de plano limitada por líneas rectas? ¿Y el hombre, cómo está dispuesto en esta estructura de perfección matemática, en vertical u horizontal? ¿Y los sujetos en oblicuo, pueden convivir en este excelso paisaje que tuvo a bien conformar sus biografías? Me temo que todo han sido desventajas: el clima excesivo, la boina encasquetada en la mollera, sin gracia, el hule de cuadritos…

     

    Sankt Paul Nachbarschaft, esto es contundencia, amigos, con la solapa del gabán alzada dejando entrever la nariz majestuosa y los ojos afligidos por la cosmogonía, y los pantalones de paño oscuro, y la voz reverberando un bis morgen que se estampa en los muros consagrando a la existencia la perpetuidad que le corresponde, y nosotros con las bombachas y los dedos de los pies al aire y el vaya usté con dios, que no reverbera ni tan siquiera percute en las paredes alicatadas, tan sólo un siniestro vaho que se desvanece y menos mal, porque a un tris estamos de convertir el zaguán en ermita y sufrir la peregrinación de tantas y tantas almas en pena.

     

    Imposible la creación con este cuadro. Todo lo más una letra elegante, caligráfica si tienes el pulso firme, y una educación de colegio de curas emperrados en la estética de las formas y la vacuidad de los fondos. O una copia malversada de los gritos munchianos con rotulador carioca y barniz titán, extrabrillo, para darle prestancia; o entreteniendo las tardes de domingo con la muerte de los padres del rey lagarto, por solidaridad, enardecidos; o trenzando junto a ocnos la soga que se desvanecería en cualquier esquina, en la próxima acera...

     

    - Randolph ¿qué coño estás haciendo? Muéstrate ladrón y cuéntale a tu madre de dónde vienes…

    - De la añoranza, del abatimiento, del reconcomio del plástico y la formica, de las hechuras femeninas calzadas en batas de poliéster, del catecismo y la represión, de apurar la juventud con el fervor de las letras ¡Ay!

    - ¿Ya has bebido? ¿Y la Carmelita, es buena muchacha?

    - Una santa, madre, una santa.

    - Pues a ver si te enderezas de una puta vez, y vuelves al trabajo tan güeno que tenías, y no le haces nada a esa pobre muchacha… So canalla.

    - A ver, a ver, madre.

    - Cómo que a ver ni a ver… lo que tienes que hacer es dejarte ya de sandeces que tienes más de cuarenta años y mírate, pareces un loco.

    - De ingratitud, de impotencia, de devoción a la primavera… Abril es el mes más cruel.

    - Vete a tomar por culo.

     

     

     

    Publicado por Isabel chiara a las 3:54 AM    14 comentarios

     

    August 21

    Los sueños raros

     

     

    GRITAR EN VERANO

     

            

    A lo mejor ya habían venido los vencejos al calor

    desproporcionado de cualquier desmemoria.

    A lo mejor, también, nos preguntaríamos entonces

    qué habría de cierto en la mansedumbre

    y en la mala leche de la gente.

     

    Vuelves tu rostro y por doquier te topas con nombres

    terminados y figuras desiguales por la edad

    que asumen con fatiga, lo miras nuevamente todo

    y quieres llorar porque en un poema

    llorar aún es comprensible.

     

    Secas tus ojos con la sábana vieja, la del sudor

    que te producía el monstruo desvencijado de la niñez

    cuando, de noche, te arañaba el muy cerdo.

    Aunque es probable que tus ojos no sirvan

    ya para nada.

    Y sin embargo hay menesteres peores,

    es la pura verdad.

     

    Uno querría volver y destruirlo, volver a amanecer

    y gritar en el verano como el energúmeno grita poseído

    por su leve impotencia, su octavo aniversario,

    su esclerosis.

    Uno ya no puede ni siquiera regresar.

     

    Y se conforma con añadir al poso del café

    algún veneno zafio, un cierto temblor que no se advierta,

    o una miga de pan duro cuando menos.

    Ya se sabe que la infancia es un tesoro escondido

    en el baúl que nadie recuerda dónde fue enterrado,

    ni por quién.

     

    Al fin y al cabo es muy hermosa la nieve.

     

     

     

    © 2002

     

    August 18

    Raymond Roussel

     

     

    Un hombre de riguroso luto, tapado como para salir durante una helada, estaba detenido frente a la entrada, a unos pasos del umbral, junto a un joven groom que llevaba, en cambio, una librea de verano.

    El ayudante, a quien, antes, durante nuestra parada frente al enfermo, habíamos visto pasar, bastante lejos, dirigiéndose hacia la derecha, salió de repente del vestíbulo enlosado, y dándonos la espalda se alejó rápidamente de nosotros, siguiendo la fachada hasta el final, hasta desaparecer por la izquierda.

    Echando la cabeza atrás, pudimos ver cómo alcanzaba, corriendo, la celda focal.

    Vestida con un elegante y ligero equipo de playa, una hermosa joven, cuyas uñas, fascinantes, destellaban como espejos a cada movimiento de sus dedos, salió a su vez del vestíbulo seguida por un anciano con librea de hotel, que, apenas había atravesado el umbral, la detuvo entregándole un pliego.

    A pesar de una rosa de té que sujetaba por la mitad del tallo, la joven tomó la carta con su mano derecha, más libre que la otra, en la que sostenía a la vez sombrilla y guantes.

    Sobre la carta, gracias a nuestra proximidad, distinguimos la palabra paresa que era la única escrita en tinta roja.

    Evidentemente turbada por algún detalle de la misiva, la seductora joven, como despertándose de repente, tuvo una sacudida que la hizo pincharse con una espina que todavía quedaba en el tallo, oculta, entonces, entre la envoltura y su pulgar.

    Como si la vista de su sangre, que maculó de repente tallo y papel, por alguna razón secreta, la hubiese impresionado más de lo razonable, soltó, horrorizada, los dos objetos mojados de rojo y entonces, inmóvil, hipnotizada, se puso a mirar fijamente su pulgar, medio levantado en aquel momento.

    Las palabras pronunciadas por ella: "en la uña... toda Europa... roja... toda... entera..." llegaron hasta nosotros gracias a un ojo de buey, que, sin ninguna diferencia con los anteriores, estaba aquí también abierto sobre la pared transparente; estaban provocadas por el mapa del cristal, que destellando por el aire detrás de ella a causa del falso rayo de sol, se ofrecía a su vista en la superficie de su uña que tenía tan prodigioso poder de reflexión.

    Inmediatamente después de su caída, el anciano había intentado recoger del suelo el pliego y la flor ensangrentados, pero, octogenario al menos por su aspecto, no pudo, falto de agilidad, inclinarse lo suficiente como para alcanzarlos. Dirigiendo su mirada sobre el groom le llamó con esta romántica palabra: "Tigre", señalando la acera con el dedo.

     

     

     

     

    De su libro Locus Solus, Seix Barral, Biblioteca Formentor. Barcelona 1970. Traducción de José Escué y Juan Alberto Ollé.

     

    August 14

    Camino de Castro

     

    Se cansaría de correr en pos de algo inconcreto, la imagen cenicienta de aquel hombre amenazado, el borde del río que baja hoy revuelto por las lluvias. Erguido sobre el muro, ante sus pies, el agua es la salvación para su pena grande y se lleva las manos a los ojos porque llora.

    Hace ya mucho que desea morir arrojándose al pozo que más cubre, hace tiempo que busca allí la osadía y admite temer el frío que pronto será su compañero inseparable. Si se pudiese acordar de cuándo comenzó el dolor a formarse limpio en su cabeza, si fue solamente ayer o un lunes descorazonador de agosto, cuando se bañaba con los muchachos en esta misma orilla y escuchó las voces.

    De pie, el mundo que observa no decrece, no oye las palabras de la madre llamándolo a cenar, es agua que fluye y es la misma que enlodará sus párpados. Nadie es culpable del oficio que dicen tener los niños suicidas, aunque sea escasa ya la luz y en el monte los lobos anuncien su mortaja en los gritos de los hombres y mujeres que cubren su rostro con cal viva, angustiadamente viva, en el escaño.

    El agua del río custodia del todo su secreto. Su ropa, amontonada bajo el nogal donde guardaban en verano las toallas, explica el temblor de quien hace caso sólo de su sorna y nos mostró su predilección por la belleza irreal de lo funesto. Su vida tuvo un serio contrincante, la muerte inasible en la profundidad del río, qué demonios.

    Y también la memoria que no puede ser útil si no es con la renuncia que dibujó una cruz allí, desde su salto.

     

    August 11

    Elogio del proxeneta de visita en Hank Over

     

    Hace unos días en H. O.:

     

    27 de julio de 2009

    ELOGIO DEL PROXENETA

     

     

     

    31 de mayo

     

    De pequeño me narraban habladurías pintorescas de niños malos que se convertirían, a no tardar, en irascibles vagabundos. Veamos. Tuve la ocasión de resguardarme del peligro entonces, con sólo palabras dichas por mi abuela, o por padre cuando le acompañaba para acarrear en mi morral cientos de perdices. Recuerdo una leyenda en especial: un poblado en las montañas nevadas de León, un hombre recién llegado y misterioso, un muchachito que lo sorprende en algún acto contranatural, se trataba, creo, de una cabra, la pertinente denuncia por parte del muchacho a la Autoridad del día, el Concejo reunido y la expulsión a latigazos del hombre misterioso. En la Cruzada aquel extranjero regresó y de un tiro de pistola, soto voce una Astra 901 automática, ejecutó al otro, que ya no era un guaje. Años más tarde lo conocí. Se llamaba George F. y me acreditaba la repulsa radical por el ganado caprino. Hicimos juntos uno o dos mercados y se perdió en prisiones. Estos recuerdos los traigo a cuento porque últimamente me paso las horas, como un tonto, desentrañando mi trayectoria y, por si sólo fuese esa la rareza, además me asusta recordarlo, volverlo a vivir como si nada sucediera sin mi permiso en mi cerebro. Y es grave y estoy chiflado. Es lo que me asegura Virginia cuando viene. Y apenas viene la gran zorra.

     

    Por la noche no tengo más remedio que enojarme. Tanto escribir en el cuaderno abreviaturas de mi vida que romperé, lo mismo que rompí los doscientos cincuenta y tres cuadernos anteriores, y eso que eran bonitos y de una elocuencia majestuosa y sensible, me alcanzan noticias de C., el Don C. de tres al cuarto, que reclama reunirse conmigo en Sants. Si decido ir a su encuentro, ¿qué hacer ahora con mi cama nueva?, y si me niego, ¿qué con Clarita, su rehén precioso y maculado?

     

     

    Luis Miguel Rabanal, de Elogio del proxeneta (Ediciones Escalera, 2009)

     

     

    Publicado por Hijos de Satanás en 10:46 0 comentarios 

    Etiquetas: recomendaciones prosa

     

    August 08

    Postales de ciudad pequeña 5

     

    XI

            

    Plazas desiertas y en penumbra

    las calles, desde su ventana el joven

    amasa el mundo con fiereza

    y lo viste a su medida sin consuelo.

    De sobra sus ojos reconocen

    todo el fulgor

    y el poblado reino de su ansia.

    Mañana volverá a contemplar,

    pero ya muy triste,

    la acera donde ella acariciaba a otro.

    Será viejo su mundo

    y su mirada es

    turbia.

     

     

     

    XII

    Cundi

     

             Alguien repite una y otra vez

    la historia a quien quiera escuchar.

    Es lenta su voz y en los chigres

    frente a un vaso de algo

    gesticula su terror

    y nos zarandea el vértigo.

    “Pretendí venerables conductas

    para quien desenmascarara el alma

    así podría yo hincar mi estilete

    en sus carnes jugosas

    busqué de noche amigas en los cines

    muertas como yo de frío

    y esperamos juntos a que se quitasen

    la falda la virtud el fervor la misma lujuria

    conocí países que dan mucha risa

    viví como imbécil...”

    Cuando pasan las horas lloriquea

    y cumple su palabra de hombre terrible.

     

    August 03

    El insensible

     

    -No irás a dejarme aquí tirado.

    -No irás a dejarme aquí tirado.

    -No irás a dejarme aquí tirado.

    -No irás a dejarme aquí tirado.

    -No irás a dejarme aquí tirado.

    -No irás a dejarme aquí tirado.

    -No irás a dejarme aquí tirado.

    -No irás a dejarme aquí tirado.

    -No irás a dejarme aquí tirado.

    -No irás a dejarme aquí tirado...

     

     

    ... y así hasta que regrese de mis merecidas vacaciones en Mikonos.