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    May 29

    Tocamientos

     

     

    Ojo con esta chica, Elizabeth Garay Ordóñez. Con solamente diecisiete añitos (cumplirá dieciocho la semana que viene), ya le siguen los pasos Hiperior y Visón. Su primer libro, "Tócame las tetas antes de que nos pille mi madre", será premio Adonais de este año. Y si no, al tiempo.

     

     

     

    TOCAMIENTO 8

     

     

    Braulio es mi héroe.

     

    Se sube a las farolas

    a cogerme una estrella,

    me da a fumar de su polla

    con cuidado, cuando está

    pequeñita

    y no sabe el pobre con ella

    qué hacer.

     

    Braulio es mi héroe, jolín.

    También Rodrigo

    y Lucía

    me hacen tilín.

     

     

     

     

    TOCAMIENTO 15

     

     

    Zacarías el viejo

    me enseña

    su cosa nauseabunda.

     

    No temas,

    me dice poco después de acabar.

     

    ¿Es esto la vida?

    ¿Una sucesión infinita

    de peligros y peligros y peligros

    y besos?

     

    Snif.

     

     

     

    Los textos se reproducen con el consentimiento paterno, supongo que falsificado previamente por la menor.

     

     

    May 26

    Los sueños apócrifos

     

     

     

    EL PERDÓN Y LA IGNORANCIA

     

     

     

    [...] sólo nos diferenciamos por el tipo de autonegación que elegimos o nos fue impuesto.

     

    Juntacadáveres, Juan Carlos Onetti

     

     

    Según elementos comunes a diversas crónicas, casi todas anónimas y sospechosas de plagio, la noche que inauguró el prostíbulo, Juntacadáveres compartió la vigilia de las mujeres y tuvo que ver cómo se iban arrugando sus vestidos, cómo se deshacían sus peinados mientras esperaban, en vano, al primer cliente sanmariano. A las dos en punto de la madrugada, hora del cierre, Juntacadáveres apagó el gramófono, pidió a María Bonita que lo acompañara a una de las habitaciones y despidió a las demás. Tirado sobre la colcha, pronunció la enésima justificación del fracaso y dejó que la mujer practicara sobre su cuerpo una versión abreviada del afecto. Cuando acabó, se metió entre las sábanas y, dando la espalda al mundo, durmió.

    Uno de los testimonios recibidos incluye el relato de lo que soñó aquella noche. Escrito en primera persona, mecanografiado y sin duda apócrifo, en él se dice: «Los sueños tienen siempre alguna base en pensamientos débiles de la vigilia, pero los detalles son responsabilidad de Brausen. Sé que, esta vez, muchos se permitirán la burla. Allá ellos».

    Siguen a esta consideración otras aún más impertinentes, y por fin comienza el relato de lo soñado:

    «Me sacaron de la cama Medina y dos de sus hombres. Sin modales, con eficacia, me echaron a la calle, donde esperaba toda Santa María. Estaban, en primer término, los caballeros de la Liga de la Decencia, y a su lado, intocables, vírgenes y odiosas, las muchachas de la Acción Cooperadora con su cartel en alto: Queremos novios castos y maridos sanos. Hubo unos segundos de silencio similares a los que siguen a la contemplación de un vómito. Tras ellos, como si obedecieran la señal de un director de escena, todos comenzaron a vocear maldiciones. El boticario Barthé, consciente de la importancia que puede tener hasta el más pequeño papel en una representación, se aproximó con una corona de espinas y la hundió ceremoniosamente en mi cabeza. A continuación, el doctor Díaz Grey colocó sobre mi hombro una cruz larga y delgada. Dando por aceptable mi caracterización, el padre Bergner, con la casulla morada y un cirio en las manos, se abrió paso entre la gente. Le seguí. Todo parecía minuciosamente ensayado; solemne, desapasionado, perfecto. No quise estropearles su linda farsa y por eso, aunque mi cruz no pesaba, simulé las tres caídas que marca el protocolo. María Bonita, medio desnuda y llorosa, acudió a enjugar el sudor de mi rostro con una sábana en la que apareció la imagen de un niño olvidado. Al llegar a la plaza, bajo la estatua de Dios-Brausen, comenzaron a azotarme. No sentí nada, incluso me tuve que esforzar para que los espasmos que me producía la risa parecieran fruto del dolor. Miré al augusto jinete de bronce, que contemplaba la escena extrañado, como si no reconociera en ella su autoría, y pensé que podría escoger y deformar cualquiera de las siete famosas palabras; me permití la flaqueza del odio y opté por aquélla del perdón y la ignorancia:

    —Es cierto que no saben lo que hacen —dije—, pero no tengas piedad de ninguno de ellos.

    Brausen, asintiendo, respondió:

    —Descuida.

    Luego me arrancaron la ropa y comenzó la escena de la crucifixión. Grité, aunque tampoco eso me dolió. Ya alzado, vi en primera fila a dos hombres que murmuraban y me señalaban. Uno tenía barba y era joven; atento, servil, se dejaba ilustrar y aconsejar por el otro, un hombre muy parecido a mí, con mis mismos ojos saltones, mi terno gris, mi calva grasienta. Sin duda, sabían que yo soñaba, y debían de estar comentando los detalles de mi delirio. Iba a insultarles cuando Medina, a mis pies, sacó su pistola.

    —Puedes decir tu última palabra —dijo, apuntándome al pecho.

    —Mierda —le contesté—, nunca me merecisteis.

    Disparó, sentí que me quedaba sin aire, empecé a boquear y desperté».

     

     

     

     

     

    A Luis Miguel Rabanal

     

     

     

     

    Alberto R. Torices, "Los sueños apócrifos". Los libros de Camparredonda, 5 (Serie verde). León, 2009. Ilustraciones de Silvia Álvarez López-Dóriga. Prólogo de Gregorio Fernández Castañón. Epílogo del autor.

     

     

     

    May 23

    Elogio del proxeneta en la ciudad

     

    MIÉRCOLES 13 DE MAYO DE 2009

    Elogio del proxeneta / Luis Miguel Rabanal

     

     

     

    25 de abril

     

    Qué descorazonador es todo. Después de haberlo hecho, uno permanece en silencio un poquito más, como si pretendiéramos callar, de cualquier modo, ese murmullo del cuerpo extrañamente quebrantado. Debí suponer que sucedería ahora, en la quietud malsana de la noche, cuando arden los taxis en las calles contiguas y mis entrañas no dejan de ser un vago recuerdo. Ella era así y la hermosura, o bien eso que con frecuencia confundimos y queremos que sea de tal forma, me la entregó de súbito desnudando su pereza y tardando con sus medias porque, protestaba con los ligueros en la mano, aún puedes esperar a que remate. Recordaba haberla visto en octubre en el café de Joro y, de aquella, mi salud no era todavía tan nefasta, ni plural en despropósitos, en daños. Qué sé yo... Lo hicimos muy deprisa, como es costumbre horrenda en ciertos sitios, y se marchó a su barrio. Querría dibujar ahora su piel sobre mi piel, detener el tiempo entre sus muslos y que se entretuviera el sueño en acercarse hasta mañana, hasta el improbable a continuación de un día. Veré si consigo terminar la copa.

     

    Aparte de Charlotte, amiga fiel y platino que se tiñe, nadie hay en la Casa. Cumple de manera fenomenal con su trabajo y yo me digo que la felicidad, el engaño, será algo semejante a ese acto caliginoso que sin amor procura amor a quien lo paga. Es inocente en sus gemidos y me gusta, y por lo demás es tierna. Y su estilo, el cabal para complacer a un ogro. Dónde está de noche Virginia con sus modales delgados como su cuerpo que vale más soñarlo. Nunca volveré a dormir, lo presiento, más qué importa ya a horas tan fatídicas.

     

    ......

    ......

     

     

     

    Así comienza Elogio del proxeneta, un libro que Luis Miguel escribió en el año 1996 y que estuvo a punto de ser editado en León en el año 2000. En junio de 2007 empieza a editarlo en un blog con el mismo título y al año justo lo da por concluido. Por fin Ediciones Escalera nos lo entrega en papel este 12 de mayo.

    Novela escrita en forma de diario medio apócrifo, donde un proxeneta (pero no solo proxeneta) venido a menos nos cuenta, en distintos planos temporales, los últimos días de su vida. No podía ser de otro modo, es un libro en el que sobresale el lenguaje poético, lleno de situaciones surrealistas, donde realidad, ficción y sueños se funden.

     

     

    Elogio del proxenta / Luis Miguel Rabanal

    Ediciones Escalera, Colección Trayectos, nº 4

    Madrid, 2009

     

     

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    Etiquetas: Elogio del proxeneta/Luis Miguel Rabanal

     

     

     

     

    En La Ciudad Sinnombre

     

     

    May 20

    Un poema de Cáncer de invierno

     

     

    En Reza lo que sepas, hace unos días, volvieron a dejar constancia de su generosidad para conmigo con el primer poema de CDI. Yo desde aquí también se lo agradezco.

     

     

     

     

    VIERNES 8 DE MAYO DE 2009

     

     

    I

     

    Yo tuve mi cuerpo encadenado una vez

    a la probabilidad de ser angosto,

    escasamente enumerable y oportuno, fui de súbito

    alguien que responde a las preguntas más brutales

    con el recuerdo de los días dulces, esos que acontecen

    lo mismo que un fulgor nos quemará en la boca.

    Pensaba en las palabras asombradas

    que el atardecer hacía huir con su chaqueta beige

    y bajo los árboles crecía un musgo amarillento y triste,

    una forma más de la pereza,

    el cisne muerto de ojos devastados.

    Yo siempre creí en mi propia desolación

    y habitaba un mundo descompuesto, mostrándome

    su sangre o su miseria y construyendo con mis manos

    todavía páginas sin rencor repletas de ternura,

    pero lo que fue entonces veredicto horroroso

    de las noches casi bárbaras

    hoy ya ha sido disuelto en el vodka taciturno

    de ciertas muchachas amigas de su placer si pasa.

    A menudo me digo que enfermar es hermoso.

    Quiero ahora encontrar la senda que borró la bruma

    de todos los lugares que amaba, el amor

    hecho de pie detrás de las casonas como un susto

    y al aproximarse a mí su rostro el humo lo desplazaba

    a la soledad,

    al desmayo de saberse ya empedernido y roto.

    Mis brazos también buscaban la saciedad

    para vencer las ansias de vivir al margen de la vida,

    y crecí dentro de ese engaño.

     

     

     

    Luis Miguel Rabanal. Cáncer de invierno. Inst. Leonés de Cultura, 1998.

     

    Publicado por Javi a las 0:23 1 comentarios  

    Etiquetas: Poesía

     

     

    May 18

    Estores

     

     

    Si fuera por mí, le responde él, nadie más que tú llegaría al final del verano con su cuerpo tibio y sus heridas frescas. Si fuera por mí te habría olvidado como se olvida una náusea, a ver quién da más por tan poco delito. Al dolor le falta una última indisposición para ser el rehén de mi deseo, le responde ella, nos va a sobrar la hora del ajustado narcótico porque no es legítimo el vicio a no ser que quieras utilizar mi boca para dar la matraca... Y así hasta la burla. Detrás de ellos se ocultan botellas, hay orugas que bullen, sobre las dalias se ciernen peligros, miles de peligros, no importa su edad que es tan breve como la canción del soldado que no aprendía a amar a J. Si fuera por mí, prosigue él, te habría llevado hasta la orilla de la noche, allí donde se bañan las niñas meticulosas que lloran sin piedad porque son muy felices y lo dicen a gritos, te habría comprado el juguete más dulce, ni recuerdas mi nombre. Ya no recuerdo ni siquiera tu nombre, prosigue ella, me da lo mismo tu bondad que el muñón miserable de aquel otro que mira, me suena mal tu voz, no me jodes bien, deberías soñarlo. Alguien camina cerca con pies diluidos y borran sus huellas lechuzas.

     

     

     

    May 15

    M. J. Romero no teme las mareas

     

     

    M.J. Romero se hace más pública en Las afinidades electivas. El siguiente es uno de los poemas que allí te puedes encontrar por poco que indagues.

     

     

     

     

    Nada que sé de ti

     

     

    Cuanto sé de mí para esquivarte como gato faldero

    y sin amo

    cada madrugada una palabra tan callada

    enorme en la boca oscura del silencio

    hombro perpetuo en las horas del llanto tam tam

     

    para reconocerme escasamente en los otros

    vocablos

    otros

    ellos

    sin quietud

    de quién es el amo

    de días y noches de perros salvajes

    de mí no

    de yo tampoco

    quizá de él o de ella

    que trasnocha noche tras día

    en todos los sonidos palatales

    quizá solo de vos

     

    nada que sé de ti para aprehenderte en mis invisibles dedos

    los del día tras día que sigue a tu noche

    luz si me coses a tus parpados

    amordesamor desamoramor

    de las margaritas de tus ojos

    hueco invisible en las heridas

    de mi mundo

    domesticado desde primera hora de la mañana

    al lado del agua las manos

    luego en las tazas y los vasos

    y hasta en los besos

    que te alcanzo

    de puntillas hasta tus labios

    amaestrada salvajemente al mediodía con el pan

    con la sangre que el cuchillo brota de mi pulgar

    hacia tus sagradas rosas de los vientos

    y asciende con la sangre

    hasta tu voz

    para que no te toque

     

    tangible sonido

    el silencio de tu voz

    hueco grande

    grande

    que llena las noches y los días

    que nos siguen y nos persiguen

     

    no me oigo

    no

    sé nada de vos.

     

    (De cuanto sé de vos)

     

     
     
    May 13

    Hoy me ha venido

     

     

    No es la primera vez, qué va. Si no recuerdo mal, a lo largo de estos treinta y dos años en una docena de ocasiones se ha repetido parecido protocolo. Sin embargo lo de hace un momento es bastante diferente. Antes me hacía cargo yo mismo del paquete con los libros para poco después comenzar a olerlos, a manosearlos con cierta fruición, incluso buscaba afanosamente esa errata indigna en la página 44. Hoy no es posible. Ella, María Jesús, se apresuró a abrir el envío, me ha mostrado los ejemplares con esa portada de agárrate que hay curva y yo me he quedado, bobo de mí, recordando aquellas mañanas en las que recibir libro nuevo representaba algo muy próximo a la maravilla. La última vez ocurrió exactamente hace nueve años y uno piensa que ya van siendo años. A lo que iba, que ahí delante me han dejado "Elogio del proxeneta", tan cerca pero tan lejos y sin siquiera poder ponerle la mano encima, coño. Y mirando de reojo que no se me escape ninguna impertinencia más...

     

     

     

    Eso sí, aprovecho la ocasión para agradecer desde aquí a quienes de una u otra forma, incluso de manera reiterada, y algunos hasta de manera reiteradísima, han anunciado en sus blogs o páginas web o diarios la próxima salida del libro. Gracias a La ciudad sinnombre y a Cuanto sé de vos, a Escrito en el viento, a Consuelo García del Cid y a Nos queda la palabra, a Espirador ecléctico, a Reza lo que sepas, a Isla kokotero, a Crónicas para decorar un vacío entre la niebla, a David Murders, a Asperezas, a Hank Over, a El Comercio/La Voz de Avilés, a Escaletra, a  Peralvillo de Omaña, a Sopa de poetes, a Por si tú quieres, hoy libro, a Hola, a The Economist... GRACIAS por ello, a todas y a todos.

     

     

     

    (Puedes leer o descargar las primeras páginas del Eulogio con ciertos defectos en la presentación incluidos en formato pdf. Aquí)

     

     

    May 11

    Buenaventura y desidias

     

     

    La mano se aferraría a aquello que da placer y sin embargo se esconde en la despensa como si fueran otros quienes saben discernir el peligro, nunca él, que vagabundea la calle solitaria de la Estación y que rompe a patadas los cristales del comercio y no quiere irse.

    La gitana toma entre las suyas su mano temblorosa. Reconoce tener miedo al sentir la caricia de la anciana y maldice en voz baja su aprensión, su sobresalto, cuando ella le confiesa haber visto allí algo sumamente confuso y a la par interesante. Vivirás trece años, ni uno más, y los vivirás con prontitud. En una mano se ve el infinito pero también la condena.

    La línea de la vida se cruza con postillas viejas, yo te prevengo de alguien que vendrá a buscarte. A veces es verdad que uno siente tanta lástima por aquel amigo que se marchó sin anotar su dirección y, lo que es peor, sin devolver los cuentos. Parece que todos dejemos llevar algo nuestro si, a cambio, nos recuerdan.

    De pie, junto a la acacia, se maravillaba el niño con la voz recia y vinosa de la adivina, se preparaba para el partido de fútbol contra los machotes de Vega y no pensaba más. ¿Acaso las palabras no tienen corazón? Y el verano, ¿no es el mes más inolvidable? Es el día de hoy y aún no nos explicamos cómo sobre el pupitre, una tarde umbría y harta, Manuel se quedó dormido.

    Para siempre.

     

     

    May 08

    Postales de ciudad pequeña 2

     

     

    IV

            

    El transeúnte horrible escupe

    su flema con desdén, advierte el borrón

    de luz que cose sus ojos

    lo mismo que un disparo.

    La tristeza es seccionada de súbito

    por alguien que tose y se engaña

    en su sollozo.

    La lluvia no golpea todavía,

    no desazona su miseria,

    aún es pronto para presenciar

    el oxidado eco de la muerte.

    El hombre ha pisado ya los bares.

    ¿Quién lo culpa

    de tanto y tanto dolor?

    No se convence y no regresa nunca.

     

     

     

    V

     

             Cuerpos que huyen

    y en el fangal se aferran a otro cuerpo,

    exacto escalofrío que recorre

    la piel de sus muslos y los rasga.

    Filos por doquier para abrir las venas.

    Cuerpos perfectos de muchacha

    inverosímil y rendida,

    vendidos al azar.

    Acaso te asuste la semejanza

    que te niega la tarde con la tierra

    manchada de vómitos y aceite.

    Cerca de ti el mar retumba confundido.

    Afuera hay más cuerpos

    dibujados de mugre

    como el tuyo

    que se abalanzan a los coches sin temor.

    Aléjate del fuego y cierra bien los ojos.

    La casa se estremece.

     

     

     

    VI

    Hospital de Caridad

     

             Blanco y gris

    como el excremento de los dioses.

    Paredes que encubren el dolor

    intenso y ruin de los vencidos,

    pasillos sucios

    donde mejor acribillar la puta noche.

    El desahuciado atisba entre sus muslos

    y bebe de su orina con cuidado.

    Y recuerda otra ciudad pero sin nombre.

    Bajo su negra almohada viven grillos

    que agonizan.

     

     

     

    May 06

    Más próximamente

     

     

    Si te apetece leer, en el blog Escaletra se escribe de "Elogio del proxeneta" un poco. Además se me dice que está muy a punto el libro. Vamos, que si pudiese el Eulogio tener pies, uno lo tendría ya fuera de la imprenta. Aleluya.

     

     

    May 03

    Pajaroquealanochesederrama

     

     

    PASEANTE DE SÍ MISMO

     

     

    ¿Adónde llevo yo con mi pisada

    con mi patita de gozque apesadumbrado

    por la diáspora?

    ¿En qué nieves se imprime

    y añuda pétreo en sus grietas

    mi pasado?

    ¡Échense a andar tal Vallejo al cadáver

    que acucia su esperanza!

    ¡Váyanse lejos allá de donde caiga el disparo,

    tras el montecico de basuras

    que emergen de mis sueños!

     

    Imprimí el sello de mis cinco dedos

    saltando en juegos de epilepsia con mi mami.

    Me lanzaba al aire y repicaba de gozo

    al compás del grujido del volcán

    para incrustarme en el barrillo.

    La esperanza de volver a andar.

    La esperanza de tus endemoniados juegos infantiles

    con tu mami,

    tu gritería en un marco de zumbidos de balas

    y repetidas explosiones...

    Otra vez aquí ayer, allí ahora. ¿Dónde?

    Un paseo que me vuelve en mí,

    al oído el crujir del grijo.

    Estupor de único testigo

    que se encuentre paseante de sí mismo.

     

     

     

    Eloy José Rubio Carro, "Pájaro que a la noche se derrama", Centro de Estudios Astorganos Marcelo Macías, Fuenteencalada, 18. Astorga 2009