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May 30 Tres poemas
Al poeta Antonio Manilla, de muy joven, le picó un gallo. Años más tarde escribió con clara conciencia una canción gris en servilletas de papel pero le duraron poco. Ahora tocan momentos transversales, la poesía tiene suerte.
ORACIÓN POR LA SUPERACIÓN DEL ESTADO POÉTICO DE LA HUMANIDAD
HAY momentos, yo no sé, en que la tierra huele a mar, en que la mar huele a tierra, como si el mundo no fuera aún el mundo y viviera en ese momento, ilógico y auroral, en que todas las cosas estaban todavía entreveradas y no eran ni tan siquiera las cosas.
Entonces la mañana no se distinguía de la noche, porque todo era sólo día, ni el cielo del suelo, porque todo era sólo cielo, ni el mar del monte, porque todo era sólo mar. La tierra era un planeta confundido y azul.
Los ríos corrían desparejos y la lava se fraguaba lentamente sobre la piedra. Porque en el principio todo era piedra. Y vapor. Piedra efervescente: magma. Más tarde los ríos se juntaron y cicatrizaron en sus cauces. El azul dominante se fue apagando. La piedra se hizo libro.
Es en ese momento cuando aparecieron hombres y dioses. La tierra se convirtió en posesión y altar. Una imagen de aquel tiempo: bajo el humo de los sacrificios, la soga que sujeta unas manos atadas con el nudo de la profecía: unos simples versos como éstos.
Y de pronto, el mar, por primera vez, olió a mar y la tierra olió a tierra. Con el descubrimiento del bien y del mal comenzaba a correr el tiempo.
Y todo, entonces, se tornó rojo y tuvo sentido y hasta ahora.
LECCIONES DE CAMUFLAJE
SI se presta la imaginación debida, se llegará a comprender que el agua que mana en todas las fuentes es la misma agua, que los jardines tienden a un modelo y que las nubes que surcan el cielo llevan mil siglos surcándolo, volubles y distraídas.
La naturaleza es maestra de ficciones y camuflaje. La senda que recorriste ayer parece la misma pero es otra: guarda memoria de tus pasos apresurados o tremorosos. Si no volvieses, no dudaría en convertirse en selva.
Sin esa imaginación nuestra, la naturaleza estaría perdida: se la comerían los perros. Pero nuestro talento más antiguo mantiene alejada a la jauría. ¿O es que no crees que esa rosa silvestre que sostienes entre los dedos es la rosa que adornó un día los cabellos de Eva?
En la profunda noche de los bosques y en el umbroso y húmedo rincón de los portales, en la superficie acariciada de los desiertos y en los ásperos muladares, en las llanuras desguarnecidas y en el cálido parapeto de las cunetas. En palacios y caballerizas, ruinas abandonadas, asépticos hospitales.
Allí donde hay un hombre, la naturaleza existe.
Si se presta la imaginación debida, incluso es posible creer que son nuevos el canto milenario del ruiseñor, el fuego y la lluvia que llueve mansa por los cristales.
POEMA DE LOS MALOS INSTINTOS
ATROPELLADOS llegan.
Más que la imagen de una cascada, les resulta apropiada la de un torrente: modifican las orillas, limpian todo lo viejo que hay en superficie, renuevan para siempre el fondo. Un torrente inopinado o un regato invernizo, sí, a eso se parecen cuando atropellados vienen.
Se les opone todo aquello que somos: lo que quisiéramos ser: la imagen que de nosotros pretendemos imponer a todos. Vienen a enfrentarlos aquellos que tienen la batalla perdida de antemano: el padre ejemplar, los buenos sentimientos, el propietario con mascota: un hombre civilizado.
Pero ellos vienen desde un pasado anterior a la fundación de las ciudades. Su mundo es un mundo en el que se desconocen la compasión y la demora. El placer y el perdón. La soledad y los horarios. Pues ellos, si las hubieran conocido, habrían arrasado a sangre y fuego las ciudades.
Ellos, que van armados y combaten fieramente entre sí. Que en el fondo de su mirada habita el brillo acuoso de un reptil. Ellos, los sin pasado y sin memoria, violentos y necesarios, que atropellados llegan y tantas veces son de ti lo que es más cierto.
May 27 Azul de juego y V
Sólo los tres en mis palabras, así concluye M. J. Romero la quinta y última entrega de su libro Azul de juego (1985-2003) Palabras las suyas para poner a buen recaudo por si alguna vez se nos ocurriera dejarnos llevar por el fastidio y la desolación. Nada que ver con arañas y moscones, claro.
PIERDES tu sueño sobre la arena que ya no ves. Te ofrezco la música de mi corazón para tus pies cansados.
Él, terriblemente triste, él, terriblemente solo, sabe, mudo testigo de su tiempo, que nunca fuimos mar aunque tuviéramos el mar.
PASEAS por la ciudad de los sentidos tu cuerpo. Ausente. Ausente. Duermes sobre nubes de fuego. Ausentes. Lejanas tierras te visitan cuando duermes, marfil y ámbar de una tierra oscura. Tú duermes bajo la sombra de la magia.
El sueño se rompe allí donde nunca estuviste. El grito no se calla, se va, lo llevan a paredes de niebla. Tú nunca duermes cuando duermes, te alejas de la risa, el dolor te lleva al país de los muertos. Escucha, descansa, no llores, veo reflejada en los cristales tu figura tendida, tu vientre ensangrentado, al son de la música mientras ella danza.
NAUFRAGAMOS, hermanos de la misma nave, nubes egipcias nos ciñen en la muerte.
Siéntate y recoge, guerrero, en tu reposo los cuerpos caídos, el dios no te reclama todavía, humo de incienso te embriaga y te hace deliberar en la noche, que es todas las noches que aún no has vivido.
Te llega el tiempo sin aromas de pólvora incendiando tu corazón, desiertos sobre el horizonte de los sueños,
árboles que tocan el cielo donde se confunde tu vista en el dolor de lo que no puede ser.
Una mirada perdida se pasea por las mismas calles sin luces, algo que no comprendes en tu reposo.
En ninguna parte y en todas como las esquinas, rincones perdidos del silencio sin lunas, ella sobre el asfalto o tras los cristales pequeñas travesuras de niño feliz y los ojos más hermosos mirando alejarse la vida sin la herrumbre del pasado. Sólo los tres en mis palabras.
May 23 4 de marzo y Xen
(Crónicas para decorar un vacío en la niebla insiste con Elogio del proxeneta. Cada vez queda menos, xen, y gracias.)
VIERNES 18 DE ABRIL DE 2008 elogio del proxeneta: 4 de marzo
Carezco de amistades y de conversación, barrunto palabras y cuando defeco, si se tercia, las anoto. No me cuestiono para qué si al final no comprendo lo que aparece escrito en el cuaderno. Pringoso. Muy pringoso. ¿Yo o el cuaderno negro que va conmigo, bajo la frazada, a todas partes? De mi vida, aún nada: quién soy, lugar de procedencia, quién a empellones me orientó hasta el cementerio de dementes donde habito. A la deriva. Sí sé, por contra, a dónde voy. Por lo que asimilo a diario, por la comparsa tan ingrata que me ha tocado en la fortuna de la tómbola, seguro que a la mierda. No soporto a la que manda, una tal sor Carlota de la Desabridísima Cruz. Yo mejor diría del desabridísimo coño. Se la puede ver con la sotana remangada desde el amanecer que nos despierta hasta darnos la espalda al acostar. Juraría que transporta un cirio, encendido y todo, lo mismo que en un puesto de atracciones, ensartado en su culo de mamona.
imprescindible, de verdad... si quieres leer las desventuras del putero más famoso de la red, pincha en este agujerito en la niebla: el Eulogio
Publicado por xen Vinalia 11:53 0 agujeros en la niebla Etiquetas: Luis Miguel Rabanal
May 20 Los Ponticos
Su nombre nadie lo supo hasta que cambió el tiempo y las tareas volvieron a ser más reales, menos afectadas, tal vez, por el vicio contumaz de la pesadumbre. A las casas retornó la humedad, las goteras de mi madre, y parecía que ya nunca más el misterio se escondería dentro de los muebles o en los huertos de guisantes de los niños. Quisiera creer que con tales argumentos el pasado nos iba a ocultar su preciosa porción de embuste, y no fue así. Se adivinaba bien su paso por las horas y hacía que el susto se exigiese a los torpes, muchachos tímidos y muchachas desnudas bajo el Puente, turnándose el pudor como quien descubre de pronto el paraíso. Se le imaginaba en los prados de Ovidio tendido de costado, pues su sangre manaba y desbordaba como los afectos de un día que para otro día no sirven. Era muy hermoso y muy joven el intruso. Las noches de abril llenaron de rumores aquello que tanto se apartaba. Fueron encontrados con los cabellos revueltos y el tomillo clavado en su blusa recta, sus ojos anunciaban tan exactamente el placer que daba gusto verlos. Amantes que se amaban hasta que les partió el corazón un cuchillo afilado por F. Su nombre nadie lo supo hasta que cambió el tiempo y las ropas heridas regresaron de nuevo a las tenadas. Aún hoy alguien se atreve a preguntar a los viejos si recuerdan sus muecas, si es verdad que dormía de pie para mejor ahuyentar a los hombres, o si no era más que artilugio de madera con rostro de ángel eternamente disgustado.
May 16 Homenaje a Marian Suárez
Aunque tarde, como siempre, una semana después del homenaje que el Ayuntamiento de la ciudad le brindó a la poeta Marian Suárez, vaya con estas líneas y con la reproducción de su poema inédito mi abrazo virtual.
COLOR DEL MUNDO GRIS, CASI NEGRO
Para la Dra. Barreiro del Hospital Universitario Central de Asturias, con gratitud.
Intento, al igual que otras noches, leer, pero no puedo. Necesito dormir: -ea, ea, ea, nana, nanita ea- entrar sin hacer ruido, lentamente, en mis sueños, pero es que no puedo.
Y es que, mis ojos, como siempre, dan la nota, dialogan entre si, me ofrecen pactos, prolongación, espacios nuevos, para expresar cuanto decir ahora no pueden, las palabras.
Mientras, el dolor, guadiana de mi aliento, asiente, sin decir nada al abandono de las horas. Horas que nunca fluyen, no mitigan, ni siquiera un instante, el quebradizo itinerario de mis huesos.
No obstante, y en las demarcaciones de tanta soledad, soy otra solamente conmigo. Ya no extraño ni mano, ni tacto ni caricias; el fuego en mis heridas permanece encendido, crepitan cerca de mí, perseverantes, las cenizas.
May 13 El huevo, la corbata
Segunda persona, el cuaderno de bitácora de Alberto R. Torices, es otra cosa. La siguiente entrada la reservaba desde hace tiempo para un día como hoy. Juzga tú misma, juzga tú mismo.
miércoles 26 de diciembre de 2007
Como el remolino en la boca del sumidero, turbios, agónicos, los días finales se amontonan para pasar de una vez y hacen este ruido de desagüe, de burbujas y vacío en una garganta de plomo. Justo ahora que empezabas a ganarte el favor de tus lectores… Y mira que agradeces a esos cinco esforzados su paciencia, aunque se lo pagues hablando de ruido. Este ruido que cumple la misma función que el crescendo final en las bandas sonoras: prepárate, un minuto más, los créditos y a la calle. Aunque tal vez haya suerte y tengamos un final abierto… Serán ingenuas, de acuerdo, estas maniobras de principio y final: el dios Jano, el último y el primer anuncio del año. Será ingenuo, muy bien, hablar de noche vieja y de año nuevo, pero hace tanta falta… También crear a Dios fue una debilidad, pero qué otra cosa podíamos hacer, si de pronto venía la tormenta y se arruinaban las cosechas. Sigue haciendo falta creer, o hace falta mucho coraje para ser un sindiós un día y otro día y otro más. Hace falta y tú ya empiezas a dar los pasos de vuelta del hijo pródigo (del padre pródigo, del marido pródigo). Cierto que no dejas de pensar en lo que dejas atrás, en lo feliz que pudiste ser, ay. Niño o poeta, o perro sarnoso, todos necesitamos nuestra ración de calor y caricias, aunque sea frotándonos contra una pared. Y en el país del pecado y el gozo, de la libertad y la risa, las estancias son tirando a breves, siempre. Es una pena, claro que sí, que sólo pasaras allí una noche, pero sabes que tuviste de sobra para sentirte afortunado hasta el final, o por lo menos salvado por la campana: bien podrías no haber pecado nunca, y eso sí que sería triste. Ahora, este ruido último podría ser el de una bienvenida, ya ves que te lo ponen fácil. Y sin embargo parece más ruido de lágrimas y mocos empujados garganta abajo. Porque te abrazan y tú quisieras otros brazos, y así no hay manera. Y sin querer dices otro nombre como el niño que se equivoca dando la lección, porque está pensando en la pelota: “¿Puedo empezar otra vez?” Venga, empieza otra vez. Y dices: sí, creo. Y también: sí, quiero. Pero al otro lado te miran y desconfían, con razón. Cómo decir que es verdad que quieres creer, que quieres querer. Que lo necesitas porque aquí fuera hace tanto frío y tanta pena, que necesitarías que te apretaran bien fuerte por el frío y por lo que golpea y golpea y porque estás perdiendo todos los tornillos y ya pareces más ameba que hombre. Tú que quisieras brindar un salto mortal a esos cinco magníficos. Renuncias, lo sientes, desarticulado sigues friendo tu corbata, cada vez te alargas más y aún no cesa este ruido de rayos y truenos, de orquesta enloquecida o versos finales: cuando el poeta infla el pecho para sacar lo mejor de sí, para dejarte ensartado y temblando en el centro de la diana: toma ésa. A ver si ya pronto llega agosto, o algo.
Publicado por S & P en 18:28 2 comentarios Vínculos a esta entrada
May 09 Penas
De súbito quieres repetir las palabras. Hay caminos que llevan a su sueño y otros más desmañados aún que retroceden ante el grito, no puede ser, en la vida hay dulzuras que no reconoces. Cualquiera conseguirá aproximarse y sellarle en los labios la promesa cuantiosa, la malaventura inclusive, el azar que martilla sus sienes de nuevo para causarte más lástima. En lo sucesivo te tendrás que cerciorar de que el amor renuncie también al almagre, a la ignominia. Lo crees sencillo, dirimir entre sus abrazos la pródiga destreza, la geometría de su carne establecida sin ti mas cerca de ellos, como un paso equivocado que dieron las muchachas al quererlo despacio y al quererlo desnudo, adentro, más adentro. Ahora mismo ya es posible gozar: mostrar sobre su retina el espanto y también la proeza que significa no estar aquí, pero tampoco haber estado nunca, permitir que sus pezones ablanden la bruma, que nadie lo sepa sin embargo, ocultar el asombro cuando llaman a la puerta, confesarse sublime. Dejas que llore. A una distancia exagerada de tu cuerpo se halla su fantasma más fiel, deja que llore, que te enseñe los cromos y las guerras de aquel verano, que chupe y que chupe hasta confundirse con el semen de L.
May 06 Oliverio Girondo
EL PURO NO
El no el no inóvulo el no nonato el noo el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan noan y nooan y plurimono noan al morbo amorfo noo no démono no deo sin son sin sexo ni órbita el yerto inóseo noo en unisolo amódulo sin poros ya sin nódulo ni yo ni fosa ni hoyo el macro no ni polvo el no más nada todo el puro no sin no
MI LUMÍA
mi lubidulia mi golocidalove mi lu tan luz tan tu que me enlucielabisma y descentratelura y venusafrodea y me nirvana el suyo la crucis los desalmes con sus melimeleos sus erpsiquisedas sus decúbitos lianas y dermiferios limbos y gormullos mi lu mi luar mi mito demonoave dea rosa mi pez hada mi luvisita nimia mi lubísnea mi lu más lar más lampo mi pulpa lu de vértigo de galaxias de semen de misterio mi lubella lusola mi total lu plevida mi toda lu lumía
BALAÚA
De oleaje tú de entrega de redivivas muertes en el la maramor plenamente amada tu néctar piel de pétalo desnuda tus bipanales senos de suave plena luna con su eromiel y zumbos y ritmos y mareas tus tús y mas que tús tan eco de eco mío y llamarada suya de la muy sacra cripta mía tuya dame tu Balaúa
De su libro En la masmédula, seguido de... Editorial Losada, 2ª ed. Buenos Aires 1963
May 02 Casi el dolor
A menudo se sobreentiende el suceso y llama la atención aquello que ayer desfiguraba el rostro del amigo con hojas de roble y espinos transparentes, sus labios lastimeros y su voz despreciable. Hoy el mundo en nada se parece al mundo que quisimos hacer obvio, acaso por ser cruel, o porque nuestra edad aconsejaba saber desbaratar lo que lastima. De un solo anochecer se ha de reconstruir la infancia. Y era aquel que se encuentra extraviado en el fondo negruzco de los pozos, en la vieja Cornellana que observa el quejumbroso paso y maldito de los muertos. Pues de muerte se trata en esta ocasión y del dolor de oídos de Marisa. Sería una tarde de octubre con viento de Curueña, fría y destemplada como nariz de bruja mala, cuando ocurrió el desastre. La luz se fue en el preciso instante en que la muchacha comenzó a gritar. Todos ellos pensaban que el dolor procedería de cierta punción maestra producto del escalofrío y de los pechos nacientes de la víctima, o de un grano de arroz allí olvidado por casualidad o por usura. No muy lejos, el anciano Luto falleció sin otro preámbulo que el de haber desconocido su suerte, arropado por vecinas de Socil y por los hombres ociosos. Ambos hechos guardan, todavía hoy, una extraña evidencia y un claro convencimiento que bien pudiera ser el colofón no útil de las pequeñas tragedias. Al anochecer siempre le faltan los aguzos y le sobran desgracias. Por eso es tan cobarde.
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