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April 30 En Isla Kokotero...
(Veinte años y dos meses después de la edición de O podríamos amarnos sin que nadie se entere, col. Leonor, Diputación Provincial, Soria 1989, Eloísa Otero publica en su Isla el poema que entonces abría el volumen. Sólo una nota más, fue el último libro que escribí en Riello, aunque también es verdad que buena parte de él se escribió en Madrid, o cerca. En fin, tonterías, nostálgico que es uno.)
April 18, 2009
[inicios], un poema de LUIS MIGUEL RABANAL, con fotografía de molino de ANDRÉS EDO Filed under: & POETAS DEL MUNDO. Antología en movimiento, Plásticas, * LUIS MIGUEL RABANAL, * ANDRÉS EDO
[Molino. © Fotografía de ANDRÉS EDO] aquí la fotografía, por no variar, brilla por su ausencia...
[inicios]
Cómo empezar a nombrarte las cosas. Cómo escribir un poema que hable de ti y no tenga espinas, un poema de bellos fantomas que amaron tu boca para que no se dijera que el amor lo es todo. Cómo volver a preguntarme tu cuerpo y su fulgor en las grietas de mis manos que te llaman ahora con la quejumbrosa voz de los amantes estúpidos: esos que llenan la buena noche de ebriedad, de caderas, de ojos también algo tristes.
LUIS MIGUEL RABANAL (’O podríamos amarnos sin que nadie se entere’. Premio Leonor de Poesía 1988)
6 Comments
April 27 Tres brackets en la sopa
Para Antonio Pereira, In Memoriam. Obdulia dirá.
Los arzobispos no saben detrás de lo que andan. Su presunta santidad depende tanto de la cosmografía como de su apego a la opulencia. Y es que dada su propensión al infinito y a la interrupción voluntaria del lechazo, deberíamos coincidir en animarlos a que se salgan corriendo, a no tardar y de estampida, de la sala. Como unos charlatanes.
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Los arzobispos, al igual que los zapadores y los hombres de negro, no saben detrás de lo que andan. Es de todos conocido que acostumbran a hurgar en las basuras de los otros de forma sistemática para encontrar allí pecados o si no, monedas antiguas. Son insolentes cuando se hallan en plena posesión de sus rarezas y a pesar de los pesares les conmino a que se encierren en la bodega de palacio. Como unos héroes.
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Los arzobispos, las más arrepentidas y los operadores de astrocitomas no saben tampoco detrás de lo que andan. Ambos llevan pantalones al revés, ambos parecen ser los más indicados culpables de la crisis, no en vano quiero creer que ambos también han cumplido con creces su palabra. Sea como sea les crujen los ojos al mirar. Como unos equilibristas que conozco.
April 23 Trasgos
El paseante de la colina advierte: no canturrees cuando ella no está, frota sus manos con discreción pero no te envalentones en el intervalo previo a que haya caído, casi casi derrotada, en tu mediocre y singular amnesia. La polla de S. cumple con lo estipulado, se afana contigo, debe ahora ser verdad que has muerto con ella al venir de otro arrobo, vístete mas hazlo sin ti. Ella se enternece, si supiera que no han llegado aún al tiempo prescrito, la noche atroz de los jabalíes, en suspense el hambre del que manosea su estigma mejor. El paseante de la colina advierte: no estés desprevenido, vigila tu flanco porque es siniestro y su cara y ciertos artilugios que emplea a tus espaldas se asemejan al monstruo de las cuatro. Sonríen, se arrancan los cabellos, se descalzan acaso, se bañan sin luz en la luz indeseable del arroyo. Energúmenos, caracoles con la niña, etcétera...
April 21 Postales de ciudad pequeña
I
De alguien que reconoce el rito de su desesperación. Callejas que están lejos del mundo, vano territorio que no se encuentra en el cuerpo maldito ni tampoco en las palabras rotas y extraviadas del poema. Calles también para no abarcar jamás la vida, no sin antes haber sangrado mucho en el desorden. Como ella, que aún no ha sido marcada por la fiebre. Sobre esa piel se ausenta el visitante y muy a menudo llora.
II * Mariona escribe la mudez
En ninguna parte y en todas como las esquinas, rincones perdidos del silencio sin lunas, ella sobre el asfalto o tras los cristales pequeños pasos de niño feliz y los ojos más hermosos mirando alejarse la vida sin la herrumbre del pasado. Sólo los tres en mis palabras.
III Las Meanas
Se acerca a la calle y el frío embrutece. Rostros aterrados que en silencio miran llegar y avivarse el miedo. Ya nada es como entonces, pide a la soledad tesoros para soñar que alguna vez sí tuvo cerca el paraíso. Lugares que abandona y lugares que abomina. Poseído de un pesar extraño se atreve a maldecir, para mi cuerpo la delicia, dice. Un parque ahora entre las llamas y adolescentes que lo insultan. Abre su silla camino del dolor y espera.
* Texto este amablemente cedido por M. J. Romero para la causa.
April 17 Dos poemas de Rafael Saravia
Al poeta Rafael Saravia, amén de editor y fotógrafo y marqués de vete tú a saber dónde, le crece la barba con plenitud solamente los días impares: hoy no le toca. Y puestos a sacar trapos sucios a relucir, no le gustan apenas las galletas tostadas... ¿Por qué?
DESCANSEN EN PAZ
Al final de esta reserva, donde los prelados del verso hinchen sus genitales articulados, y las falanges y los pezones choquen en ritmo anfíbraco hasta desbordar de tinta los virginales pliegos del honor.
Al final del lugar donde no-ocupar supone lo atroz del vocablo pronunciado y el estertor cobra importancia por la ausencia de melodía.
Al final del prisma, del cubículo invertido que nos hacina en lo convulso del mercado.
Al final del pronunciamiento mayor, después si cabe del silencio erigido orgasmo.
Al final de todo y sobre todo, pronunciaremos la primera de las nuevas palabras que nacerán para definir el porvenir innombrable.
Será un reducto amargo y espeso que se abrirá camino en la esquirla dentada del tiempo.
Sabrá estar sin necesidad de su propio concepto y asumirá el vacío como origen del llanto natal.
Luego, más tarde, volveremos sin escrúpulos empapados de leteo y pringando nuevas voces y llantos.
Volveremos con la certidumbre del que ha olvidado hasta el olvido mismo.
(Poema inédito)
CARTA DE HUMBERT NABOKOV A DOLORES EVSEVNA SLONIM
Mi querida: Sería como encontrarnos en un pequeño rinconcito. Tú, andarías deshaciendo los pasos que yo, intuitivamente, te habría calzado en estos meses. Haríamos, prudentes, los gestos heredados en anteriores campañas; jugaríamos a ganar cortésmente, suponiendo de cada trazo un movimiento alto, dirigido, curtido de tiempo y reprobados ensayos.
Ser expertos es lo que importaría, el hecho sería un desahogo en nuestras referencias; así sería el pacto. Tu castidad abierta, mi lujuria controlada, los roces exactos, un toque de equilibrista en cada curva acentuada con aliento y yemas... El rincón sería, sin duda, un aliciente a la destreza, y la mirada, nuestra campanilla de principio y fin. Así sería, lo sé. De otra forma él y tú no aceptaríais nunca este camino.
(Poema de “Desprovisto de esencias”. Renacimiento, 2008)
www.rafaelsaravia.es www.versosalacarta.blogspot.com
April 14 Salud y República
Cada vez la tenemos más cercana... Lo único que faltaría sería convencer al, aproximadamente, 99,7% restante de la población. No obstante, una vez superado este pequeño escollo pero también ahora, viva la República.
April 12 Volver a decirlo
El que camina pausadamente y se asemeja a aquel otro que aún es su amigo. De pequeños arrasaban con sus lanzas las eras y sus luchas amputaban los miembros menos verosímiles de quienes se atrevían a huir. Cada tarde reunían sus pertrechos, montaban en ponis refulgentes, repartían abrazos y saludos a sus hombres, y era feroz la batalla. Como la sangre del vencido que suplicaba a voces más tormento. Venían de otras aldeas a medirse con ellos, los señores de la guerra, los bandidos más bandidos, y el fragor se espesaba en el monte, sin las miradas increíbles de los mayores, sin niñas que llorasen la pérdida de un hermano meticón y grosero. Hasta que se firmó la paz un día estrambótico de mayo. Embajadores, mozos de espada, cardenales y leprosos, vaqueros de Dakota y masais temibles, todos se dieron la mano de la comprensión y quedó marcado el territorio. Solamente Isaías y él, proscritos para siempre, no acataron ninguna de las normas. Saquearon poblados, forzaron muchachas a seguirlos a su guarida de Ariegos, robaron imágenes sagradas y quemaron sin más el mundo. Eran tan felices como dos homicidas semiprofesionales, de los de antes, de los que prefieren la prosodia lenta de la vida a peores sonrojos. Hoy se les ve caminar con torpeza las rutas desmedidas de su niñez. Tosen cada poco mientras acontece la bruma, el amor, la artillería de campaña que antaño les robaba peligrosamente el sueño. No son ellos, no, y sonríen.
April 09 Cartas celtas
Paisaje de infancia en la cocina
Alboronía, caldo, abuela, huele la casa a piel de naranja, hierros en el fuego, arroz con leche, papilla, papaya, dulzura, toda la nata en una pota.
Flotas en el algodón de un lecho de arreboles sin saber cómo interpretar los petroglifos. Cada cosa está unida a un nombre, cada nombre tiene su propia vida.
Madre, manta, escaramuza, te has clavado el alfiler en un sofoco. ¿Qué soñaste que no pudo ser?
Días de lluvia y de poner en orden las cosas.
Eloísa Otero, "Cartas celtas y otros poemas", Ediciones Leteo, Col. Azul de metileno, León 2008
April 06 Octavio Paz
VI
Ahora, después de los años, me pregunto si fue verdad o un engendro de mi adolescencia exaltada: los ojos que no se cierran nunca, ni en el momento de la caricia; ese cuerpo demasiado vivo (antes sólo la muerte me había parecido tan rotunda, tan totalmente ella misma, quizá porque en lo que llamamos vida hay siempre trozos y partículas de no-vida); ese amor tiránico, aunque no pide nada, y que no está hecho a la medida de nuestra flaqueza. Su amor a la vida obliga a desertar la vida; su amor al lenguaje lleva al desprecio de las palabras; su amor al juego conduce a pisotear las reglas, a inventar otras, a jugarse la vida en una palabra. Se pierde el gusto por los amigos, por las mujeres razonables, por la literatura, la moral, las buenas compañías, los bellos versos, la psicología, las novelas. Abstraído en una meditación -que consiste en ser una meditación sobre la inutilidad de las meditaciones, una contemplación en la que el que contempla es contemplado por lo que contempla y ambos por la Contemplación, hasta que los tres son uno- se rompen los lazos con el mundo, la razón y el lenguaje. Sobre todo con el lenguaje -ese cordón umbilical que nos ata al abominable vientre rumiante. Te atreves a decir No, para un día poder decir mejor Sí. Vacías tu ser de todo lo que los Otros lo rellenaron: grandes y pequeñas naderías, todas las naderías de que está hecho el mundo de los Otros. Y luego te vacías de ti mismo, porque tú -lo que llamamos yo o persona- también es imagen, también es Otro, también es nadería. Vaciado, limpiado de la nada purulenta del yo, vaciado de tu imagen, ya no eres sino espera y aguardar. Vienen eras de silencio, eras de sequía y de piedra. A veces, una tarde cualquiera, un día sin nombre, cae una Palabra, que se posa levemente sobre esa tierra sin pasado. El pájaro es feroz y acaso te sacará los ojos. Acaso, más tarde, vendrán otros.
Trabajos del poeta
De su libro Libertad bajo palabra. Obra poética (1935-1957), Fondo de Cultura Económica, Col. Letras mexicanas, 2ª ed. / 4ª reimpr. México DF 1981
April 03 El sexo de Angelines
Comprendo a quienes enumeran su amor ofreciéndole placer y exquisitas farolas de un verano. Ya sé que no basta con reproducir en el contexto el confortable trazado de su piel o el sabor a espino tierno de su lengua, la exacta simetría de sus ojos o las raíces antiguas que mudan su memoria en forma de discurso de florista, los objetos que más la atemorizan, llámense olisbos recios o lociones muy adelgazantes, o incluso sus reglas alegres y copiosas. Yo comprendo bien a los poetas que hablan de amor y se endurecen con su vocecita tenue y arrastrada para contar que una vez, una noche..., ya se sabe qué hizo Noemí aquella noche con su requetealabada pureza. Yo entiendo todo esto perfectamente, camaradas. Lo difícil viene ahora, al apetecer en un poema que el sexo de Angelines quede bien escrito, como si latiera con vida propia aún, tan exorbitante y asustado. Yo la amaba y ella también me amaba, bien es verdad que a duras penas los lunes y los martes y los jueves. Mi albedrío se interrumpe porque ya ha pasado el tiempo de quererla depravada y me lloran los ojos de rememorar su brusca intrepidez sucinta, sus silencios, su inagotable condena. Angelines y su sexo grandote, y yo sojuzgando la alborozada conducta de no remediar el físico desgaste, o su sinrazón, y de paso pretender ceñirla a mi manera. Pues bien, que nunca regrese aquel calor al cielo de la boca, o no seré capaz de aceptar su tolerancia con todos los fracasos, digamos, imposibles. A veces es sano andar por las calles sin ninguna ternura.
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