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日志


3月28日

Fe de erratas

 

 

EL AFILADOR

 

De la niñez conservas

los cubos de arena y los latidos

gigantes cuando el afilador

llamaba a tu puerta.

Pasó tu época dulcísima

y tus senos crecían sin cesar.

A veces, aún, recuerdas

los cuchillos con los que aquel hombre

te amenazaba, una vez

al mes solamente,

para que le tocaras el sexo.

Aquel hombre sabía de sobra

que te hacían llorar los solitarios.

 

 

 

 

(ofertorio no clasificado)

 

Para que tus lágrimas

tengan una morada segura

te ofrezco mi vida, a todo riesgo.

Ámame entonces,

y te daré mis ahorros, la fruta

de mi huerto, mis hijos

idiotas e imposibles.

Piénsalo bien y ábreme la puerta.

Para que tu corazón se olvide

de otros tactos secretos

pongo en tus sueños

mi piel y mi inconstancia.

Seamos adultos, déjame pasar.

 

 

 

 

 

En una reciente Antología*, cuya magnífica edición física quedó parcialmente ensombrecida por la falta de rigor a la hora de reproducir los textos seleccionados por los veinticuatro autores, los dos poemas que te pongo al principio vienen con varias erratas, además de algún desajuste tipográfico en otros que paso por alto para no aburrirte. Aquí te quedan "bien". Ya el libro del que se tomaron los poemas, O podríamos amarnos sin que nadie se entere, tuvo en su edición original de 1989 conflictos con las muchas erratas. Es una pena que casi veinte años más tarde no se le puedan quitar de encima a uno...

 

 

 

* Premio Leonor de Poesía. Antología. 25 aniversario (1981-2006) Edición de Santos Sanz Villanueva. Soria 2007

 

 

 

 


3月25日

10 poemas

 

 

Artista plástico, poeta metafísico, degustador de sopas como la bullabesa y la de números, Óscar Solsona te tiene reservadas como mínimo diez sorpresas. Ya verás.

 

 

 

mini-novela

 

 

presentación

nudo

zapato.

 

 

 

poema 7/56

 

 

los días pasan

voluntariamente

 

me gusta

mirar la fecha de vencimiento

de los flanes

 

y pensar

un ratito más.

 

 

 

poema 17/52

 

 

voy a ponértelo en la barriga

y nos vamos de viaje 8,5 meses

a la vuelta lo pensamos

le ponemos nombre

y a ver cuánto nos dan

por el coche.

 

 

 

papel de instrucciones

 

 

un poema no se escribe, no quiere tinta, no se casa

con la iglesia ni por lo civil y rechaza las alturas.

al fin y al cabo, un poema no es más que un duplicado.

 

 

 

poema 21/14

 

 

tengo las manos nerviosas

el cielo arriba / me pican

canastos vacíos

de cinco dedos

// avemaría se ha perdido

me ha llamado no sé cómo

le digo lo siento

tiendo mi mano

y se sube chorreando

descreída de dios //

tengo las manos tranquilas

tocan el cielo / ya no me pican.

 

 

 

poema 21/09

 

 

ahora que va a entrar en la ducha

ahora que ya está en la ducha

ahora

 

 

 

la ventana del lavabo

 

 

por la ventana del lavabo

pasa un avión por semana

y cien gorriones cada hora.

 

 

 

por la mañana (III)

 

 

esta mañana

he recordado

que la habitación

tiene golondrinas

en el patio

desde marzo

 

esta mañana

he recordado

que hasta

entonces

puedo

usar

el

gusanito

 

después

tendremos

hijos

y llegará

mi otoño

y ella

me pondrá

un beso

en la boca

 

y de nuevo

será por la mañana.

 

 

 

estado

 

 

se construyen

se derrumban

 

las casas viejas

 

una viga color café

hace el signo

de poema.

 

 

 

romero

 

 

huelo en las cosas

a ti

 

huelo el rastro de tu vientre /

queda en mis manos

 

te huelo a través

de los escaparates de agua

que el rocío deja en el romero

 

todo

el olor que huelo de ti

hace que estallen

las puntas de las palabras

 

donde redondea tu esencia

sin interventores.

 

 

 

3月21日

Pecas

 

 

La verdadera calamidad era no estar cerca de ti. Muchas veces se atrevió a confesarse a sí mismo el embrutecimiento, este irse terminando con las manos llenas de arena y en entredicho cualquier semejanza con la piel que no ha dejado nunca de ser vil. La verdadera calamidad era estar contigo. Nada es lo que fue, si tus gritos se rompen en la casa como una tarde cruel, si tu boca se ha hecho espuma en el mismo mar que antes ahogaba, nos sobra confusión, se dice. Para abrazarte se urdieron las palabras hermosas, él ya no tiene miembros ni corazón, le asustan los libros en blanco. Él no tiene manos tampoco, ni más corazón que cualquiera. Si quisiesen venir a atropar lo que dejaron de aquella esparcido sobre los cuerpos lisiados, si quisiesen venir a asustar un poco a los niños para que no duerman nunca, serías dichoso... Cada día, un nombre que no te corresponde es pronunciado por alguien que no ves, desfigurará tus labios con el mayor sufrimiento. Querrá morir contigo.

 

 

 

3月18日

Poemas para leer subido a un avellano

 

 

Prosigue la saga del inédito "Lugares". Cuatro poemas con senderos y más senderos para cruzar y recordar. Aunque sólo pueda ser de oídas.

 

 

 

XIII

 

 

Han sido palabras que hace daño admitir,

suben a tu casa

de entonces con el fin de producirte lástima,

o hieren de manera sublime tu carne

de niño espantado.

Confiabas en la sombra que ciñe

el dolorido cuerpo del enfermo para verlo

padecer,

palabras por doquier con que elogiar

tu falta de grandeza.

 

A pocos minutos,

Rinconedo y su chubasco incansable.

La calle hermosa

con moñicas de una época atropellada y pretérita,

nombres de personas que jamás existieron,

como el tuyo.

Resulta enojoso acordarse de ti por la noche

cuando no puedes respirar.

Chicas al atardecer y detrás del Lavadero

sus pecados livianos,

blancos chorritos en la piedra de musgo,

cada año

los hijos imposibles secándose en la bruma.

 

Dime que no fue en balde,

un invierno tras otro sin el cielo azul

y sin el olor de las lilas,

dime que fuiste tú quien suplía el afecto

con manos destrozadas por el desdén

y la cal.

Nunca lo apuntará sobre un papel cualquiera.

 

El mirlo no entiende.

Ha vuelto a ocurrir y tu ánimo se encoge

al escuchar el sonido,

sobres granulados para el sueño

y también para la muerte.

La lluvia una vez más te abofetea, recorre

la misma galería.

 

 

 

XIV

 

 

Murias para abarcar la mueca fugaz del horizonte.

Contaba estar apesadumbrado,

el fuerte dolor que hunde

su manita en el alcohol de romero tan frío.

Un niño que entra, con su cabás reciente,

a la caza de su fiel espectro.

En Los Pinos acaecerán aventuras, la ardilla

no se dejará hoy coger tampoco,

hay leña seca esperando.

 

Murias de piedra,

de esa piedra incómoda

que ha servido para reconstruir la vida

y desobedecer el vínculo

siquiera arrullando la muerte,

escupiendo a solas.

Los titiriteros, con su frondosa voz del orujo.

El niño se disculpa y es vapuleado

por la pared en ruinas,

dice que ya basta,

dice que no es verdad que fuera él el abatido.

 

Murias con las que encerrar la inocencia

o, si no, la desnudez que hubo

con labios excesivos.

Es la barbaridad que asoma su embozo

y se desvanece.

En la era de Quinto un sinfín de pedos de lobo,

flores de azafrán y abrazos al ganador,

un beso con lengua

y ahora sí, todo apuntará a lo perdurable.

 

Murias que respetan el embuste,

la diferencia contigo

que no estás.

 

 

 

XV

 

 

Serán aguas que reflejan sin cejar la misma fábula.

El río de Castro,

niñas que fueron ahogadas de mentira

por un galán excelente.

Tábanos, tortollos.

Al volver, sin que se supiese, se enconaba contigo

el desamor.

 

Mira por dónde, la senda ocupada

por el pusilánime de turno

mientras tú maniobras con fervor o laconismo.

Al deseo se suma el deseo que no es tuyo,

habrá, de hoy en adelante, en sus labios

una frase maligna.

Si en su cintura el calor mascullaba enormes delirios.

Si en su sexo latía el gnomo que arañaba

y arañaba sumisamente a los tristes.

Son aguas que escuchas

fluir como fluyen los meses.

 

No cierres los ojos.

Toda la belleza cabe en un cuerpo dormido

igual que el de aquella tarde,

como ahora que la despojas

con prontitud de la blusa.

Toda la belleza casi la has depuesto en tu pupitre,

no podrías ser menos cauto, dile que no...

 

Algún día volverás a merecer similar duermevela,

lugares de paso que crees haber visto

y no son lugares felices sino en tu corazón.

Más lejos todavía,

en el extremo más extremo de la tierra,

en Campolamoso, qué importa,

ya ha debido con pies de hojalata

hacerse de noche.

 

 

 

XVI

 

 

El cuerpo maniatado también por la abulia,

él sólo procuraba remover los objetos

que la herrumbre esparció por la casa.

Flores de mimosa muy secas,

un cuchillo de palo

para acabar de una vez y para siempre con Clodo.

 

Niños descompuestos,

registraban el final de la carretera

donde no dan fresco las urces

al comanche, plumas casi podridas de cigüeña

con que invadir este jueves de ratos insólitos.

Concluye el tiempo que quedaba,

nadie se ha entregado

al pasear, su cabellera rubia

resplandece de súbito y es gozoso

exculpar al amigo.

Cada cual que apague su candil al salir de la cueva.

 

La Carcabén: como en el sueño se entrecruzan

los rostros despojados de sueño,

su sombra incapaz

avanza sin querer entre las ramas

y se reclina para presenciar mejor cuanto sucede.

Hace frío allí, no han vuelto los tapires,

la nieve está sucia.

 

Yo querría únicamente incumbirle a alguien,

decía la voz tenue,

hundir mis manos en la ceniza

y que recuerde mis manos,

poder gimotear a gusto en ella.

No existe mayor aflicción

que la que te ves obligado a amontonar

en las tenadas.

Una fecha para saciarse contigo y conmigo,

un día espurio de febrero.

 

 

 

3月14日

Un poema de Antonio Merayo

 

 

Hay poetas que comulgan con ruedas de molino. Otros se suben al tejado de los molinos para escribir poemas. Afortunadamente a Antonio Merayo no se le puede clasificar en ninguna de estas dos categorías. Él conserva sus poemas antiguos en carpetas amarillas y de vez en cuando, parco y generoso, le entrega uno a sus amigos. Sólo eso.

 

 

 

ILUSO LOBO BLANCO

 

 

Yo clamaré zarzales dejando al descubierto sus serpientes, y avivaré las huellas silenciadas

por los seres sin día en las entrañas. Remediaré este tiempo donde la flor se mustia,

descifraré las lunas que gravitan sobre el sagrado valle de los sueños que ayudan a seguir

viviendo. Desataré en el hombre aves que desconoce  porque se queda al pie de las

montañas cultivando penumbras y palabras de engaño.

 

En medio de la noche espero ser oído para que no se sientan solos aquellos que caminan

aun en días nublados buscándole a la vida las estrellas. Encontraré ventanas donde se

fingen muros y rociaré de sándalo y romero el hedor desmedido del desamor que hay en las

calles. Ahuyentaré lechuzas que pretenden quitar la libertad de la mirada, y mi silueta

recortada por la luna quedará para siempre en la memoria de los que nunca duermen porque

se les desvela el corazón a todas horas.

 

Estoy aquí y en cada verso o brizna de la vida para encendernos la estatura. Estoy aquí y en

cada sílaba del hombre para ponerle corazón a este derrumbe y cantarnos por dentro y hacia

arriba. Yo soy un lobo blanco que aúlla en verso para inquietar a los rebaños que pastan

mansamente en las vastas praderas de la costumbre y de la oscuridad. 

 

 

3月11日

Dicen que Jessica Lange vivió en Nevada

 

 

(Los hijos de Satanás, infernales como ellos solos pero menos, han colocado en Hank Over esta entrada de Elogio del proxeneta, "6 de enero". Que conste que yo pasaba por allí cuando...)

 

 

 

domingo 17 de febrero de 2008

 

 

ELOGIO DEL PROXENETA

 

Detrás de las casonas de mi infancia se acumulaba la nieve para mí. O si no, montoneras de nieve para jugar con los demás a forajidos. Durante los meses del invierno comprobábamos el magnífico escondite para, bajo su amparo frío, ocultar despojos. De perros y de gatos, de abubillas y culebras, de aguiluchos. Pero sobre todo lívidos cadáveres de hombres. Hombres que habiéndose escapado de sus casas de noche con ventisca, aparecían, al cabo de unas lunas, tendidos boca abajo, con el agujero granate y grandote zurcido en las sienes, con idéntica ropa a la que vestían aquella noche de autos violenta. Se derretía la nieve y engordaban los arroyos por la sombra desconfiada de los muertos: Natalio, Demetrio, Rojo, Namou, el anciano Cosme... Ni las huellas de los camellos grises de los reyes teníamos presentes al terminarse la nieve de las eras. Sólo esos cadáveres que no olían del todo mal, que por momentos hasta parecía que querían respirar, que nos miraban, a los niños, como pidiéndonos perdón por estar allí tumbados, todavía.

 

***********

 

Qué distinta aquella nieve de la que suele aplicarse D. en la punta del capullo.

 

 

 

Luis Miguel Rabanal, del blog Elogio del proxeneta.

 

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Etiquetas: colaboraciones prosa

 

 

 

 

3月7日

En la Arenera grande

 

 

La lluvia arrastraba las horas mortales del tedio, escobas podridas y pájaros sin alas. En lo alto del bosque se empapaba el enigma, atraía hacia él la bronca inesperada de los hombres y la perplejidad inútil de los niños. Demasiados arroyos para ser contenidos en las presas de gatiñas y tapines de Víctor. Con sus dedos cortados invocaba tormentas que pudieran fulminar a quien el odio palpase sin correr, mansamente.

Se estrechaba el tiempo como una cometa. En el bosque, al pie de la Arenera, algo raro sucedía en la choza recién estrenada de los guardias. La lluvia no dejaba oír bien los gritos del nuevo prisionero. Pobre Donomán y, sobre todo, pobres de nosotros.

Llovía y nada puedo decir de los disparos. Después vino la nieve a clausurar sus ojos, mas nadie se aburría: Tito destrozó de un puntapié sus diques y cicatrizaron sus múltiples dolores, llegó por fin la niña de Valencia que desde hacía tanto esperaba y eso sí que era el amor.

El cuerpo no perdonado de aquel hombre...

 

 

 

3月4日

Joë Bousquet

 

 

 

   .........

 

            Anotaré el color de estas impresiones; a quienes me lean les haré partícipes de su sabor. Diré cómo la belleza de las cosas las hace reales. Deja de escandalizar a los espíritus positivos, declararé que esa belleza me parece la condición de su existencia, como si, entre ella y mi mirada, mi ser y el suyo, se hubiesen forjado demasiado tarde.

 

            Amar, o sea, estar ausente de sí mismo; descubrir la verdad de la propia vida en la presencia de lo inalcanzable. He conocido estas sensaciones antes; las encuentro más fuertes, más ligadas, en el futuro, a enfermedades cardiacas. Durante todo el día, en mi corazón grande y loco surge una vida de la que sólo percibo el eco mezclado con lo que no me hará olvidar mi amor. ¡Si sólo fuera el amor de alguien! ¿Pero creería en la sinceridad de estos, de estas que aspiraban a compartirlo conmigo?

 

   El amor con sus alas de cólera....

 

            Dulzura de inventar una vida para los que nos hacen el favor de olvidar su ser por nosotros... Si ella fue para mí el olvido de lo real, ¿no sabría yo prolongar por ella el encantamiento que me ha proporcionado? Así habla el hombre, en el silencio, en la soledad; y su palabra consagra su impotencia y la inanidad de su aspiración a la belleza. Con la apariencia de un sueño aún por realizar, solamente ha entrevisto su debilidad y la esperanza de conocerse con lágrimas. No hay nada, el deseo de profundizar esta nada, de sondear la nada en la contemplación de todas las cosas.

 

            He cambiado. Todo mi ser se estremece y se revela en mi pensamiento y el temblor anuncia con palabras auténticas que soy mortal. Las preocupaciones que me abrumaban se resuelven: mi desesperación de siempre sólo era un modo de pensar en la unión conmigo mismo; y este horror que no deja de inspirarme se aleja como una sombra al umbral de una vida donde me adentro. El tiempo no está ya en los proyectos: el acto de escribir es una alegría, el único acercamiento posible a lo que jamás se encuentra en este mundo. Escribo sin parar, evito que el tiempo me revele que, en mi corazón, no está la pulsación de mi amor.

 

  .........

 

 

 

Del libro Traduit du silence, nrf, Gallimard 1980

 

 

 

(Joë Bousquet, 1897-1950, poeta francés al que una tentativa de suicidio en combate, en la "gran" guerra, le dejará paralizado medio cuerpo para el resto de su vida. Nunca más saldrá de su habitación. Se dedica totalmente a escribir. Surrealista él mismo, será amigo de Paul Eluard y Max Ernst. Traduit du silence se publicó originariamente en 1941)

 

 

Traducción y nota de M. J. Romero