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10月29日

Herramientas para blogs y más

 

  

Marcelino Madrigal es informático y toda una personalidad en esto de los blogs, no digamos en los de los spaceros, siempre echando una mano o dos si hicieran falta. La entrada siguiente, de su Herramientas para blogs, no tiene desperdicio, ya lo verás.

 

 

 

10/14/2008

 

Una re-entrada aburrida, para un día aburrido

 

 

Quería hacer una entrada emocionante sobre lo que significa bloguear. De esas que le marquen a uno. Pero no sé cómo.

 

El intentar contar que uno escribe un blog porque le duelen las cosas, se ha transformado en algo casi rutinario. Así pues lo que iba a escribir sobre los desamores, las lejanías, y los reflejos en el agua lo he tirado. No me vale. Me sonaba a blog de adolescente. Luego pensé que si conseguía trasladar lo que significa para uno el separarse de lo que más quiere cada 15 días, igual llegaba a alguien.  Pero como también es cíclico y reiterativo. Demasiado obvio. Lo he tirado a la papelera.

 

Pensé escribir sobre la desigualdad, los mileuristas, la crisis, la bolsa y las hipotecas. Más de lo mismo, me dije, y pasé del tema.

 

Luego quise hablar de alguna chica. Eso siempre gusta. Lo de la piel contra la piel, los besos, el ser amable y fiel. Pero tampoco he encontrado a nadie que aun recibiendo eso, al cabo de unos meses lo merezca. No. Definitivamente no era el tema adecuado.

 

¿Sobre las elecciones en Usa, la guerra de Irak que nunca se acaba? No. Para eso están los informativos. Mejor tampoco.

 

Luego me encontré moviendo los dedos sobre un teclado, he intentando escribir para distraerme y pensar en algo que fuera realmente importante. Algo que me permitiera decir a quien me lee que tengo cosas que ofrecer, que me siento humano, que me interesa el mundo que me rodea, que me gustan los pimientos, que a veces me siento eufórico, a veces solo, y pocas pero por eso más queridas, contento y pleno. Por lo que veo es imposible. Soy uno más en Internet.

 

Un contacto de esos de Messenger. Un blog de Spaces. Una puta mierda, por lo que se ve. Pero no importa que no le emocione a nadie, ni le interese lo que cuente.

 

Yo sé que es verdad, que lo siento así, que creo en lo que digo, que me gusta la puta vida, y oler el pelo de mi hija. Fijarme en algún culo. Las buenas noticias. La cerveza bien fría. Reír y bromear sobre lo que los demás solo susurran. Que me acuerdo de Asturias, de los prados. Que sueño con mis abuelos, y me despierto sonriendo. Que decían que hacia bien el amor. Que solo ponía interés en lo que hacía. Que me dan por culo los tops, los gurús, los mass media y los videos que hacen los partidos políticos para vendernos motos. Que tengo rollo y cuerda para rato.

 

Por eso miro de reojo mi blog. Ese de Herramientas.

 

Y muchas veces sonrío, o me preocupo por la mala ortografía. Pero pienso que quizás alguno de los que lo visitan piensa como yo. Y haga lo mismo en su blog. Escribir, llorar, reír, fardar, ligar, enamorar, lamentarse, y mil cosas más. Lo que quiera. Porque ese blog, ese espacio es su trocito de libertad en Internet. Su reino. Su posibilidad.

 

Me gusta escribir un blog, porque así recuerdo. Sé que días estuve mucho peor, y días que estuve mucho mejor. Que la vida tiene eso. Malas y buenas cosas. Y que en realidad uno bloguea porque refleja en ello lo que le sale de dentro. Lo que no le dejan decir. Lo que no puede contar. O en cambio farolea, fanfarronea, se tira el moco. O simplemente como en mi caso, intenta ser sincero. Tan sincero como lo es en la vida.

 

Y la gente eso lo ve raro. Tan normal, como raro. Y pasa de largo buscando blogs con purpurina, vídeos, Web 2.0 , teléfonos móviles que se usan para no llamar a nadie, señores encorbatados que hablen mucho, aunque no se les entienda, grandes negocios por venir, que nos hacen sentirnos empresarios como si nos fuera a tocar la lotería. U opinar sobre temas de actualidad, como si realmente importara lo que dijéramos, aunque luego seamos incapaces de abrir la boca para dar los buenos días al vecino de casa, y preguntarle cómo va la vida. Eso para mí no es un blog, porque un blog debe ser verdad. Y debe ser verdad porque hay tan poca en este puto mundo.

 

Si pocos la leen, o pocos la oyen, dará lo mismo porque será la Verdad, Mi/Tu Verdad. Así con mayúsculas. Lo demás son pajas mentales, ganas de joder al personal y vender motos.

 

Así veo las cosas. Mientras, agradezco tu visita. Y sean muchas o pocas, me da lo mismo. Lo agradezco igual.

 

Quería decirlo. Pero es que no me sale una entrada emocionante. Perdona si te he aburrido. Pero un blog hasta puede ser eso.

 

Aburrido

 

 

 

 

 

 

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10月26日

Las 100000

 

 

Ya me parecían a mí muchas, muchísimas visitas.

Un análisis pormenorizado del asunto me lleva a identificar el grave error. Se conoce que ser, o haber sido, mejor dicho, de Letras tiene su parte de culpa en el problema. Es muy sencillo, a esa cifra tan abultada le sobraba solamente un cero. Así y todo, qué caramba, me siguen pareciendo muchas, muchísimas visitas. ¿Quién en su sano juicio puede perder tanto el tiempo en estas pobres latitudes? ¿Quién es el visitante misterioso o, prefiero pensar, la visitante que transita por el blogín como Pedro por su casa cada tarde siempre, en invierno y en verano, a las 19:33?

Pues eso.

 

 

10月23日

La casa de Lucio

 

 

Claro que era ridículo tener miedo al adentrarse en aquella vieja casa de ladrillo, cuando el sol no es ya nadie para prohibirles el paso, y afanosamente buscar allí dentro la ira obtusa del anciano y las ratas enormes como perros. Claro que sabían que no estaba aquel hombre, que la muerte lo sorprendió dormido en el prado de Arriba hace meses, y en su lugar una sombra habitaba impunemente en el desván, como un guerrero.

Del temor que los amedrenta mejor no hablar demasiado, son niños que lloran de frío, pero también de tristeza, y de la mano recorren pasillos mugrientos y alaban la desazón que les produce un ruido, una amarillenta revista pisada con desaire, las arañas que mesan sus cabellos y el desbarajuste del palacio transfigurado en caserón donde hubo, piensan, un crimen cada noche.

Son niños muy tenaces y al atravesar el fosco corredor descubren, besándose, a dos muchachos embadurnados de esperma. Miran con asombro sus rostros y ven lo difuso, lo diverso que amenaza con perseguir su ensoñación y hacerla más embuste aún, satisfecho ritual e insospechado. Regresan a la tarde con dolor de ojos, sin terquedad ninguna.

La casa de la muerte, la casa del amor al cabo. Muchísimo después crecieron y un día, los cuatro juntos, determinaron volver a aquella casa. Tenían el tiempo exacto para contemplarse a sí mismos de pie y de nuevo partir. Querrían recordar en vano la ruina y el deseo, y el sol que entontece como una bofetada.

 

 

10月20日

Espirador ecléctico

 

 

Uno de los blogs más personales, y a la vez más inquietantes, de los pocos que conozco: Espirador ecléctico. El castigador de Blanca Romero, el que lee del mar con aparente soltura, el gran paremiólogo... Reproduzco para ti una entrada suya algo antigua y estremecedora. Para que no te quejes.

 

 

 

 

 

lunes 25 de agosto de 2008

 

Las intenciones finales tardíamente reconocidas (materializadas en una fregona de barrio) de 'Otro hijoputa'

 

 

 

Tú,

que arrodillada frotabas nuestra mierda,

tú me haces feliz ahora que lloras

y gimes.

Y gimes y lloras.

 

Niña pronta que pronto encerabas el suelo de mi babeo.

Ahora que no puedes con el batir de tu hombre

grita, grita

y escupe tu sangre.

Escupe tu sangre joven,

escúpela sobre el piso.

 

Tu sexo,

igual de sucio,

igual de orgulloso,

justifica la mayor putada.

 

Sí nena, ya va, nena,

ahí va la verdad

que te ensarto

y ensarto,

te ensarto y ensarto tu propio palo.

 

Y si no eras tú la culpable de la mugre,

fue otra que se te parece.

¿Y qué?

 

Hago el bien sin mirarme,

soy el guardián entre los míos:

héroes caídos entre vosotras.

Malas putas,

no os dejaré desangrar de viejas;

porque este ya está aquí,

y a la que pille

Magdalena la confiese,

porque reconocer,

no la va a reconocer ni su padre.

 

 

 

 

Publicado por Leo del Mar

Etiquetas: ¿Poemas o trabajas?

4 comentarios

 

 

10月15日

No son horas

 

 

 

NO SON HORAS

(Poema Inesperado)

 

fragmento

 

 

 

Detrás de él la puerta se ha cerrado.

No es preciso contar el valor de las palabras

que frotan ahora sus manos en nosotros,

nos llenan de silencio y mansedumbre.

Miras disminuir tus hombros en el cristal partido.

Miras las cosas que nadie más antes que tú miraba

de aquella forma dulce y sin querer, apretando los ojos

hasta que la memoria diluyese la figura inverosímil.

Era otro el muchacho que vivía.

A veces le pregunto cómo se llamaba

y extraña mi voz, escribe el nombre del Ariego

en un papel bajo su abrigo y llora amargamente,

creo que no es verdad la furia de sus uñas

ni el miedo del fantasma cruel.

Y sin pretenderlo, como hacen los tristes,

por lo menos los tristes que frecuentas, te vas

acercando a la repulsa y se asoma el dolor

a su cara sin ninguna rendija.

Merece gratitud quien nos enseña a tomar el brebaje

que abrasa, esa mezcla infinita

de hastío y enfermedad, de regaliz y de lluvia.

Decididamente has vuelto a soñarlo.

Y has querido acariciar sus juguetes de goma,

la vaca más vieja, la barca que se hunde de nuevo

porque han desecado la presa, y toses

mientras a la vida se le ocurre otra vez el disparate.

Ella vislumbra el infortunio, es decir, se sube la falda

de modo que el tiempo que ha sobrado en el amor

lo pone callado en una silla,

mirando muy serio a la pared.

Parece mentira recordar, y es arduo, uno se adormece

y despierta meses después, loco, sin demasiada memoria.

El discurso aún es adverso y no llegan los amigos

a la alfombra de mi casa a avasallar todavía.

Deja, pues, que tus penas se intercambien los pactos,

que lean las señales más amadas en el rostro

del que viene y vuelvan a narrarte, a su manera,

los hechos mezquinos donde agonizó el ahorcado,

en la Arenera Grande.

Ella no está aquí, los años enjugaron

sus párpados tan deprisa que ni la bruma lo supo.

El poema ha dispuesto que no haya más cabida.

El muchacho que fue, tan vencido y solo, y la sombra

que desciende a envolver su fotografía negra,

el cuarto que arde y el fuego que perduraba

en su mejilla espantada.

Todos habitan en la gruta de mi mesa, dice él,

me río con ellos y he lamido la comisura de sus labios,

me nutro cada anochecer de su rara ceniza.

Me imagino sus cuerpos malheridos en la lucha

con otros cuerpos iguales, me sabe mal su aliento

después de cada afrenta, no pienso que baste

con escribir entre líneas el deseo que urge y que urge.

Objetos olvidados que alguien impuso.

La caja de lápices roída por el verdín,

toda la lluvia del mundo resbalando sobre su cabello

porque si no ella no sabría para qué estaba allí,

subida a aquella piedra con el niño en sus brazos.

Y el cigarrillo, y la mano que tiembla.

Después del invierno recomponían las luces

estaciones de tren o calabozos temibles, nos separa

de ti esa imagen lóbrega que desgarra la noche.

Después del invierno más calles vacías

y el hombre que escucha por enésima vez la queja

del borracho que amenaza y sentencia, sentado

entre su vómito, arrancarán, arrancarán tus muslos.

Él se lamenta de que no se haya cumplido su palabra

y abre el libro de los aguaceros y sus dedos recorren

con parsimonia el vello del finado.

Pasos que se hunden en el barro luego del café,

cuando se hace tarde en la vida de los curiosos

y no está cerca de ti, seguramente recuerdas

una voz que aturde en su desgana

a pesar de haberte amado tanto.

Voces para el que regresa.

Voces maravilladas para quien aún se asusta

del canto del búho, será el causante

de tu insana pereza, el que restaura tus sentidos.

Contempla mis lágrimas o destroza tu reloj

ya que has vertido en mi copa el más latoso veneno,

cada cual que atesore en su regazo la risa.

Si pudieran verse los cuerpos, sin ropa y sin venas,

eternamente solos como en una noche estrellada,

si ella fuese culpable de esta frialdad

que huye de ellos por una promesa,

tus labios enquistados en los míos hasta el furor,

flores de acacia y de miel cuando era niña.

Nubes de verano y en Los Ponticos la náusea

de siempre, cada vez que te acercas.

Voces de mentira para el que lo ha contado todo.

Al amparo del espino, al terminar la tarde

y cuando fue preciso sentirse más abandonados,

su boca se enfadaba de golpe, ponía pucheros

y era muy hermoso estar allí con ella

casi encaramados a la piérgula de Adora.

Cogidos del brazo se herían con dulzura.

El esperado borró del cuaderno la raya imprecisa,

nos buscó semejanzas con cuanto amedrenta y es bueno.

El tiempo y su bella cicatriz, la granizada que cubre

el camino de Ceide o no regresaremos jamás,

sí, sí, cada vez que te acercas.

Aún, con frecuencia, veo tu cintura como una aparición

desleída en el humo del aguzo, llegando de muy lejos,

te crece allí una arruga hermosísima.

Palabras para olvidar si nos hemos ido.

Al fin y al cabo ya comienza el amor a agriarse

cuando menos lo esperas, pronuncia tu edad

con desprecio y lleva con hambre sus dedos

a tu vulva, concibe así

mucho peor su despropósito.

Él vuelve a repetirlo, nos sacarán los ojos una noche

de ventisca dos desconocidos que visten de caqui.

Nos pasearán por la carretera de Arriba,

una y otra vez, pistolas y azaleas,

no te olvides de aquello jamás.

Relatar su vida como si no percibiera nadie

que ha ocurrido, desconsoladamente,

que ha pasado lo que más importaba,

la muchacha se sonroja

por culpa de un príncipe malo que no quiere tocarla

ni siquiera esta tarde, que es fingido y es lunes.

Mueren niños en barcas que llegan.

Quieres pensar en otra cosa, te inclinarías

por un paisaje con muchos menos preámbulos,

sólo montañas para poder recordarlas

con un nombre que las llame,

cerca de Montecorral, ellos aún no han venido.

Caras que sonríen en el crepúsculo, se abrigan

con el fuego de las urces después de haber brindado,

el día que me quieras, el día más largo sin rozarte.

Desde que te fuiste la casa es un infierno.

...

 

 

10月12日

Casi sin querer

 

 

Al escritor Javier Vázquez Losada, poeta a tiempo parcial, le sobran motivos para preferir las nieblas vespertinas de la Gran Vía al pájaro carpintero de Allariz. Por lo menos los textos que siguen no lo desmienten, tres poemas del libro Casi sin querer que en breve será publicado por Baile del Sol Ediciones.

 

 

 

 

 

AVISO

 

Dos millones de años pasarán

año más o año menos

y al engaño se le llamará engaño

y otra como tú

querrá que se le llame de otra forma

y dirá

que no es lo que parece

 

 

 

VOLTERETAS DESCUIDADAS

 

Si uno lo piensa bien

la música es algo absurdo

uno escucha una canción

una y otra vez

hasta convencerse de que va a triunfar

en lo que sea

pero cuando deja de sonar

se da cuenta

de lo perdido que está

sintiéndose algo así

como un cajón

de cubertería ambulante

o un aire fracturado

que susurrara telas

que nadie puede ver ni oír

o una punzadita

de tasajo de tamarindo

a la que han despojado

de su propia anécdota.

 

 

 

ES LO QUE HAY

 

Quizás esperabas a  Milton   a Yeats   a  González   a  Colinas

incluso te conformabas con Travis

o con Coldplay

y te encontraste conmigo

algunas veces hasta tolerable

pero las más tan raro

como un milagro

en el motor de tu viejo coche

alguien que vomita más que habla

                           si lo piensas bien también tiene su mérito

pero

al menos

en noches como ésta

y después —faltaría más—

de bajar la basura

que ya da lo mismo que lleve rosas muertas

o latas de cerveza

susurro tu nombre igual igual

que un poeta verdadero.

 

 

 

 

Orenez es su blog.

 

 

10月9日

Mieles

 

 

Las muchachas tuvieron mucho que ver de aquella, por su fatiga unánime y extraña, con sus ingles empapadas de tanto desfallecer y tanto decir que no a los muchachos del grabado sin nombre. Desde su pequeña intransigencia mediaban en la lucha del más triste amor, ojos amoratados por S., labios más húmedos que nunca al haber sido arrojados del paraíso por no sé qué lúgubre extranjero. Ellas temblaban únicamente, se morían temprano como si les fuera en ello la vida, qué risa, su voz que deambulaba por la linde incomprensible del tiempo, su sexo puro aunque sin apenas sumisiones los lunes y los jueves, parcialmente atolondradas y parcialmente también felices. Alguien debería escribir su dislate para tiempos venideros, alguien debería hurgar en su puntito rosa, por lo menos un poco. Como si con ello les pagáramos el vicio, dicen, ese deslumbrado escozor. Pobres...

 

 

 

10月5日

Manuel del Cabral

 

 

 

AGUA DE CARNE

 

Es la primera vez que sus manos tocan las cosas. Quizás por eso no sabe que yo tengo los ojos más tristes... Mis ojos vienen simples del cuerpo de Chinchina; pero yo estoy tan viejo, tan oscuro, tan usado, que a pesar de su manía, de su costumbre cuando ellos vuelven, cuando ellos se pegan de nuevo y nuevos en mi cara, los encuentro tan extraños, tan sencillos, tan puros; pero, ¡oh Chinchina, tus dedos de siete años, tus siete años de tacto es la primera vez que tocan las cosas!

¿Ves ahora esta gota que baja de mi frente? A ti te sabe a agua, sólo a agua; pero no, no la toques ¿no ves que se ha roto un espejo, y en sus trozos que caen se ve esto..?

¡Es tan raro ver un hombre!

 

 

 

 

CARA SUCIA

 

Sí, es un juguete, una suma de algo, pero... cuando Chinchina corre, brinca, grita, ríe, llora, huye, es algo más que un objeto, que un pedacito de elemento.

Yo la veo a veces (casi nunca), porque Chinchina, a ratos, no se puede mirar... es tan inútil para la materia. Sin embargo, cuando pone la mano sobre mi cabeza yo sé que es Chinchina, yo sé que es una cosa que me limpia, a pesar de que tiene las manos sucias, sí, ¡sucias! ¿Sus manos? Sí, sucias... pero de tierra común, de objeto simple...

Cuando la voz está vestida de Chinchina, se ensucia como ella: se ensucia de tierra, de agua, de aire, de día...

 

 

 

 

 

Del libro Poemas de amor y sexo, Antología. Ediciones de la Flor, Buenos Aires 1974

 

 

10月2日

Buscando a C.

 

 

Escucharon su extraviada voz. Acorralaban cada día un poco más al infortunio, se les oía preocuparse y narrar sucesos semejantes en otro lugar y otro tiempo de miseria, se quejaban del frío que entorpece la búsqueda y le da al corazón congoja. Pero su voz era nítida aún y los árboles caídos anoche por culpa del viento los distanciaba inevitablemente de su lado.

Ocurrió una tarde gris de lunes. Decidió perderse porque ya estaba bien de escarnio y calenturas en la boca, de muchachos que aprenden a vivir tan a su costa, a golpes cada vez que el amor se deshacía entre sus manos, triste. Se dijo palabras de aliento que nadie nunca escucharía: he de ser yo quien se condene con ese cuerpo que ahora no es el mío. Decidió perderse y se dirigió a La Tejera para escapar serenamente de lo inmundo. O eso pensaba hacer cuando se topó con Fernando, el Pobre.

Los que rastreaban la tierra perseguían un fragor que se ocultaba de ellos, transidos de friura y de alcohol requemado. Las cuevas, los arroyos sin final del invierno, las brumas de ese bosque al atardecer y, sobre todo, la voz. A sus espaldas siempre, como resuena una maldición que aborrece sentir pero es a nosotros a quien hostiga y delata.

Una vez más la inmensa aventura. Y el ejecutor que cree haber visto moverse una urz, un cuervo desgarbado, un trecho de la vida que es vil porque así se nos representaba cuando ellos, sentados en la alcantarilla, muchas tardes después, nos contaban que no. Que aún no la habían podido encontrar. Que quién sabe qué.